La canción del verano, ‘Potra salvaje’, es una afirmación de cretinismo, un autorretrato de la narradora que se autoaplaude sin rubor
Un crítico literario que, pese a ello, es buen amigo mío, llegó a una cita conmigo con un libro bajo el brazo. Era el epistolario recién editado de un escritor con uno de sus mejores amigos. Décadas de correspondencia recogidas en un volumen grueso que invitaba al sueño incluso visto de lejos. Le pregunté por la obra y me dijo que era muy cotilla y rica en detalles y reflexiones, pero había algo que le incomodaba mucho: “No le pregunta a su amigo ni una sola vez qué tal está”, me dijo. “Jamás muestra el menor interés por el corresponsal. Solo le escribe para pedirle favores, quejarse y contarle que está escribiendo la mejor novela de los últimos milenios. No se le escapa un cómo te va ni por despiste”.
Enunciamos dos hipótesis: o al escritor no le importaba quedar como un cretino o ni siquiera era consciente de ser un cretino, cosa extraña en un autor por lo demás perspicaz y penetrante, incluso consigo mismo. Como no creo que haya más ególatras en mi gremio que en el de los oftalmólogos o el de los registradores de la propiedad, sospecho que, simplemente, no sabe que es un cretino porque nadie le ha dicho que esas cartas son propias de un cretino. Y nadie se lo va a decir porque ser un cretino ya no está mal visto, es lo natural.
La canción del verano, Potra salvaje, es una afirmación de cretinismo a la altura de ese epistolario: un autorretrato de la narradora como una mujer indómita, libre y maravillosa que se autoelogia y autoaplaude sin rubor. La canción popular ha cambiado el tú por el yo en muy poco tiempo, salvando la distancia que hay del “yo te amo con la fuerza de los mares” a la motomami despechá de Rosalía. Hasta en el desprecio importa más quien desprecia que el despreciado. Los sentimientos promocionados por los altavoces discotequeros han pasado del te quiero al me quiero para amoldarse a unos tiempos de pantallas-espejito de Blancanieves.
Letra de ‘Potra Salvaje’ de Isabel Aaiún
Con la garganta llena de arena
Y con el odio, el orgullo y la pena
Así no puedo sentirme libre como el halcón
Porque el que canta su vida llena
Ven y cantemos el tiempo que queda
Seamos libres como el principio de una canción
No quiero hierro ni sed de venganza
Quien odia muere y quien perdona avanza
Le pido al cielo que pueda reírme de ser como soy
Como una potra salvaje
Que en el oleaje no pierde el sentido
No quiero riendas ni herrajes
Y en los homenajes me pongo un vestido
Ya tengo seis tatuajes
Debajo del traje por siete motivos
Soy una potra salvaje
Que va de viaje a lo desconocido
Nube que esconde la luna llena
Viento que al barco le arranca la vela
Si yo me fuera, que pueda irme de corazón
No quiero hierro ni sed de venganza
Quien odia muere y quien perdona avanza
Yo solo quiero curar cicatrices y ser como soy
Como una potra salvaje
Que en el oleaje no pierde el sentido
No quiero riendas ni herrajes
Y en los homenajes me pongo un vestido
Ya tengo seis tatuajes
Debajo del traje por siete motivos
Soy una potra salvaje
Que va de viaje a lo desconocido
No quiero hierro, ni fuego, ni busco la miel
Ya no hay sed de ganar la revancha
Y si algún día la tuve una noche hacia el viento voló
Como una potra salvaje
Que en el oleaje no pierde el sentido
No quiero riendas ni herrajes
Y en los homenajes me pongo un vestido
Ya tengo seis tatuajes
Debajo del traje por siete motivos
Soy una potra salvaje
Que va de viaje a lo desconocido

