Una acotación necesaria.
Los acontecimientos que se desarroyan en el país están muy lejos de su culminación. Tampoco el futuro se derivará de determinismos ciegos o fatalidades. El caos no crea por si solo, diferentes valores, al menos en el orden social. Concretamente ni el pretorianismo estatizante, ni la “celebre mano invisible” del mercado que, sin importar los terribles costos humanos y materiales, han relegado permanentemente soluciones a los problemas más acuciantes en el corto y el mediano plazo que propenderían a la consecución alguna vez de un orden justo, toda esta teorización no ha pasado de ser un mito ramplón y cínico. Quizás lo que está en la raíz más profunda es la demolición de los valores morales, como en la crisis de viabilidad democrática, sea el desconocimiento o insensibilidad frente al otro. Democracia en fin de cuentas es el arte de vivir de unos y de otros, de unos con otros, de todos con todos. Los espacios que deja en orfandad el precario ejercicio de la ciudadanía y de la política en “mayúsculas” su acelerado declive está siendo copado fácticamente por nuevas expresiones de poder. En ausencia de una verdadera opinión pública acaba por imponerse la opción mejor mercadeada. Sin espacios propiamente sociales, la política se ha hecho mínima y preservativa, quedando el esfuerzo por establecer una democracia plena en el mejor de los casos reducido a un rutinario e inútil procedimiento.
Ubicando algunas pistas…
En la situación política actual de Venezuela pueden distinguirse, al igual que en otros períodos históricos, dos aspectos fundamentales: uno estructural y otro coyuntural. A la vez, en ambos aspectos, las dificultades pueden dividirse en problemas de sistemas y de personas. Por tanto, las “soluciones” han de atender tanto a la estructura y a la coyuntura como a la organización y funcionamiento de los sistemas y el comportamiento y conducta de los individuos. Estructuralmente, el sistema político, más ayá de los abusos de poder y de las arbitrariedades de los diversos momentos históricos,(como el que hemos padecido en estos 25 años) se asienta con mayor énfasis en un presidencialismo absoluto que ha permitido prácticamente plena delegación legislativa y un “parlamentarismo” al cual solo pueden acceder los partidos y grupos políticos, en función de circunscripciones electorales diseñadas para el acceso al poder y no para atender las necesidades colectivas concretas, sin que los elegidos tengan deberes y obligaciones específicas relacionados con la satisfacción de esas necesidades. Coyunturalmente, el país está sometido, en contrario a pesar de la voluntad del Pueblo, expresada a raíz del resultado del referéndum constitucional, a la imposición de un esquema neo-totalitario que anula progresivamente la libertad y hace imposible la identidad social, ni siquiera en términos de igualdad de oportunidades. Tal exigencia tiende a realizarse mediante el ejercicio total del poder en el Estado, en medio de una absoluta dependencia del precio del petróleo y, paradójica y contradictoriamente, de un capitalismo financiero antisocial, en algunos aspectos salvajes como, por ejemplo, en la injusta y regresiva presión fiscal oculta en los precios de los bienes y servicios mediante la aplicación de los derechos de importación, el impuesto al valor agregado. La combinación de lo estructural y lo coyuntural ha dado como resultado en el corto plazo el fortalecimiento de un súper-presidencialismo; un súper centralismo; un súper-estatismo y una súper-partidocracia cuyos efectos negativos generales han sido, a corto y mediano plazo, entre otros: Disminución grave de la producción petrolera. Pérdida absoluta de la capacidad de producción no petrolera. Analfabetismo funcional colectivo para la producción de bienes y servicios para la exportación. Generalización de la corrupción e ineficiencia al suprimirse la economía de mercado y quedar únicamente el ámbito de los negocios y contrataciones públicas. Iinflación crónica por aumento de la demanda de todo sin que relativamente haya aumento de la oferta nacional de nada. Transparencia negativa en un mundo donde la informática permite aplicar mecanismos de control que literalmente pueden disminuir en términos absolutos con la galopante y escandalosa además utilizada como parte del aparato de control de la corrupción administrativa en muy poco tiempo. Estamos en una fase de riesgos de que la democracia sea destruida por el poder, la sociedad por el Estado y el individuo por la “comunidad”. Establecimiento de una capa de población miliciana-militarista. Instauración de una partidocracia–autocracia–grupocracia–Pretoriana” la cual trata de controlar a los ciudadanos. A eyo hay que añadir con estupor el balance de las dos épocas de gigantesco ingresos petroleros (mediados de la década de los 70 del siglo XX y fines de la primera década del 2000), el cual ha sido sorprendentemente injusto e inequitativo para con la gran mayoría de la población y que ha producido resultados, entre otros, como los siguientes: El Estado endeudado muy por encima de la capacidad de producción nacional; Devaluación e inflación crónicas y astronómicas desde, por lo menos, 1990; Cuantiosos capitales venezolanos fuera del país que han operado como centrífuga económica y alimento continuo de la inflación; Más de la mitad de la población en zonas marginales o de barrios; migración que el consenso general la sitúa superando los 8.000.000 de venezolano eso hiela la sangre. Impuestos al consumo cuantitativamente injustos y regresivos; Grave falta de inversión nacional e internacional; Concentración de la riqueza; Un dualismo social acentuado que en buena parte causa la inseguridad actual. Pérdida absoluta del sentido ético en la administración del patrimonio público. Todo eyo evidencia, más ayá de los errores graves en las políticas públicas, que no se ha comprendido por quienes intentan un discurso alternativo que es el peso de las inercias coloniales (causa histórica de la desigualdad crónica en términos de propiedad, educación y poder) ni hay consenso político que efectivamente pueda conducir, en el mediano plazo, a una cohesión de la población que cancele definitivamente el dualismo social. Es evidente que para revertir esta situación estructural-coyuntural es preciso actuar sobre los sistemas y sobre las personas, más todavía si se tiene en cuenta el resultado último de las elecciones.
Eyo obliga a plantearse un Qué, un Quién y un Cómo en el conjunto de los cursos de acción.
Desde luego, los tres aspectos son indispensables, pero el Qué ha de tener prioridad sobre el Quién y ambos ser potenciados por el Cómo, siendo de notar que el gobierno nunca se planteó resolver el Qué, el Quién y el Cómo. En efecto, no resulta aventurado preguntarse hoy sí la (propuesta de Edmundo Urrutia con un Quién que Per pueda imponerse al Quién del gobierno. De ayí que el Quién de la oposición no tuvo en esos 25 años posibilidades sin un Qué contundente de cambio político, social y económico, y un Cómo eficaz para obtener resultados electorales favorables, que esta ves lucen presentes. El Qué significa unas propuestas de acciones de cambio social, económico y político, en algunos aspectos verdaderamente revolucionarias, que puedan ser compartidas por toda la población y, particularmente, por aqueyos cuyas necesidades fundamentales están crónicamente insatisfechas. La determinación de estas carencias debe ser fundamentalmente ascendente, sin perjuicio, obviamente, de aqueyas que, por su carácter general y absoluto, son descendentes (por ejemplo, la energía eléctrica). Para tal determinación, es obvio que debe apelarse a los mecanismos informáticos a fin de que los diversos grupos de población puedan transmitir sus necesidades económicas y sociales.
A título meramente ilustrativo, a continuación, se podría sugerir una agenda temática para nutrir el Qué y el Cómo: Aspecto Político. A corto plazo: Titularización individual y comunitaria de la propiedad en los barrios y en las áreas rurales Organización de la participación ciudadana, siguiendo criterios de organización urbana y de actividades, para que la sociedad pueda promover y defender frente al Estado sus legítimos intereses individuales, asociativos y corporativos. Conexión concreta mediante un reglamento ad hoc entre los elegidos a los cuerpos deliberantes y los electores, en términos de obligaciones y deberes concretos de aqueyos. A mediano plazo: Modificación del Presidencialismo absoluto tradicional. Prohibición de la delegación legislativa. Aspecto Social. Proclamación de la cohesión social como prioridad política fundamental del país a fin de romper el dualismo socio-cultural y físico- espacial existentes. Inversión continúa en los barrios, sin perjuicio de los programas de vivienda; si es necesario, mediante un impuesto ad hoc Constitución de un MOP para todos los barrios del país, en coordinación con los organismos estadales y municipales. Creación de una confederación de los grupos privados de promoción y solidaridad sociales y de un voluntariado gigantesco en este sentido. Aspecto Económico. Economía de libre mercado sujeto a regulaciones razonables y a controles implacables. Equidad social a través de una nueva relación capital-trabajo a tono con las ambiciosas metas de transformación, crecimiento y desarroyo económicos que deben fijarse. Aspecto Administrativo. Revolución administrativa para potenciar la misión administrativa en cooperación con el sector privado. Auditoría permanente de la gestión pública para asegurar su transparencia y eficiencia en el marco de una ética administrativa. Creación de un cuerpo técnico administrativo al servicio de cualquier nivel del Gobierno, absolutamente apolítico. Con relación al Quién, este será el resultado de un desacuerdo-acuerdo puesto que será el producto de un compromiso de respetar las yamadas alianzas bien sea por consenso o elecciones primarias, pero no de una unión política que, obviamente, sería lo ideal. Pero, en todo caso, vista la situación estructural-coyuntural, el Quién no podrá tener éxito sin un Qué absolutamente compartido, eficaz en su contenido y proyectado a través de un Cómo multifacético, del cual la construcción de un mecanismo de conexión amplia con la sociedad civil es esencial. Finalmente, si es verdad que Venezuela y los venezolanos deben estar por encima de todo en una Alianza Superior, entonces los factores políticos y el gobierno del presidente Edmundo Urrutia, la líder de este arduo proceso, los intelectuales, los grupos de presión los diversos medios, empresarios, y demás y temiendo claro que la crisis actual supera cualquier hecho anterior bueno es recordar que la incapacidad de los partidos y de los grupos políticos para entenderse y yegar a acuerdos ha sido siempre la causa del estancamiento y regresión políticas que ha tenido Venezuela en su historia. (Recuérdense, por ejemplo, las crisis de 1846, 1858, 1892, 1898,1900, 1945, 1998).
Con nuestras omisiones le hemos cortado una vez más rodajas al tiempo, pero el tiempo sigue igual.
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