Mancheta de hoy: Anoche asistimos a un trágico debate presidencial estadounidense, entre Pinocho y Gepetto.
*El mundo según Moisés Naím.
*Una detallada cartografía social del mundo nuevo.
En la década de 1930 el pensador español José Ortega y Gasset escribió: “No sabemos lo que nos pasa y eso es, precisamente, lo que nos pasa, el hecho de no saber lo que nos pasa”. Esta frase cautivó a Moisés Naím, quien la encontró muy a propósito para definir la situación en la cual se encuentra la humanidad en los días que corren. Así lo mencionó por primera vez en su libro “La revancha de los Poderosos”, en el cual nos habla de las tres P, es decir, la pos verdad, el populismo y la polarización, como los tres jinetes del actual apocalipsis político, social y ambiental. Ahora, en su nuevo libro titulado precisamente: “Lo Que Nos Está Pasando”, Naím nos ofrece una visión integral del mundo, visto desde su precisa y siempre original perspectiva. Leerlo es el equivalente de hacer una maestría en asuntos planetarios. Se trata de una colección de 126 ensayos escritos entre 2016 y 2023. Son de breve extensión, unas 1200 palabras por ensayo, en los cuales Naím va planteando cada aspecto de nuestra crisis global actual, desde un ángulo siempre didáctico y original, más allá de lo repetitivo y trillado, para hacernos conscientes de la magnitud del problema global que enfrenta la humanidad y de cómo podríamos salir del largo túnel en el cual estamos debido a la confluencia de múltiples crisis políticas, culturales y ambientales.
En ocasiones he dicho que estas crisis parecerían haber sido generadas por una civilización superior, la cual al desear tomar el control de nuestro planeta ha colocado en el aire que respiramos una sustancia que nos despojando progresivamente del sentido de la realidad. De esta manera la civilización que seguramente nos observa desde lejitos espera que la humanidad haga el trabajo de auto destrucción que les ahorre a ellos tener que recurrir a la violencia. En fin, es algo que se me ocurre, influenciado por la cantidad de obras de ciencia ficción que he leído, las cuales podrían estar ejerciendo en mi mente el mismo efecto que le produjeron a Alonso Quijano las excesivas lecturas de los libros de caballería.
Ya los argentinos habían intuido algo de lo que nos está pasando cuando comenzaron a escribir en las paredes: “Basta de realidades, queremos promesas”, en un intento de huir de las tragedias impuestas al pueblo de ese país por tanto líder incompetente. En cierta forma, Olga Guillot puede haber sido pionera del movimiento MAGA, cuando cantaba aquello de “Miénteme más, que me hace tu maldad feliz”.
En el campo político pos verdad encontró uno de sus mejores exponentes en las acciones y expresiones de la asistente mayor de Donald Trump, Kellyanne Conway. La Sra. Conway acuñó una de las bases de pos verdad al decir en 2017, en entrevista dada a MEET THE PRESS: “Sean Spicer, niuestro secretario de prensa, nos ofreció hechos alternos”, cuando afirmó que la inauguración de Donald Trump había sido la más concurrida en la historia de inauguraciones presidenciales. Según nos dijo con desparpajo la Sra. Conway, existía una dimensión paralela a la real, en la cual podíamos y hasta debíamos vivir, porque así lo deseaban los nuevos profetas del populismo. En ese momento se perdió mucho del pudor ante los intentos de alterar la verdad. En los Estados Unidos ello se convirtió en la política declarada del gobierno del presidente, consistente en construir un universo de la Pos Verdad, incluyendo la aseveración que es uno de los pilares del mundo ficticio, esa de que a Trump le robaron las elecciones de 2020. La Sra. Conway le diría a María Bartiromo en Fox News, con desparpajo: El presidente Trump le habló a 8000 personas en la Iglesia 180, en Detroit, lo cual llevó a REUTERS a constatar que la iglesia ni siquiera estaba llena. Durante la etapa presidencial de Trump. Donald Trump habrá dicho 30 mil mentiras para el final de su presidencia, Trump habría dicho, según investigación del Washington Post, 29.508 mentiras desde 2016 hasta noviembre 2020.
El libro de Moisés Naím que estamos disfrutando nos describe la dura batalla entre quienes se agarran con decisión de la verdad y aquellos que hilan un gran tapiz de irrealidad porque ello es lo que les conviene, ya sea a título personal o tribal. Es una dura batalla cuyo final está en la balanza y la cual – en ocasiones – nos hace pensar en lo peor. Quienes construyen el mundo de ilusiones que pretende imponerse como la realidad han encontrado aliados formidables en los medios de comunicación a lo Facebook, X, Instagram y, sobre todo, en TIK TOK, una de las más poderosas herramientas de desinformación que existe hoy. Naim nos habla de algunos de estos estos especímenes en su ensayo “2018, el año de los charlatanes”, página 257 de su libro.
Desde estas plataformas se crean teorías conspirativas en todos los aspectos de nuestra vida, en lo que se refiere a la salud, a la política, a las religiones, a los sexos y se abruma a los lectores con una diaria ráfaga de pos verdades destinadas a crear una realidad alterna, como la que nos anunció en 2017 la Sra. Conway.
Naím analiza el posible impacto benéfico y los riesgos inherentes del uso de los extraordinarios adelantos tecnológicos, particularmente la inteligencia artificial, la cual se presta a grandes adelantos en los diversos campos de la vida en sociedad pero también abre la posibilidad de un auge indetenible de la falsa información.
El libro de Naím nos ofrece una visión global de las grandes amenazas que nos acechan ofreciendo siempre las más sensatas sugerencias sobre los caminos que podemos tomar para evitar la victoria de pos verdad.
Ya estoy llegando al final de este gran tour del planeta en el cual Naím responde en gran medida las interrogantes planteadas hace casi 100 años por Ortega y Gasset.
Programa de opinión – Gustavo Coronel – jueves 2024-06-27
Vladimir Padrino López, un militar podrido hasta la raíz disfrazados de héroes de Carabobo
El tragicómico alto mando militar venezolano irá a la cárcel Un vergonzoso video del militar traidor a su juramento de fidelidad a la constitución:
Solo necesitamos ver este video para constatar en toda su horrible magnitud la sistemática traición del alto mando militar venezolano a la constitución vigente de Venezuela y al resto de sus leyes.
Allí Vladimir Padrino López nos ofrece una arenga política de ínfima calidad en la cual se arrodilla ante quien denomina como el “hijo de Chávez”, es decir, Nicolás Maduro. Con ademanes de exagerado histrionismo se expresa en términos baratos, rastreros y zalameros sobre el dictador de pacotilla. Nos amenaza con que el ejército saldrá a las calles en las elecciones para garantizar que Venezuela no regrese al colonialismo. Dice: “reafirmaremos el legado de Chávez, para terminar de una vez por todas con los enemigos de la patria y con los ataques a nuestra gloriosa fuerza armada. la llama eterna del anti imperialismo”, bla bla bla, etc.
Para ponerle la guinda a la torta de Padrino López, Nicolás maduro creó el grado de «general del pueblo soberano» para que, a partir de este lunes, esta cursi denominación sea la de mayor nivel en la fuerza armada nacional bolivariana, en honor al general Ezequiel Zamora, uno de los responsables por la Guerra Federal que arruinó al país en el siglo XIX, a quien el acomplejado Hugo Chávez reconoció como su ídolo y como gran «líder del pueblo».
Como ya sabemos la Venezuela chavista/madurista tiene más generales que todos los países del tratado del atlántico norte, OTAN, juntos, más de mil reposeros o enchufados en las empresas del estado, las cuales se han convertido en sus fuentes de enriquecimiento.
Esta nueva payasada de Maduro y Padrino López establece nuevas marcas de ridiculez y mediocridad en la llamada pomposamente revolución “bolivariana”.
Esta etapa bufa y trágica de nuestra historia será recordada con lágrimas de pesar por la muerte y exilio forzado de millones de venezolanos y con risotadas generadas por las ridículas escenas de los payasos militares y civiles del régimen, los hazmerreir de la región latinoamericana.
César Quintini Rosales, (1933-2024), ciudadano ejemplar, mente creativa, profesional de primer rango
Por muchos años, aun sin conocerlo personalmente, tuve contacto a través de mensajes y comunicaciones diversas con el ingeniero César Quintini Rosales, de quien siempre admiré su entusiasta dedicación al bienestar colectivo, utilizando toda su amplia experiencia profesional para elaborar proyectos, sugerencias y recomendaciones destinadas a mejorar los aspectos más diversos de la colectividad venezolana. César era una fuente inagotable de recomendaciones y de ideas destinadas a mejorar la calidad de vida de la sociedad venezolana. Realmente he conocido pocos como él es en ese afán de actuar en beneficio de la colectividad. César Quintini fue miembro de un grupo muy selecto de profesionales de la ingeniería venezolana con un sentido muy desarrollado de responsabilidad ciudadana. Otros ejemplos de ese grupo incluyen a José María de Viana, a José González Lander, Andrés Sucre, Rafael Alfonzo Ravard, Guillermo Rodríguez Eraso, Alberto Quirós, habrá muchos más, individuos quienes no se quedaron el simple ejercicio de una profesión sino que la utilizaron como herramienta principal de mejoramiento de la comunidad. Es decir, gente especialmente creativa y contagiada de la necesidad de contribuir a mejorar el entorno.
César acaba de fallecer y creo deseable rendirle homenaje y reconocimiento por su extraordinario trabajo profesional en pro del mejoramiento de la sociedad venezolana. Fue una máquina de producción incesante de recomendaciones y aportes al mejoramiento de os diversos aspectos de nuestra vida, en los sectores ambientales, eléctricos, fluviales, petroleros.
César tuvo la educación más prestigiosa posible, de MIT, de la universidad de Stanford, con maestría en la escuela de gerencia Sloane. Una carrera brillante en la industria petrolera, así como en el sector público, CADAFE y ENELVEN. Destacado actor en el sector académico, como profesor universitario, particularmente en el IESA. Autor de libros sobre diversos temas profesionales, especialmente sobre el sistema eléctrico venezolano. Miembro de la Academia de Nacional de la Ingeniería. Directivo del Colegio de Ingenieros de Venezuela.
Es decir, una labor inmensa en todos los aspectos técnicos y sociales del país. Un venezolano que nos hace sentir orgullosos de ser venezolano.
Algún día tendremos un panteón dedicado a nuestros héroes civiles. Cuando ello sea una realidad César Quintini Rosales estará allí. Mientras tanto, descansará en nuestra memoria con el más profundo afecto.
Gustos musicales, evolución en el tiempo
A medida que pasamos por las diversas etapas de la vida van cambiando algunas de nuestras actitudes y gustos. En mi caso uno de los campos que ha experimentado cambios importantes, en gran parte positivos y que han servido para ampliar mi deleite durante mi viaje por las comarcas de la ilusión es el de la música. Me apresuro a decir que los nuevos amores nunca han significado el abandono de mis favoritos anteriores sino una expansión de mi mundo musical. Durante el viaje de 90 años no he botado equipaje musical alguno sino que he añadido maravillosos hallazgos.
Toda mi vida he estado en constante búsqueda de nuevas fuentes de deleite musical. Ello me ha permitido “descubrir” constantemente nuevos hacedores de música, como se autodenominaba Stravinski. Puedo distinguir las siguientes etapas:
Infancia y adolescencia, 1943- 1950
Esta etapa, desde los 10 hasta los 17 años, fue el de los primeros descubrimientos, los cuales llevé a cabo en un club de adolescentes en Los Teques y en los conciertos dominicales de la Orquesta Sinfónica Venezuela en Caracas. El motor principal del club de Los Teques era un joven farmaceuta llamado Germán Luna, quien era un fanático de la ópera italiana. Mi punto de entrada al inmenso mundo de la música fue Puccini, esencialmente “La Bohemia”. Todavía hoy la música de esa ópera me conmueve profundamente. Una vez captado para la ópera italiana nutrí mis oídos adolescentes con las bellas arias de Madam Butterfly, Rigoletto, Turandot, La Forza Del Destino, toda aquella gloriosa explosión de la melodía y su conjunción con la voz, en la cual la nobleza de la música vence la simpleza de los libretos.
El primer salto importante que di en esta etapa fue el pasar de la ópera italiana que imperaba en Los Teques a los conciertos de la Orquesta Sinfónica Venezuela que se daban en Caracas, cuya entrada era gratis o a precios ridículamente bajos. Esas era la orquesta conducida por Vicente Emilio Sojo o por Ángel Sauce, además de los conductores invitados, entre quienes recuerdo, entre otros, el legendario Sergio Celibidache, Desiré Defauw, Pierre Boulez y hasta Igor Stravinski. La dieta de esta orquesta era una combinación de Mozart y Haydn con los compositores nacionalistas venezolanos como el mismo Sojo, Evencio y Gonzalo Castellanos y Juan Bautista Plaza. Esos fueron los años en los cuales me nutrí de las sinfonías de Mozart y delas obras como El Rio De Las Siete Estrellas, El Picacho Abrupto. Ocasionalmente la orquesta se aventuraba a tocar La OBERTURA 1812 y Romeo Y Julieta de Tchaikovsky y algunas obras de Beethoven o Mendelssohn.
Adolescencia a adultez, etapa universitaria, 1950
Cuando debí ausentarme de Venezuela para estudiar en la universidad de Tulsa, en Oklahoma, tuve la suerte de vivir en un dormitorio donde compartí habitación con dos jóvenes melómanos: Thomas Tipping y Ronnie Modell. Tipping era un artista plástico, Modell un músico, quien llegaría ser la primera trompeta de la Filarmónica de Nueva York cuando era conducida por Leonard Bernstein. Compartiendo con ellos mis horizontes musicales se agrandaron significativamente. Tom Tipping me llevó de la mano a George Gershwin. Ronnie Modell me reveló el universo que es Johannes Brahms. Para mi Gershwin fue un descubrimiento cuyo deleite permanece inalterado hasta hoy, en especial su Concierto en Fa sostenido, para piano y orquesta y sus preludios para piano, además de la bellísima ópera Porgy And Bess y sus innumerables piezas musicales para el teatro. Y Brahms, sus cuatro sinfonías, fueron determinantes en mi llegada a la adultez, porque esa música es para hombres. Aún las escucho, con la reverencia de quien entra a una inmensa catedral.
Primeros quince años de carrera profesional, campo técnico, 1955-1970
Esta etapa de mi vida transcurrió en gran parte al aire libre, como geólogo de campo, ingeniero de producción en el lago de Maracaibo, geólogo en Indonesia. Este tipo de vida influyó sobre mis gustos musicales. Comencé a escuchar la música clásica basada en los aires populares, esa música que se nutre del folklore. Me hice un fanático seguidor de los cinco grandes compositores nacionalistas rusos, el grupo de los pequeños gigantes Borodin, Mussorsgky, Rimsky Korsakov, César Cui y Balakirev y de sus maravillosas melodías inspiradas en las canciones de las grandes estepas. Por asociación extendí mi idolatría al gran Tchaikovski, quien no formaba parte de ese grupo pero cuyo genio quizás equivalía a la suma de los cinco arriba nombrados y, luego, el gran armenio Aram Kachaturian. Ese hilo de maravillosos compositores rusos y eslavos me llevó a apreciar a Kalinikov y descubrir el inmenso mundo de Anton Dvorak, cuyo Cuarteto Americano y sus sinfonías me han deleitado toda la vida y a querer a Semana y su ciclo “Mi Tierra”. Fue en esta etapa de mi vida que descubrí la Cantata Criolla de Antonio Estévez y exploté la rica vena de la música clásica española, sobre todo la de Manuel De Falla.
Años de actividad gerencial y política, 1970- 2003
Estos años fueron de gran actividad profesional en el campo petrolero, en el sector académico (Harvard) y en otros campos del sector público, combinados con una gran felicidad doméstica, etapa en la cual disfruté (y sufrí) la adolescencia de nuestros hijos la vida en compañía de la bella y dulce Marianela. Fueron años de Moet Chandon y de bailes, de viajes a los andes venezolanos y fines de semana en la playa del inolvidable club CAMURI. En estos años mi afición se dirigió a la música popular, sin que ello significara el abandono de mis amores clásicos, años en los cuales llevé una vida un tanto bohemia, cantando en veladas domésticas con César Prato o hasta con Pedro Vargas y Tito Rodríguez era el miembro preferido de mi panteón musical. En el campo de la música clásica me di a la tarea de descubrir a compositores menos oídos, entre ellos, Glazunov, Elgar, Howard Hanson y, en Venezuela, el incomparable Aldemaro Romero, un extraordinario puente entre la música seria y la música popular. En 1998 tuve la oportunidad de conocerlo y mi entusiasmo por su música ha crecido desde entonces, hasta llegar a considerarlo como uno de los tres mejores compositores venezolanos de todos los tiempos.
Años de exilio y de tranquila felicidad, 2003 – 2024
En estos años he disfrutado plenamente del grupo de compositores que he ido coleccionado a través de las diferentes etapas de mi vida y he podido añadir uno que otro de especial calidad. En los años más recientes he desarrollado un verdadero culto por dos grandes compositores, de música de gran belleza melódica y originalidad. Uno, Antonio lauro, cuya música para guitarra ha cautivado el mundo entero. Su música es interpretada hoy por todos los guitarristas de prestigio internacional. Yo no podría decir cuál de sus obras me gusta más porque todas exhiben es estilo único, de giros sorpresivos, fuente de continuas sorpresas y delicias. El otro, Francis Poulenc, compositor francés de extraordinarias obras para piano, de una cualidad a veces cristalina como agua de manantial o burbujeante como el vino de Champaña que, junto a los quesos y los novelistas, ha hecho famoso el país.
Las Armas de Coronel, Diario de viernes, 28 de junio de 2024.


