No hay nada más errático que las decisiones de un político que se siente perdedor. El instinto lo empuja a resistir las fuertes oleadas de rechazo y mientras más bracea para mantenerse a flote, más se desespera.
Es natural que después de 12 años de meter al país en un hoyo, sean pocos los que crean que el presidente pueda ser portador de soluciones.
Y aunque todo puede acontecer en política, mientras contenga algún halo humano, la posibilidad de salir del hoyo requeriría que Maduro deje de ser el minotauro que convirtió al país en un laberinto de calamidades y fracasos.
Pero Maduro no quiere, voluntariamente, dejar de ser el Maduro en cuyas manos se perdió el país.Su perspectiva de transición es la de profundizar el precipicio que conduce de Venezuela a Cuba. Es precisamente ese desenlace de terror lo que no quieren ni las bases chavistas, las cuales han comenzado a buscar una opción de cambio. Y si no se la ofrece la oposición, tenderá a la abstención.
Frente a estas realidades parece urgente que Edmundo acentúe el mensaje que lo proyecta como el candidato de todo el mundo.
Una vez que se produjo la importante transferencia de votos de la líder de la oposición al candidato presidencial, hay que preguntarse, ¿hacia dónde puede crecer electoralmente Edmundo?, ¿con cuáles propuestas y mensajes dentro de su discurso?
Si se quiere unir al país hay que dejar por fuera el ánimo de la confrontación conflictiva para pasar a una confrontación constructiva.
Se trata de compartir con los electores el país que queremos, decirles cómo integrará su gobierno y qué hará para solucionar los problemas que golpean día a día a poblaciones enteras. Especialmente explicar cómo se come la transición que Edmundo quiere servir.
Este menú de propuestas país, algo más sentido e inmediato que el contenido de un programa de gobierno, tiene que informarse ya a los ciudadanos: salario y pensiones, luz y agua, salud y educación.
La transición no tiene fechas ni calendarios rígidos. Si se quiere un tránsito a la democracia, a la economía productiva, a la prosperidad y a mejores oportunidades de vida hay que comenzar por ofrecer y comenzar a concretar ya con el poder, un pacto de gobernabilidad que comprometa a todas las fuerzas que deben y pueden trabajar en común por la reconstrucción del país.
No hay que dejarse enganchar en la política del momento. Los dos factores decisivos para abrir una época de cambios con estabilidad deben ponerse de acuerdo en lo fundamental, mucho más allá de jugadas de distracción como la firma del respeto a los resultados. Ese acuerdo podría ser útil solo si resuelve aspectos como ¿Puede confiar la sociedad que el 28 de julio podrá votar sin puntos rojos, piruetas de motorizados, sustitución de testigos, voto asistido o prórrogas ventajistas? Eso es lo primero que debe asegurar el CNE en vez de bloquear la observación internacional.
En las curvas que quedan para llegar al 28 aumentarán las incertidumbres y las complicaciones. El gobierno se afincará en crear dudas y matrices de opinión contrarias a los profundos deseos de mejorar la vida del país y de la gente.
En medio de la decisión de cambio que sigue creciendo, hay que aprender a manejar con eficacia las incertidumbres, porque ellas puedan crear confusiones y debilidades:
1. Habrá relatos para dividir y contraponer a Edmundo y María Corina porque es una fórmula que avanza hacia el triunfo de cambios sin necesidad de constituyentes o convocatoria de nuevas elecciones.
2. La mejor defensa es acrecentar la determinación unitaria, la disposición de negociación con Maduro y la inclusión del chavismo en las ejecutorias del nuevo gobierno.
Es el mensaje para disolver temores sobre el cambio y la vía para ampliar los cuerpos de ventaja que Edmundo le saca hoy a Maduro. Es también la vía para convertir su triunfo en una victoria del país, sin discriminaciones ni exclusiones.
La vía para normalizar la sustitución de presidentes, la separación de poderes y el voto libre de coacciones.
La vía para iniciar, con el triunfo de Edmundo, un gran nuevo acuerdo nacional.

