Isabel Pereira Pizani: Lo que podemos ser

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Nada más emocionante y conmovedor que ver el homenaje de los cuerpos armados españoles a la figura de la líder democrática Isabel Díaz Ayuso.

Este acto lo sentimos como una clarinada de los nuevos tiempos, venida de una sociedad que lucha por enaltecer sus valores, el respeto de cada uno, a cada institución y el liderazgo que conduce la sociedad hacia la justicia, la libertad y la paz.

Si creemos en la idea de Heidegger de que el ser humano es “sólo una posibilidad de ser,” aquí tenemos un ejemplo histórico. Los hombres que conforman un ejército armado rinden homenaje a una persona, una mujer valiente, desarmada, que los cuida, defiende y conduce por el camino hacia el mejor destino posible.

Las diatribas de género se silencian porque lo que ocurre en la realidad es la mejor respuesta. Se rinde homenaje a la persona, no por su conformación biológica sino por encarnar un modelo de responsabilidad individual. La persona que se homenajea representa valores y no antropometrías.

En estos momentos la humanidad se encuentra inmersa en conflictos, enfrentamientos, exaltación de las diferencias, aspiraciones ambiciosas de ejercer el control y reprimir a los que se oponen a nuestro pequeño mundo de creencias.

Abundan las imágenes de mujeres golpeadas en algunos países por no portar el velo que oculta su imagen. Detrás de esta violencia podemos encontrar actitudes que desconocen lo trascendental del ser humano y se detienen en mirar las apariencias y ejercen violencia contra los otros en su nombre.

Estas reflexiones nos invaden en un momento en que nuestro pequeño país caribeño enfrenta uno de sus momentos cruciales, se trata de mostrar y mostrarnos cómo una expresión de seres humanos que saben que su libertad no tiene precio, que no se puede comprar con dádivas ni con bonos. Ya hemos mostrado que podemos ejercer nuestra libertad para decidir, desobedecer civilmente, con valor y serenidad, pero de forma inapelable.

Sin embargo, en el trasfondo, grandes inquietudes invaden las madrugadas. ¿Será posible abrir una corriente de conciliación entre sectores adversos? ¿Hasta dónde hay que perdonar y tratar de redimir y cuánto hay que castigar como ejemplo moral?

Recientemente hemos visto salir a flote pruebas de grandes estafas, las vías perversas mediante las cuales sin piedad alguna se han apoderado de los recursos que legítimamente debían haber ido a resolver grandes carencias de las familias.

Sucesos que nos sumen en un estado de angustia, no podemos ser indiferentes, se debe con diligencia y premura anticipar las acciones que puedan enfrentar estas catástrofes humanas.

Un redireccionamiento es imprescindible, tenemos que combatir a los adversarios pero primordialmente debemos reflexionar sobre nuestras obligaciones inmediatas, entre ellas: abocarnos a rescatar el Estado de derecho, la libertad económica y política, el derecho a la información y fundamentalmente empeñarnos en fortalecer la escuela básica como institución responsable de formar la nueva generación de venezolanos en todos los aspectos, en la posibilidad física de alcanzar el desarrollo máximo, en la existencia de oportunidades de sumergirse en los desafíos de la ciencia, la tecnología, el conocimiento que nos permitiría soñar con un mundo mejor, igualmente y con el mismo nivel de interés ocuparnos de nuestro ser interior. ¿Cómo manejamos nuestra emocionalidad? ¿Cuáles valores morales privan en nuestras existencias? Un nivel de abordamiento de la educación hasta ahora muy relegado en Occidente.

En este campo es importante reconocer los saltos cuánticos que realizan algunas sociedades al categorizar la educación como un compendio de potencialidades humanas en todos los terrenos. Al abrir las posibilidades de lograr el óptimo desarrollo de potencialidades físicas, transitar por el camino de la búsqueda del conocimiento, conectar con los asombrosos logros en el plano científico y tecnológico. Hoy, más que fijar información en la mente de los educandos se trata de buscar el camino para aprender,  sumergirse en las nuevas fronteras que comienzan a expandirse en todo el universo.

Sin embargo, es imprescindible reconocer que algo nuevo está ocurriendo en el campo educacional, las sociedades buscan los senderos para encontrar, además del conocimiento científico, la paz, la libertad y la felicidad. Comienzan las grandes universidades del mundo a explorar en estos terrenos intangibles, donde el individuo es más que un ente que calcula, mide, objetiviza, es alguien que emerge desde su integralidad de ser humano con todas las cualidades únicas que posee. Al lado de las posibilidades de estar sanos, del crecimiento biológico óptimo, del logro de almacenar dentro de si capacidades de descifrar, crear soluciones a desafíos racionales,  por primera vez algunos países abren las puertas para el desarrollo espiritual, dominar la violencia utilizando la fuerza de la autorregulación emocional como uno de los componentes más importantes del desarrollo humano.

En la universidades americanas y europeas Harvard, Stanford, Yale, en la India, se abren los espacios para la investigación sobre cómo el ser humano, además de ser fuerte físicamente y poderoso racionalmente, puede convertirse en una expresión de los valores definitorios de los que representa el ser humano, repitiendo los términos heideggerianos “Ser una posibilidad de ser”. Podemos aprender el respeto, la responsabilidad, la tolerancia, la resiliencia, la empatía, el optimismo, superar el fracaso,  como cualidades esenciales que acompañen los logros en materia económica,  tecnológica y científica.

Esta visión optimista de un posible futuro se respalda con la muestra de desobediencia civil que exhibió el pueblo venezolano en los dos últimos eventos electorales, 22 de octubre y 3 de diciembre, cuando actuó según su conciencia, expresando su verdadero sentir.

Es urgente desechar lo que destruye, conocemos su mezcla mortífera, un requisito para poder entrar en todos los campos donde están los grandes retos humanísticos y éticos que tendremos oportunidad de abordar en tiempos muy cercanos.

Los cuerpos armados españoles que homenajean a una persona valiente como Isabel Ayuso constituye la mejor señal de la sociedad que debemos construir y por la que tenemos que responsabilizarnos. Esos soldados no se inclinan ante la fuerza y el poder sino ante la dignidad de un ser humano.

Es imprescindible reconocer lo que hemos aprendido en las últimas décadas, especialmente “identificar los caminos equivocados”, saber cuáles son los resultados de nuestros errores, ahora nos toca actuar con responsabilidad, sin fanatismos, ejerciendo ese derecho sagrado que tenemos como seres humanos, poder decidir en favor de la libertad de todos.

Si partimos por reconocer errores y las complicidades ingenuas podremos avanzar a un plano distinto. Somos plenamente conscientes de “lo que no debemos hacer”, tal como expropiar, vivir de subsidios, robarle la dignidad a maestros, jueces y soldados, desvalorizar la entidad moral de cada uno de nosotros. Reconocemos la falsedad de los que proponen que la sola manera de avanzar es destruyendo, ejerciendo una fatídica lucha de clases que defienden algunos pocos empeñados en condenar sectores y grupos por sus apellidos y no por sus obras o su presencia moral en la búsqueda del bien para todos.

Es el momento de unirnos a trabajar para armar la figura y la esencia de esa sociedad que hemos buscado durante siglos y que hoy por primera vez tenemos muy cerca. Tratemos de ser lo que podemos ser en nuestra dimensión moral y espiritual donde no existen límites para ser cada vez mejores seres humanos, “lo que podemos ser”.

Gracias a Isabel Díaz Ayuso y a los soldados españoles que rinden homenaje a la estatura moral de esa noble ciudadana.

 

Traducción »

Sobre María Corina Machado