Es un drama lo que estamos viviendo en el sistema educativo venezolano. Duele decirlo. Pero hay que estar metido dentro de las instituciones educacionales. Hay que estar dentro de las aulas de clase, para contarlo con detalle. No importa si es del sector oficial o del sector privado. En ambos casos se nota la situación problemática. El drama se vive, se experimenta en todos los niveles. Pero el drama es mucho más acentuado en el subsistema de educación básica general. Es decir, de 1ro a 5to año. Hasta ahora no ha habido forma ni manera de erradicar, por ejemplo, el bajo nivel de rendimiento que alcanzan muchos estudiantes en este nivel educativo. Aunque usted se proponga, al menos minimizar el problema, siempre encontrará obstáculos. Los factores involucrados en la situación educativa, de por sí, algunas veces obstaculizan el proceso de enseñanza aprendizaje.
Lo anterior viene a colación, puesto que en el mes de julio, es donde se observan las múltiples situaciones de la gestión donde participan muchas personas. Pongan atención quienes forman parte directa del proceso. Directivos, docentes, personal administrativo, obreros, padres, madres, los llamados representantes o responsables. En la lista debemos incluir, obviamente, a los estudiantes, a los miembros de las llamadas Defensorías Educativas, entre otros, que tienen responsabilidad en el producto final del proceso.
Y me voy a detener en los tres elementos fundamentales de la problemática que vivimos: representantes, docentes y estudiantes. En primer lugar los padres y madres, puesto que ellos son los que deben iniciar la educación de sus hijos e hijas. De la familia provienen los valores que les inculcamos a nuestros hijos. Luego, los docentes, puesto que son ellos los que deben reforzar esos valores. Y en última instancia, los estudiantes, puesto que según el comportamiento de los dos primeros, depende en gran medida, la formación del “chamo”. Claro está, que el entorno juega un papel importante. Es influyente. Pero, es en el hogar y en la institución educativa donde se enseña, donde se aprende. Donde formamos a los futuros profesionales.
Lamentablemente, nos encontramos con docentes y con representantes que aún no han entendido que el proceso de formación que se imparte en los planteles, hay que orientarlo hacia la excelencia. Y eso se logra con el empeño, con la dedicación, con el acompañamiento de nuestros hijos, con la pasión por una mejor calidad de educación. Y como lo señala muy bien el Prof. José Neira de la Unet: “Tres elementos para el logro: conocimiento, capacidad pedagógica y calidad humana”. Les comentaba a unos representantes de primaria, a propósito de una graduación de 6to grado, que la mayoría de las madres están pendientes de sus hijos cuando están en ese nivel (6º grado), pero apenas inician secundaria, algunos los dejan solos. Se olvidan de su niñez. Y es aquí, en el bachillerato, donde comienzan las penurias. Sobre todo, en 5to año, donde se observa el desfile de representantes buscando que le aprueben a su muchacho(a). Y durante todo el año escolar, a sabiendas de que su hijo o hija no ha rendido lo suficiente, el padre o la madre busca la forma de que se lo aprueben. Menos mal que es minoría porcentual. Incluso, hay quienes denuncian al docente en la Defensoría Educativa para que abogue por el estudiante. Entiendo que la función de los que están al frente de este ente gubernamental, es velar porque se cumplan los derechos de los niños, niñas y adolescentes. En eso estoy conteste. Pero luego nos encontramos con estudiantes en las universidades con deficiencias. Necesitamos excelencia. A Dios gracias, aún tenemos excepciones. Se abre el debate.
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