Raquel Gamus: Querer no es poder

Compartir

 

A mí me pasa a veces, no sé si a los otros articulistas, que antes de sentarme frente a la computadora para escribir un artículo, me paseo por una diversidad de temas que me gustaría abordar. No sé si tiene que ver con cierta indecisión que según se dice caracteriza a los nacidos bajo el signo de Libra. Pero sea cual sea la razón, traigo a colación este hecho anecdótico porque a pesar de que me resistía a escribir sobre la candidatura de Rosales debido a que es mucha la tinta que ha corrido en los pocos días desde la inscripción de su candidatura, gran parte de implacables detractores, sentí la imperiosa necesidad de fijar mi posición, aun corriendo el riesgo de que se solape con argumentos de articulistas y analistas con los cuales coincido.

Lo primero que no hay que olvidar es que estamos ante las elecciones menos libres y más sucias que se hayan efectuado no solo de la era chavista que no es poco, a todos los abusos cometidos en la selección de la fecha de las elecciones, la reducción con las tarjetas con las cuales se puede participar, cuya guinda de la torta fue el desparpajo de impedir el acceso a la candidatura de Corina Yoris, la candidata seleccionada para sustituir a María Corina, por ella misma y por toda la Plataforma Unitaria, lo que llevó además de los países democráticos a criticarlo con firmeza, también algo muy relevante, como es el hecho de que aliados del gobierno de Maduro como Lula, Pepe Mujica y Gustavo Petro lo criticaran fuertemente y le soliciten el respeto a las elecciones libres (sigue faltando el gobierno de Pedro Sánchez). A Jorge Rodríguez no le tembló la voz para mandar también a estos caros aliados a meterse sus opiniones por donde no les quepa el Sol.

Que le hayan permitido a Manuel  Rosales inscribirse minutos antes del cierre del registro por considerarlo un candidato “potable”, produjo como era de esperarse sospechas e indignación. No hay que ser muy avispado para entender que esto formaba parte de los cálculos del gobierno.

Debo decir que Manuel Rosales no es personaje que me haya simpatizado nunca, desde que en las elecciones de 2006 cuando Teodoro Petkoff en un gesto noble que denotaba además que era un animal político, al darse cuenta de que lo aventajaba en intención de voto, renunció a su candidatura para apoyarlo. Por supuesto, voté por él. Ya desde ese entonces no le faltaron detractores a Rosales, esta vez provenientes del chavismo, lo que obligó a Teodoro en otro acto de generosidad a escribir un artículo en su defensa que ha circulado recientemente.

Pero resulta que los detractores de ahora provienen de la oposición, se le ha acusado de todo, de colaboracionista, de corrupto, de marioneta y vendido a Maduro. Sin que nadie haya presentado ninguna prueba sobre tales afirmaciones, han sido compradas placenteramente por un importante contingente de opinadores. Yo no me voy a detener en estas acusaciones.  Si queremos salir de esta desastrosa cúpula que nos gobierna desde hace un cuarto de siglo me pregunto: de no permitirse la inscripción de un candidato propuesto por la Plataforma Unitaria, como es casi seguro que sucederá, qué haríamos, abstenernos o votar por un candidato que ha demostrado ser un demócrata y cuya gestión 2 veces al frente de la gobernación del estado parecieran demostrar que no ha sido fracasada. Aunque no sea totalmente de nuestro gusto, si pudiera encabezar un gobierno de transición que tendría que hacer importantes concesiones pero que abra una ventana de libertad, no sería desdeñable.

Mientras las redes explotan, seguramente los distintos sectores políticos de oposición estarán negociando, esperemos con paciencia y no boicoteemos desde ya cualquier posibilidad de cambio, por chucuto que nos parezca.

 

Traducción »

Sobre María Corina Machado