A propósito de lo que nos toca atender en breve, quisiera recordar el coro de la famosa canción de Rubén Blades, cuyo título encabeza este artículo: ¨…salgan y hagan sus apuestas, ciudadanía¨!
Por supuesto que no se nos ocurre que solo sea un asunto lanzado a la suerte, sino por el contrario, un ejercicio profundo y serio de reflexión acerca de lo que deseamos como destino inmediato para nuestro país, y las posibles fórmulas para llevar a cabo la tarea ciclópea de la reconstrucción.
Para el momento de la publicación de este trabajo, estaremos a escasos cinco (5) días del inicio de las postulaciones de los candidatos presidenciales para las elecciones convocadas para el 28 de julio de este año.
Ya han asomado sus nombres un conjunto de ciudadanos en ejercicio de su derecho, pero también hay otros a quienes injusta e ilegalmente, se les ha negado esa posibilidad, y esa es la cruel realidad. Reconocemos el derecho que tienen unos y otros a postularse, o a luchar por su habilitación.
Sin embargo, tenemos la obligación de administrar la política con sensatez y pragmatismo, la hora que vivimos nos obliga a pensar en la necesidad de vencer electoralmente de manera rotunda, para que no haya dudas y el mundo entero lo sepa y certifique.
Varios amigos con la misma preocupación, y sana intención, han propuesto que se inscriba todo el que quiera, y luego decidimos quien es el mejor, o más popular. Respetamos su manera de ver las cosas, pero sugerimos todo lo contrario.
Esto no es un concurso de popularidad exclusivamente, sino de responsabilidad histórica. Se trata de ganar las elecciones para comenzar, no solo la recuperación social y económica del país; frenar la destrucción ya causada, y promover cambios político-constitucionales para darle sentido a la transición democrática de manera ordenada, y por consenso con todas las fuerzas representadas en el parlamento que habrá de elegirse en 2025.
Construir ese piso político institucional es precisamente lo que hará posible que más nunca haya presos políticos, nadie sea injustamente inhabilitado, y pueda competir libremente; que haya respeto por el estado de derecho; la descentralización y desconcentración del poder.
Esta es una hora difícil para todos, y precisamente por eso, es que debemos hacer un esfuerzo de patriotismo, y desprendimiento, para acometer la tarea del cambio sin traumas.
Lo hemos dicho en otras oportunidades, el candidato tiene que ser de amplia experiencia; de gran formación; dispuesto a ofrecer garantías a todos los sectores, especialmente al gobierno para que sepan que esto no va de odios; venganzas, ni persecuciones. Tenemos el deber de convivir, y garantizar la alternabilidad sin sobresaltos. Que extienda los brazos a todos los sectores: políticos de gobierno y oposición; empresarios; trabajadores; academias, y también a todos los países del mundo con los cuales tendremos que mantener las mejores relaciones de intercambio comercial; cultural; científico, y diplomático.
Aun ganando las elecciones y garantizando su reconocimiento por parte del oficialismo, desde el primer día de gobierno, igual tendremos casi todo en contra: Asamblea Nacional; TSJ; Contraloría; Defensoría del Pueblo; Fiscalía; CNE; 19 Gobernaciones; más de 200 Alcaldías, y la FANB que se ha configurado en estos 25 años. Se necesita experiencia; serenidad y sabiduría.
Lo normal es que los aspirantes salgan a buscar a los ciudadanos en procura de respaldo. Esta fórmula heterodoxa que planteamos sugiere que todos los que se han asomado se retiren, y den paso para que salgamos a ofrecer la candidatura a un venezolano con las credenciales descritas.
Varios compatriotas pueden reunir buenas condiciones, pero no todos tienen la misma entidad. Este es un momento crucial, y decisivo, y por ello no podemos equivocarnos otra vez.
Con la convicción de la necesidad de garantizar la transición pacífica que necesitamos, proponemos invitar y convencer al Dr. Eduardo Fernández para que acepte encabezar la candidatura de toda la oposición, y conduzca al país como el Estadista que merecemos.
@romanibarra

