Una historia simple, de Santa Ana del norte en la isla de Margarita.
La noche del 27 de febrero murió el gato de mi hermana, el que la acompañaba en la casa donde vive. Me provocó risa el nombre que le puso, simplemente “Gato”, y es que por ejemplo mi gata se llama Nurú, y así en general uno busca un nombre para su mascota casi cuidadosamente, pero ella se salvó de esa búsqueda.
El hecho es que al recibir esa casa, el cat empezó a visitarla, buscando insistente algún trozo de comida, parece que el anterior ocupante del inmueble lo había acostumbrado a darle su porción, y el gato iba, en principio mi hermana que era reacia a atender animales y que no recuerdo que haya mostrado agrado por los animalitos ni siendo niña, no le conocí mascotas, está vez no le quedó otra que atender a gato y empezó a llámalo así simplemente. Se acostumbró a su compañía, creándose un vínculo, ella le daba comida y él se colocaba debajo de su cama a la hora de dormir.
Las cosas se fueron dando, un día en algún intercambio verificó que el vínculo de afecto estaba construido, entonces le acaricio en la cabeza entre las orejas deslizando su mano por el pelaje, sintiendo la felicidad de gato adentro de ella, así empieza el festín del amor, el agradecimiento de amar y ser amado. Hoy mi hermana me dio la noticia por Whatsapp, vi el mensaje unas horas después, y le escribí de inmediato.
Finalizo diciendo que la verdad es que me entristecí porque las mascotas son una gran compañía. Vienen al mundo a darnos su amor y nos aman gratis.

