Papel Literario del 28 de enero de 2024, por Nelson Rivera

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Amigos lectores:

I. En el último trecho de la nota que despliego en las páginas 1 y 2, digo que después de haber leído -años atrás- el portentoso estudio de Raul HilbergLa destrucción de los judíos de Europa, seguidos de los dos volúmenes de El Tercer Reich y los judíos, sistemático relato de los capítulos fundamentales del Holocausto -obra de Saul Friedlander– la aparición de otra investigación de tan amplias ambiciones, me lucía como improbable. Pero en 2011 fue traducido al español Tierras de sangre. Europa entre Hitler y Stalin, del historiador estadounidense Timothy Snyder: una especie de reporte catastral de los programas de asesinato de masas, emprendidos por Stalin Hitler, y que alcanzó con la Shoá su abismo más desgarrador, su cesura, el quiebre de lo humano. Lo tengo como un libro incomparable: riqueza documental, prosa de elocuencias, despliegue de lo que comunistas y nazis han sido y son capaces de hacer con las vidas humanas.

“En Chelmno, a finales de 1941, ya funcionaba una furgoneta de gas. Allí mismo y en Belzec se construían cámaras de gas. Himmler bramaba por eficiencia. Más muertos, más rápido, con menor inversión. Matar judíos: triunfo en sí mismo. Los fusilamientos continuaban. Es conocido el episodio de la visita de Himmler a Misk, donde le ofrecieron el espectáculo de ejecuciones de judíos filmadas con cámaras de cine. El frenesí de la muerte, lanzado a su júbilo sin límites. En Bielorrusia, hacia finales de 1942, los alemanes sumaban casi 210 mil judíos asesinados. La lógica avanzaba indetenible: entre diciembre de 1941 y noviembre de 1944, en Chelmno, Belzec, Sobibor, Treblinka, Majdanek y Auschwitz fueron gaseados un millón trescientos mil judíos, en una operación que había convocado a expertos, científicos, ingenieros y médicos, orgullosos de que en campos como Belzec y Sobibor habían logrado que las cámaras de la muerte produjeran una mortalidad de 99,99% (en Belzec sobrevivieron dos o tres judíos; otros 434 mil 508 perdieron la vida). Los responsables escribían cartas a sus esposas: “hay mucho por hacer y es divertido”. “Estoy contento y orgulloso por mis logros”. “He logrado ir más lejos que mis colegas”.

II. “A la consternación que sentimos por la matanza que el 7 de octubre pasado ocasionaron terroristas fundamentalistas de Hamás entre civiles, mujeres, niños, ancianos, primero en el desierto de Neguev, donde se realizaba el Festival de música Nova, y luego dentro de escondites o casas, en una operación cuidadosamente planeada, ha seguido el horror de una guerra que se mantiene ya por meses, y que ha escalado en número de víctimas –datos cuya vigencia caduca día a día–, destrucción de ciudades y propagación a otras regiones del Oriente Medio”. El artículo se titula El fanatismo está vivo y matando. Escribe Elizabeth Rojas PerníaPágina 3.

III. Narra Edgar Cherubuni Lecuna: “Hace nueve años, el 7 de enero de 2015, un comando terrorista irrumpió en la sala de redacción del semanario Charlie Hebdo en París, donde se encontraban reunidos su director Stéphane Charbonnier con la plantilla de redactores y los populares caricaturistas Cabu y Wolinski, los doce periodistas fueron masacrados al grito de “¡Allahu-akbar!” (Alá es el más grande), proferido entre ráfagas de kaláshnikovs. Al día siguiente, impactados por la noticia, los periodistas de todos los medios salimos a las calles de París junto a cientos de miles de franceses indignados por lo sucedido, como lo recoge el editorial de L’Echo: “No solo ha sido herida mortalmente la libertad de prensa sino los valores de la República”.

Cherubini Lecuna, no solo vuelve a los hechos de aquella carnicería ejecutada por militantes del islamismo radical, también nos advierte de los peligros de la mundialización de la Yihad. Se ofrece en la página 4.

IV. Jeudiel Martínez es sociólogo y escritor venezolano residenciado en Brasil. Le propuse que escribiera una secuencia de textos breves, dedicados a recordar de forma sumaria, las historias de autores exiliados a lo largo de dos siglos. Su selección arranca con Francisco de Miranda y, a continuación le siguen Andrés BelloJuan Antonio Pérez-BonaldeTeresa de la ParraRafael de Nogales MéndezCésar ZumetaRufino Blanco-FombonaJosé Rafael PocaterraAndrés Eloy BlancoMario Briceño IragorryRómulo GallegosJuan Pablo Pérez AlfonzoLos DisidentesPedro Duno y cierra con Domingo Alberto Rangel. Escribe Jeudiel Martínez al inicio de su recorrido: “Exilio, éxodo, fuga, expatriación, en sí esas palabras delimitan experiencias diferentes pero frecuentemente unas se superponen con las otras de una manera que hace difícil diferenciarlas: ¿no son exiliados los que se van antes de ser apresados o expulsados? ¿No son expatriados también los que tienen que salir de su país para poder trabajar? ¿No hace un éxodo, aunque involuntario, aquel que es sacado a la fuerza de su país?”. Ocupa las páginas 5, 6 y 7.

V. En algún momento del 2021, el portal El Pitazo puso en circulación una singular iniciativa: el boletín digital Guayabo, bajo la dirección de la periodista y escritora Mireya TabuasGuayabo debe ser la única publicación producida por el periodismo venezolano dedicada a la sentimentalidad de los emigrados: relatos de recuerdos, nostalgias, conductas en los lugares donde ahora viven, preservación de las costumbres, adaptación cultural y más. Tabuas, que emigró a Chile en 2014, al tiempo que ha mantenido viva la publicación, muchas veces ‘inventando’ temas particularmente ingeniosos, ha reflexionado sobre las implicaciones personales y sociales del fenómeno. La entrevista que le hice está en las páginas 8 y 9. En la aproximación de Tabuas hay la sensibilidad de lo cotidiano, la proximidad inevitable de alguien que mira la cuestión desde adentro, pero, al mismo tiempo, que no se deja arrastrar por la tentación de generalizar o de adoptar pensamientos cómodos. “Aquí hay un punto importante: en buena parte de los países, especialmente en América Latina, las noticias sobre la migración venezolana están asociadas al mal: somos noticia cuando somos los “malos actores”. En muchos de los países de acogida, se reseña la criminalidad y miseria que asocian (incluso intencionalmente) a los migrantes, y nunca (o casi nunca) los beneficios y logros de la migración. Hay una discriminación evidente: los venezolanos pasamos, en la mayoría de los países, de ser los “bienvenidos” a los “malvenidos” (podemos inventar esa palabra aún no acogida por la RAE). Mediáticamente se ha configurado una etiqueta que hiere nuestra identidad”.

VI. La delincuencia organizada es, junto a la emigración, uno de los hechos que mayor proyección e impacto ha generado más allá de las fronteras venezolanas. La entronización de la delincuencia organizada; el insólito poderío que adquirió dentro del territorio venezolano y, más adelante, en varios países de América Latina; los reiterados y múltiples vínculos entre pranes y altos jefes gubernamentales, todo ello, por fortuna, ha sido y es recurrente materia de investigaciones periodísticas, muchas de las cuales han sido vertidas en libros ineludibles para la comprensión de estos 25 años de tragedia venezolana (está pendiente, me parece, la reflexión que muestre la sintonía conceptual, operativa y real entre terrorismo de Estado y la delincuencia organizada venezolana).

Puede decirse: el relato sobre el auge de la delincuencia organizada tiene su primer capítulo, insólito, desquiciado y hasta melodramático, en la historia de Wilmer BrizuelaWilmito, finalmente asesinado en el penal de Tocorón el 1 de abril de 2017. Al periodista Alfredo Meza -quien, por cierto, participará el domingo 28 de enero en el Hay Festival de Cartagena- debemos Wilmito. La historia del primer pran de Venezuela, clarificador y fluido reportaje sobre la corta y abigarrada vida del criminal. En sus páginas, escritas con limpidez inusual, puede entreverse cómo Brizuela construyó un modelo operativo y de negocios, que se ha reproducido en nuestra Venezuela, causando destrucción de vidas, de patrimonio y hasta de la misma institucionalidad.

Los dos textos que vienen en la página 10 son los de apertura del volumen: el prólogo del periodista salvadoreño Óscar Martínez, jefe redacción de El faro y autor de libros también indispensables (entre ellos, Los muertos y el periodista, de 2021), y un texto del propio Meza, que arranca así:

“A papá le robaron el auto la madrugada del 9 de abril de 2014. Yo estaba de viaje y me enteré cinco horas después porque tenía el teléfono apagado. Cuando lo encendí, el aparato vibró tantas veces que entendí que alguien había estado tratando sin éxito de comunicarse conmigo. Tenía varios mensajes de mamá. No parecía la misma mujer, que destacaba por el timbre agudo de su risa o por la tesitura de su voz, de inflexiones autoritarias. Me hablaba con pena, como si quisiera evitar que alguien la escuchara. Nunca le pude preguntar a papá si estaba de acuerdo con lo que ella me pidió entonces. Prefiero pensar que mamá estaba consciente de que él nunca hubiera avalado lo que ella estaba a punto de plantearme”.

VII. ¿Hay alguna de estas páginas que no sea esencial de algún modo, o porque contiene una visión de nuestro tiempo o  porque nos habla de cuestiones con las que vivimos cada día?

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Nelson Rivera.

 

Traducción »

Sobre María Corina Machado