Yassamine Mather: Los Hutíes una gota en el Mar Rojo

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Como los lectores sabrán, Yemen ha sido escenario de una gran guerra civil durante los últimos 10 años: su población de 29 millones de personas se ha enfrentado a la muerte y el hambre durante la mayor parte de este período. Según los organismos de las Naciones Unidas, el país se enfrenta a una “crisis humanitaria”. Al menos 150.000 yemeníes han sido asesinados como resultado directo del conflicto, mientras que 2.270.000 han muerto debido a la actual hambruna y la falta de atención médica.

Sin embargo, los países imperialistas, liderados por los Estados Unidos (la “comunidad internacional”) han prestado muy poca atención a Yemen, hasta hace unas semanas, cuando los llamados “rebeldes hutíes” comenzaron a atacar a los buques de carga. A principios de enero, Joe Biden explicaba las razones del uso de la poderosa fuerza aérea de los Estados Unidos, además de la pequeña contribución de la RAF británica, contra un país empobrecido y devastado por la guerra como una “respuesta directa a ataques hutíes sin precedentes contra buques marítimos internacionales en el Mar Rojo”.

Para entender la situación actual, es importante revisar la historia del país.

En 1839, los británicos establecieron un protectorado alrededor de la ciudad portuaria de Adén, que abarca el sureste de Yemen, como parte de su imperio indio. En 1918, los imames chiítas establecieron un reino en el norte de Yemen, declarando su independencia del imperio otomano. Durante la década de 1960, se produjeron una rebelión militar y una guerra civil de seis años, con Arabia Saudí y Egipto apoyando a los bandos enfrentados. Este conflicto resultó en el derrocamiento del rey y el establecimiento de la República Árabe de Yemen. En 1967, tras la retirada británica del sur, se creó la República Popular de Yemen. Con el Movimiento de Corrección de 1969, se alineó estrechamente con el campo “socialista” de la URSS, convirtiéndose en la República Democrática Popular de Yemen (también conocida como Yemen del Sur). En 1990, tras el final de la guerra fría y el cese de los subsidios soviéticos, los dos yemenes se unieron. Sin embargo, en 1994, las tensiones norte-sur estallaron de nuevo, lo que llevó al entonces presidente Ali Abdullah Saleh a desplegar fuerzas armadas para suprimir un movimiento secesionista del sur, lo que resultó en una guerra civil.

En lo que respecta a los grupos islamistas de Yemen, es crucial hacer una distinción clara entre las varias facciones salafis y otras facciones. La intervención prosuní de Arabia Saudí desencadenó la primera ronda del conflicto con los hutíes, que duró de 2004 a 2010. Los grupos suníes incluían a la Hermandad Musulmana, así como a una facción de al Qa’eda.

Los hutíes en Yemen son seguidores del Zayd ibn Ali, que lideró una rebelión fallida contra el califato omeya en el siglo VIII. La secta pro-Zayd difiere del “chiismo duodecimano” de países como Irán e Irak. Tienen sus propias creencias religiosas y políticas distintas, no aceptan la “infalibilidad” de los Doce Imanes y, en términos de doctrina, están más cerca de los sunitas. Consideran que el racionalismo es más importante que el literalismo coránico y en el pasado fueron bastante tolerantes con el shafiismo suní, una religión seguida por aproximadamente la mitad de la población yemení. Su reciente alianza con el Irán chiíta refleja las necesidades políticas en lugar de una profunda asociación religiosa.

También tenemos que tener en cuenta los acontecimientos alrededor de 2011 y la Primavera Árabe. Yemen fue uno de los primeros países en los que hubo protestas a favor de la democracia. Grandes multitudes de manifestantes se reunieron en Sana’a, la capital, así como en varios centros urbanos yemeníes, exigiendo la renuncia del presidente Saleh. Defendieron consignas contra la corrupción del gobierno y la pobreza. Las manifestaciones yemeníes, que parecían estar coordinadas por una coalición de grupos de oposición, resultaron en la derrocamiento de Saleh en 2012. Esto llevó a una intervención militar iniciada por Arabia Saudí y los Emiratos Árabes Unidos en marzo de 2015.

Internacional

En 2012, tras una iniciativa del Consejo de Cooperación del Golfo (CCG), a Saleh se le concedió inmunidad penal local, y su adjunto, Abdrabbuh Mansour Hadi, se convirtió en el presidente de transición no cuestionado por un mandato de dos años. Hasta el día de hoy, sigue siendo reconocido internacionalmente como el presidente oficial de Yemen, ¡a pesar de que ha vivido en el exilio en Arabia Saudí desde 2015! Mientras tanto, Irán ha reconocido al Gobierno de Salvación Nacional Huti en Saná.

En 2013, la ONU, en colaboración con el CCG, estableció la Conferencia de Diálogo Nacional de Yemen (NDC). Tenía como objetivo involucrar a varios grupos políticos, incluidos representantes del sur y del partido político hutí, conocido como Ansar Allah, así como a entidades conocidas como “sociedad civil”.

El resultado de los esfuerzos del NDC, publicado en 2014, extendió el mandato de Hadi por un año para supervisar una transición a las elecciones multipartidistas. Estableció una representación igualitaria entre el norte y el sur en un cuerpo legislativo y aseguró la “libertad de religión y un estado no sectario”. Sin embargo, los enfrentamientos entre hutíes y suníes y las protestas populares continuaron, lo que finalmente llevó a la rebelión hutí y a la salida de Hadi a principios de 2015. Lo que fue seguido por una intervención militar dirigida por Arabia Saudí llamada Operación Tormenta Decisiva (en árabe, Amaliyyat Āsifat al-Hazm), que incluyó una campaña de bombardeo contra los hutíes, más tarde un bloqueo naval, y el despliegue de fuerzas terrestres en Yemen.

Los Estados Unidos ayudaron a los saudíes con inteligencia y apoyo logístico, incluido el reabastecimiento aéreo de aviones militares y operaciones de búsqueda y rescate de pilotos derribados. El ministro de Relaciones Exteriores saudí, el príncipe Faisal bin Farhan, ha declarado que los oficiales militares estadounidenses y británicos estaban presentes en el centro de mando y control que supervisaba los ataques aéreos dirigidos por Arabia Saudí a Yemen.

Los hutíes controlan actualmente casi todo el norte de Yemen, y después de más de ocho años de guerra, Arabia Saudí no ha logrado sus objetivos en el país. Antes de la guerra de Gaza de octubre de 2023, Arabia Saudí y los hutíes estaban en conversaciones sobre un posible acuerdo que podría haber ayudado a poner fin a la guerra civil: la delegación hutí y los negociadores omaníes visitaron Arabia Saudí en septiembre de 2023 para finalizar los detalles. Sin embargo, la guerra en Gaza ha dominado desde entonces la agenda política en Oriente Medio, lo que ha llevado a una pausa temporal en las conversaciones. En particular, los saudíes se han negado a unirse a la coalición liderada por Estados Unidos contra los hutíes. A medida que se estaban llevando a cabo los bombardeos de los bastiones hutíes por parte de EEUU y el Reino Unido, el Ministerio de Relaciones Exteriores del reino emitió una declaración en la que expresaba “gran preocupación” y se pedía “autocontención y evitar la escalada”.

Como dijo Helen Lackner, una reconocida experta en Yemen, en una entrevista con el sitio web de Jadaliyya: “Yemen aparece en los medios de comunicación cuando ocurren dos tipos principales de sucesos: en primer lugar, los ataques asesinos y escandalosos que causan un gran número de muertes y heridos de civiles. Este ha sido el caso en los primeros años de la guerra, cuando las fuerzas aéreas de la coalición liderada por Arabia Saudí aparentemente bombardearon indiscriminadamente objetivos civiles y celebraciones en las que muchas personas se reunían, como bodas y mercados. A pesar de los esfuerzos de los medios sociales y tradicionales bajo la influencia de Arabia Saudí y los Emiratos Árabes Unidos para limitar la cobertura, la cobertura de tales eventos superó las barreras impuestas.

Como su número ha disminuido desde 2020, la segunda razón de la preocupación de los medios de comunicación en relación a Yemen se ha centrado en la crisis humanitaria, que, hasta la de Afganistán a mediados de 2021, fue descrita oficialmente por la ONU como “la peor del mundo”. Con el empeoramiento de numerosas crisis políticas, militares y humanitarias en todo el mundo, Yemen está “compitiendo” por la atención con muchas otras crisis, algunas de las cuales son más conocidas gracias a las grandes comunidades de expatriados y la prominencia internacional anterior o su proximidad geográfica a Occidente”.1

Los hutíes a menudo son etiquetados como aliados o una fuerza interpuesta de Irán. Sin embargo, aunque Irán es un aliado importante, esto no es exacto. Públicamente, el líder supremo de Irán, el ayatolá Ali Khamenei, elogió sus acciones el 15 de enero, pero no hay duda de que en su respuesta “calibrada” a las muchas amenazas de guerra recibidas de los EEUU, la República Islámica de Irán, junto con Arabia Saudí, está alentando a los hutíes a mostrar “autocontrol”. Después de una guerra de una década, incluidos los éxitos militares que les han dado el control de la mitad de Yemen, los hutíes tienen sus propios objetivos políticos y agenda, y toman decisiones independientes, sobre todo con respecto a los ataques al transporte marítimo. Esta autonomía es una razón clave por la que es poco probable que el último mensaje “secreto” enviado por Biden a las autoridades iranís detenga los ataques a los barcos que atraviesan el estrecho de Bab-al Mandab.

Oportunidad

El régimen islámico en Teherán está seriamente preocupado por una escalada de la guerra en Oriente Medio en vista de las amenazas inequívocas de Biden de una intervención militar contra Irán. No sabemos exactamente en que consiste la amaneza, pero podemos suponer que incluye el bombardeo de bases nucleares, de seguridad y militares. Por otro lado, Irán ha prometido a sus partidarios que se vengará de los recientes asesinatos de mandos importantes de la IRGC (Guardias Revolucionarios), así como de sus aliados de Hezbolá. Dos guerras en la región, en Gaza y Bab-al Mandab, han brindado la oportunidad de ejecutar medidas calculadas pero limitadas contra las fuerzas pro-israelíes en la región, así como contra los grupos afiliados de su archi-enemigo, el Estado Islámico.

Por esta razón, Irán ha lanzado una serie de ataques con misiles contra objetivos en Siria, el norte de Irak y Pakistán en los últimos días. Según la República Islámica, el primer objetivo en Siria fue el Estado Islámico y los misiles utilizados fueron misiles “anti-fortalezas” con un alcance de 1.400 km. A principios de este mes, IS emitió una declaración reclamando la responsabilidad de dos bombas que mataron a 91 personas, en un masacre indiscriminada cerca de la tumba de Qassem Suleimani. Irán ha acusado al Estado Islámico de colaborar con Israel, citando la supuesta cooperación previa entre Israel y el EI en Siria durante la guerra civil de ese país.

El segundo ataque fue contra lo que Irán llamó un “centro de espionaje” en la ciudad de Erbil, en el Kurdistán iraquí. Los ataques con misiles fueron llevados a cabo por la Guardia Revolucionaria de Irán. El 15 de enero, el IRGC lanzó misiles balísticos contra lo que llamó “cuartel general de espías” israelíes en la región kurda de Iraq, alegando que esto era parte de una política de “defender su seguridad y combatir el terrorismo”.

Es difícil evaluar la veracidad de esta afirmación. Sin embargo, el gobierno kurdo autónomo mantiene buenas relaciones con Israel, y los agentes del Mossad operan en esa región. El 16 de enero, la televisión estatal de Irán dijo que había atacado dos sitios pertenecientes a Jaish ul-Adl (“Ejército de Justicia”), un grupo étnico musulmán sunita baluchi que ha llevado a cabo ataques dentro de Irán con misiles.

Los tres ataques sucesivos resultaron en la muerte de varios civiles y aumentaron la tensión en la región. Sin embargo, cuando la “comunidad internacional” dice tan poco sobre la muerte de al menos 24.000 palestinos en Gaza, es inevitable que los llamados “estados canallas” como Irán vean la oportunidad de atacar lo que califican de “enemigos terroristas” en otros países.

Además de los ataques de Estados Unidos y Gran Bretaña, las acciones de la República Islámica de Irán deben ser condenadas. Pero en comparación con el genocidio sistemático de los palestinos en Gaza, son una pequeña gota en un océano de injusticia global.

Nota:

1. www.jadaliyya.com/Details/44820.

Es una socialista iraní exiliada en el Reino Unido, profesora de la Universidad de Glasgow y Directora de la Campaña “Fuera las manos del Pueblo de Irán” (HOPI).

 

Traducción »

Sobre María Corina Machado