En el referendo formalmente realizado para captar la atención del país respecto al histórico reclamo del Esequibo ocurrieron hechos contables que tienen un solo beneficiario: el gobierno actual de Guyana. Pues en el lado venezolano perdimos todos, principalmente un estatus quo que apostó por una jugada electoral para apagar el incendio de las primarias opositoras, que crearon un liderazgo muy opaco ante la necesidad de negociar con el gobierno y muy difícil de derrotar en unas elecciones medianamente limpias. Hoy el estruendoso fracaso de la consulta-reclamo, pese a la justeza de algunas de sus preguntas y de las amenazas de una incursión en el territorio reclamado, han dificultado muchísimo la serena y eficaz reivindicación de nuestros derechos territoriales, y perjudican la posibilidad de realización de los acuerdos nacionales e internacionales para una jornada electoral razonablemente limpia y segura el año que viene.
No obstante, a que buena parte de la atención de la gente que trabaja en educación tiene que estar puesta en la evolución de las condiciones en que se desarrolla su lucha para una vida mejor, hoy cuando asistimos al desastre político que resulto de la consulta sobre el Esequibo, es fundamental pensar y actuar cauta pero enérgicamente frente a las posibilidades que ofrece la confrontación electoral venidera. Respecto a lo cual nos permitimos apuntar que quizás el punto más difícil por complejo para la construcción colectiva de la Alternativa Educativa, sea el asunto de la Revalorización De La Función Docente Como Ejercicio Profesional De Alto Nivel Académico Y Tecnológico-FuncionaL. Si acaso pueda hacerse dadas las estrecheces del momento político en que estamos; que es mejor que el de ayer por los acuerdos de Barbados, y la acción de la PUD que hizo posible las primarias, pero que bien puede ser peor del de mañana, si pasa lo que muchos temen: el incumplimiento masivo de los acuerdos si se imponen el halconato de uno y otro lado en el diferendo con Guyana.
El esfuerzo que tiene que hacerse en la edificación de una opción digna para el trabajo en educación, tiene que desatar muchos nudos críticos; entre los cuales destaca el mejoramiento de su calidad de vida por intermedio de una política salarial que lo impulse, al lado de otros beneficios complementarios. Sin mejor salario es muy difícil que funcionen otros aspectos de lo que puede hacerse para mejorar la vida y desempeño del trabajo pedagógico. Ese trabajo profesional tiene que hacerse en condiciones razonables, de naturaleza física y espiritual, por intermedio de la formación cultural y tecnológica del docente y el equipamiento tecnológico y físico de los ambientes de trabajo y estudio. Todos esos asuntos hay que resolver, dentro de las estrecheces que impone la ya larguísima depresión que tenemos desde el 2007, cuando se dilapidó el más alto y largo proceso de ingreso fiscal alto que haya conocido la historia del país.
Por supuesto que lo anotado no agota lo que hay que hacer para revalorizar la profesión docente como requisito indispensable para avanzar despiertos en el siglo XXI, no narcotizados por ideales pedagógicos propios del siglo XIX; tal lo refleja la gestión y la política pública de la educación que hay que reformar con la urgencia propia de la necesidad de hacer a Venezuela un país vivible y no emisor de carne para la diáspora criolla.
Revista: 981 memoria Educativa Venezolana, paso a paso

