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Los Estados Unidos trata de blindar su pertenencia en la OTAN

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Tiene temor a que Donald Trump salga de la organización si gana en 2024.

El presidente no suspenderá, concluirá, denunciará, o retirará a Estados Unidos del Tratado del Atlántico Norte, realizado en Washington DC el 4 de abril de 1949, salvo que sea con el asesoramiento y la autorización del Senado, siempre y cuando dos tercios de los miembros de esa cámara voten a favor, o que haya una Ley del Congreso autorizándolo.

Perdida entre las 3.093 páginas de la Ley de Autorización de Defensa del año fiscal 2024 – es decir, el presupuesto Defensa – que fue aprobada el jueves, está esa frase. Es la sección 133b H del texto legislativo, y su mensaje no es tanto institucional como político. Su audiencia es una persona: Donald Trump.

El mensaje es claro: si Trump gana las elecciones en 2024 – lo que a día de hoy es probable – y vuelve a la Casa Blanca, no podrá sacar a EEUU de la OTAN. La sección fue propuesta por el senador demócrata Tim Kaine, que fue candidato a la vicepresidencia con Hillary Clinton precisamente en las elecciones que Trump ganó, y el republicano Marco Rubio, aunque luego se sumaron a ella siete demócratas y otro republicano más. Su inclusión en el texto de la Ley no significa que la pertenencia de EEUU a la OTAN esté atornillada para siempre. El Presupuesto de Defensa de 2025 – o el de cualquier año, u otra ley – podría cambiarla, pero eso exigiría quemar un capital político considerable y desataría con toda probabilidad una tormenta política. Un detalle significativo es que en 2018, una iniciativa similar no prosperó.

Ahora sí lo ha hecho, acaso porque en Washington el temor a que Trump saque a EEUU de la OTAN está generalizado. Ya cuando era presidente se planteó esa posibilidad. Fue en noviembre y diciembre de 2020, después de que Trump perdiera las elecciones contra Joe Biden y, a consecuencia de ello, cesara al secretario de Defensa, Mark Esper. Según el periodista de la cadena de televisión ABC Jonathan Karl, en aquellas semanas Trump firmó un documento alamborado por sus colaboradores Douglas Macgregor – uno de los más destacados defensores de la invasión rusa de Ucrania – y Johny McEntee ordenando la retirada de los soldados estadounidenses de una serie de países, entre ellos varios europeos.

La orden no cumplía los requisitos legales ni de procedimiento, y fue paralizada por el secretario de Defensa en funciones, Christopher Miller, y el jefe de la Junta de Jefes del Estado Mayor, el general Mark Milley. Pero es un precedente. Más aún porque McEntee, que tiene en la actualidad 33 años, es el principal candidato a ejercer el cargo de secretario de Defensa si Trump gana las elecciones, aunque su confirmación por el Senado no parece clara dada su ludopatía, que ya provocó su despido de la Casa Blanca en 2018. Su presencia en el círculo más cercano al candidato refleja el carácter marginal y radical del equipo de Trump en estos comicios. Frente a gente como McEntee o Macgregor, la OTAN, con sus alambicadas normas y acuerdos, es una pérdida de tiempo.

Pero es que el propio ex presidente está radicalizado, como revela su programa electoral, que recibe el nombre ‘Agenda 47’, y en el que afirma que “tenemos que finalizar el proceso iniciado bajo mi Gobierno de reevaluar profundamente la misión y la finalidad de la OTAN. El establishment que dirige nuestra política exterior sigue insistiendo en arrastrar al mundo a un conflicto con una Rusia armada con bombas atómicas, basándose en la mentira de que Rusia representa nuestra mayor amenaza. Pero la mayor amenaza para la civilización occidental hoy no es Rusia; somos, probablemente, y más que ningún otro, nosotros mismos”. No es un discurso de Vladimir Putin, sino el programa electoral del hombre que va por delante en las encuestas en EEUU.

Las embajadas europeas en Washington también son muy conscientes de que la amenaza va en serio. Según el diario New York Times, el embajador de Finlandia, Mikko Hautala, ha contactado directamente con Trump para tratar de convencerle de las ventajas de la OTAN, una organización en la que ese país entró a consecuencia de la invasión rusa de Ucrania, posiblemente ante el temor de que ellos fueran los siguientes en recibir a los tanques de Putin.

La gran incertidumbre es la personalidad de Trump. El ex presidente y ahora candidato es un personaje volátil, y no es ninguna exageración decir que hace caso a la última persona con la que habla de un tema. Un buen ejemplo de ello fue su decisión de retirar a los soldados de Estados Unidos de Siria a finales de diciembre de 2018 durante una conversación telefónica con el presidente turco Recep Tayyip Erdogan. En aquella ocasión, lo que arruinó la Nochevieja de los embajadores europeos en Washington fue el temor a que, tras Siria, Trump decidiera lo mismo con los soldados en Irak, lo que hubiera supuesto el final de la guerra contra el Estado Islámico. Finalmente, y en un nuevo giro de guion, Trump dio marcha atrás en 2019 y no salió de Siria.

Eso hace complicado saber qué va a hacer Trump. La frase de la web de su campaña puede significar lo que se quiera. También es falsa: con él en la Casa Blanca, EEUU no reevaluó nada de la OTAN, aunque sí lanzó una serie de ataques más o menos furibundos a sus socios europeos. Trump repitió una y otra vez que Estados Unidos paga la mayor parte del presupuesto de la Alianza, lo que también es mentira, porque ésta solo tiene dotación financiera para costear el mantenimiento de sus oficinas y funcionarios y cinco aviones-radar. Sus gastos totales rondan los 2.275 millones de euros, de los que Alemania paga tanto como EEUU, es decir, unos 300 millones.

Pero, aunque no lo haya articulado en una política coherente, Trump, como buena aislacionista, siente repulsión por las alianzas multilaterales como la OTAN. Ya en 2000, en su libro La América que Merecemos (The America We Deserve), Trump defendió la salida de Estados Unidos de la Alianza Atlántica para así ahorrar gasto. Diecinueve años después, en una entrevista concedida en la Casa Blanca al comentarista televisivo Tucker Carlson – otro defensor de la invasión rusa de Ucrania, que ha estado recientemente en España entrevistando al líder de Vox, Santiago Abascal – cuestionó el artículo 5 del Tratado de Washington en virtud del cual se creó la OTAN, y que establece el principio de defensa mutua entre los miembros de la organización. Y lo hizo para acusar a Montenegro, un país de 600.000 habitantes (exactamente el mismo número que soldados tiene Rusia combatiendo en Ucrania, según dijo el propio Putin el jueves) de planear un ataque a Rusia para provocar la Tercera Guerra Mundial. La clave, para Trump, era que los montenegrinos “son muy fuertes y muy agresivos”.

Sin embargo, y pese a esos alardes verbales, Trump mantuvo el compromiso con la OTAN. Es más: aumentó la presencia militar de Estados Unidos cerca de la frontera con Rusia, al destinar un destacamento de mil soldados a Polonia y negociar con Varsovia la apertura de una base permanente para 4.500 militares que, con su proverbial modestia, pidió que fuera bautizada ‘Fuerte Trump’. Ahora, queda por ver qué puede pasar en 2024 si gana las elecciones.

El Mundo de España

 

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