Gustavo Coronel en mis 90 años: Me parece risible ser catalogado como reaccionario

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Si todos viviéramos 100 años, la suma de las edades de quienes estamos aquí, apenas 50 personas, recapitularía toda la historia de la civilización

Mi filosofía de la vida en sociedad, pienso, puede inscribirse dentro de lo que se pudiera llamar la buena ciudadanía activa.

Al concluir  el festejo de sus 90 años, surgió la idea de conocer algunas facetas de Gustavo Coronel no narradas en su extensa produción de artículos y narraciones  y sus dos tomos de “El Petróleo viene de La Luna”.  No obstante su formación académica en el campo de la geología, cada día, antes de salir el sol, ya tiene un nuevo escrito.

Le hice llegar algunas de estas preguntas, que responde a continuación:

José Emilio Castellanos – Pregunta. ¿Por qué habiendo tenido siempre una vocación por las letras y el arte, derivaste desde joven en geólogo, buscador de pozos de petróleo, para hacer de esto la carrera profesional de su vida?

Gustavo Coronel – Responde. La profesión de mi vida ha sido, realmente, la de ciudadano. Es la vocación  que me consume en todo momento. Me gradué de geólogo porque la geología representaba un buen ejemplo de actividad que cabalga entre el arte y la ciencia. No tenía vocación de científico pero si sentí la necesidad de tener una profesión utilitaria. Nunca pensé que ella interferiría con mis aficiones por las letras y el arte, como  – en efecto – no lo hizo. Al contrario, los geólogos son usualmente dados a las letras y el arte. Mis colegas pintaban, tocaban el piano, eran ensayistas. Usaban la imaginación como herramienta de trabajo porque, como decía Hans Cloos, un famoso geólogo, “solo podemos ver lo pequeño pero tenemos que imaginar lo grande”.  No es tontería tratar de reconstruir la vida de hace millones de años en nuestro planeta en base a observaciones de naturaleza local, estudiando los pequeños pliegues en las rocas o una bella amonita fósil. Otro famoso geólogo, el estadounidense Wallace Pratt, dijo: “El petróleo se encuentra en la mente de los hombres”, una bella y cierta frase, la cual enfatiza el poder de la imaginación.

La geología y la creación intelectual son primas hermanas y frecuentemente coexisten en total armonía y hasta alimentándose mutuamente. Esta ha sido mi experiencia.

Gustavo Coronel

Gustavo Coronel, Geologo de campo, Shell, 1956

Entre tus más cercanos antepasados ha habido escritores, intelectuales vinculados a la llamada izquierda e incluso al comunismo utópico y al marxismo. ¿Por qué escogiste el camino ideológico opuesto?

Soy Coronel por el lado paterno, una familia de clase media más bien tradicional y conservadora y García Maldonado por el lado materno, una familia también de clase media pero menos tradicional, con amor por la aventura y menos regida por las convenciones sociales imperantes en su época . Entre mis tíos maternos Víctor fue fundador del Partido Comunista Venezolano, un Marxista químicamente puro, de gran corazón; Margot (García Maldonado de Briceño) fue una gran activista del Partido Comunista; Henrique fue uno de los líderes de la generación del 28 (lo llamaban el Fuhrer);  Manolo (Anésimo Onato) fue un amable y divertidísimo trashumante quien vivió la vida a su manera, sin mucha vocación por llevar una vida normal, y Alejandro, Leopoldo, Carmen Emilia Y Filomena (mi mamá) eran seres amantes de la democracia  y  luchadores sociales más bien conservadores en su postura política y social. Mi hogar Coronel-García Maldonado era tranquilo, más orientado a la actividad comunitaria que a la política. Mi padre fue miembro  fundador de AD y todos mis tíos Coronel, de Los Teques, eran adecos.  Mi papá fue hecho preso varias veces durante la dictadura Pérezjimenista, aunque nunca fue objeto de torturas. Yo recibí la influencia democrática conservadora de mis padres mucho más que la influencia comunista de mis tíos arriba nombrados, aunque compartí largas conversaciones con todos ellos y  los quise mucho. Y mi lectura, mis amigos, mi educación salesiana, todo ello me llevó a tener una postura conservadora ante la política y la sociedad.

Esta combinación familiar de Coronel y García Maldonado encontró estabilización en mi matrimonio con la inolvidable Marianela, con quien fui totalmente feliz por 62 años y a quien aún llevo dulcemente arraigada en mi corazón.

Gustavo Coronel y Marianela

Gustavo Coronel con su inseparable Marianela, 2018

Me parece risible ser catalogado como “reaccionario”. Claro que reacciono con todo el vigor posible, pero lo hago contra la dictadura, la ignorancia, la corrupción, la mentira en función de gobierno, la intolerancia ante los disidentes, la vulgaridad de maneras,  la adoración de asesinos como Fidel Castro, la limosna como política de estado, los dogmas estatistas, el abuso de los símbolos patrios convertidos en gorras y calzoncillos, la entrega de la soberanía a los chinos y cubanos en el nombre de la soberanía, la patanería y la procacidad como actitud ante la vida. En esto si soy reaccionario. Yo pudiera invertir la acusación y llamar “reaccionarios” a quienes promueven una postura como la que yo combato. Pero prefiero no usar clichés  y llamarlos, más apropiada y directamente, hampones y malandros. Quienes me identifican como “reaccionario” están enquistados en el poder, saqueando las arcas públicas para aprovechar “su turno”.

Quienes me llaman así – ladrones y traidores – parecerían pensar que ser “robolucionarios” como ellos no es crimen. Esa gente pretende nada menos que invertir el significado de las palabras y sembrar la idea de que los ladrones son los buenos.

En algunas ocasiones  citas poemas de renombrados autores. De dónde proviene esta costumbre? Has escrito poemas? 

 He llegado a apreciar la poesía un poco tarde en la vida pero ello me ha abierto una puerta hacia tesoros de incalculable valor. En los últimos diez años me he nutrido de los poetas líricos ingleses, de Shakespeare y Andrew Marvell, de Jorge Luis Borges, de T.S. Eliot, de los hermanos Machado, de Vicente Gerbasi, Eugenio Montejo, de Dylan Thomas y Robert Frost y Walt Whitman, en fin, de una larga línea de maravillosos magos de la palabra. He descubierto a Rodolfo Izaguirre y su extraordinaria prosa poética.

En ellos he encontrado una nueva fuente de deleite espiritual y la más cercana aproximación posible a desvelar el misterio de nuestra presencia en el cosmos.

¿ Cómo  surgió la segunda parte de tu novela: “El petróleo viene de la luna”? 
Es una Memoria, no ya una novela. Pensé que no era lo suficientemente importante para  escribir mis memorias y escribí una novela.  Pero después de ver a Maduro en la presidencia de Venezuela pienso que ya es hora de echar la modestia por la borda. Esta memoria va de 1981 a 2015. Fui uno de quienes nunca se equivocaron con respecto al sátrapa, Hugo Chávez, y pienso que el apoyo que tuvo de demócratas venezolanos es uno de los aspectos más deshonrosos de la historia venezolana de ese período. El único venezolano que lo apoyó pero luego se redimió de manera espectacular fue Jorge Olavarría.

¿Cuál es el libro de ficción que más te ha impresionado y por qué?
Para un ávido lector desde los 7 años, suena injusto preguntarle por el libro de ficción que más le ha impresionado. Tendría que re-preguntar: ¿en cuál etapa de mi vida? Pero si es un solo libro el que debo mencionar, entonces digo que es la trilogía formada por “Los Tres Mosqueteros”, “Veinte años después” y “El Vizconde de Bragelonne”, de Alejandro Dumas. Desde mi adolescencia he encontrado en esos libros una gran fuente de inspiración para vivir de acuerdo con los valores y principios que me fueron inculcados en mi hogar y por los padres salesianos del Liceo “San José” de Los Teques. No solo me entretuvieron (y me entretienen)  sino que han representado una verdadera guía espiritual para mí. Sobre todo la actitud de Athos, el Conde de La Fere, con quien siempre he tratado de identificarme en todo lo concerniente a la rectitud de proceder y en su absoluta carencia de temor a las consecuencias de su acción, cuando se trata de defender principios.  Otros dos libros que me han impresionado desde siempre son: “Orlando Furioso”, de Ariosto y “La Montaña Mágica” de Tomás Mann, este último siempre a la mano. De “Orlando Furioso”, el cual leí a los 8 o 9 años,  he derivado  compasión por los desposeídos, los “perdedores”, por aquellos quienes alimentan un amor no correspondido, el cual alguien ha dicho (con exageración) es el único amor verdadero. El libro de Mann, por su parte, me ha dado las herramientas para tratar de mantener un equilibrio espiritual entre el humanismo de Settembrini, el cual si se exagera puede llegar a asemejar algo así como una habladera de pendejadas en una esquina de Guasdalito, y el enfoque tecnocrático y lógico un tanto rígido que animaba a Naphta y que  lo llevó al suicidio. Además, siempre me he sentido como Hans Castorp: “un ser mimado por la vida”, aunque – paradójicamente –  también he sentido compasión por su naturaleza de pequeño burgués, enamorado de una mujer inaccesible – Claudia Chauchat –  y destinado a morir joven en la más absurda de las guerras.

Generalmente escribes sobre política, pero también sobre música, literatura, arte o ciencia… ¿Cuál es el tema sobre el cual más te apasiona escribir y por qué?

Cuando estudiaba en Tulsa, Oklahoma, comencé a escribirle cartas a Alejandro García Maldonado, uno de mis tíos, sobre mis impresiones en la universidad. Alejandro siempre me contestaba y me animó a seguir escribiendo, enviándome generosos comentarios. Me dijo: “Creo que debes tratar de convertirte en un ensayista y escribir sobre todo lo que vivas y sobre la vida qué veas a tu alrededor. El verdadero ensayista no tiene fronteras. Escribe sobre todo”. Alejandro me convenció. Y es que la vida es maravillosa, tiene demasiadas facetas para dedicarse exclusivamente a una de ellas. Diría, pues, que el tema que más me apasiona es ese de la riquísima variedad de la vida, del inmenso desfile de la vida. No hay momento que perder. Ante tanta belleza uno siente la necesidad de compartirla con otros. De allí la compulsión por escribir sobre música, literatura, viajes, pintura, la naturaleza, las ciencias y la condición humana.

Gustavo Coronel geólogo

Gustavo Coronel (derecha) con su profesor de geología estructural, Universidad de Tulsa, 1954

Tu apego por la música es notable.  ¿De dónde te viene esta afición? Escuchas música mientras escribes?

Tuve un tío, Leopoldo García Maldonado, con quien tenía largas sesiones de música clásica, en las cuales él me hablaba no solo de la música sino de los músicos  y de la relación entre sus obras y sus vidas. Ello me enseñó a ver cada obra como expresión del estado de ánimo del compositor en el momento. Cuando oigo una sinfonía o un concierto ya creo conocer, o al menos sospechar, que sentía el compositor al elaborar cada frase y ello le da una nueva dimensión a mi apreciación por la música. Ya ha sido un amor que dura unos 75 años.

Y, sí, escucho mientras escribo.

  ¿Cuál es la  vivencia que más te  ha impactado en tus años en el exterior?

Creo que ha sido el poder ponerme en los zapatos del extranjero en esos países, a fin de poder comprender mejor lo que se siente como forastero, para  apreciar a quienes viven en mi propio país como inmigrantes o visitantes. Comprender mejor lo que se siente al ser un extranjero me ha ayudado a apreciar a quienes han hecho de Venezuela su segunda patria. Me ha hecho más humano.  Ya nunca podría ser xenófobo.

 

¿Que aspectos  te hubiera  sido útil cambiar?

Me hubiera gustado mucho poder andar en bicicleta.

También me hubiera gustado ser más consciente del valor y del poder que tiene el “networking”, la creación de una red de personas amigas y de ideas o actividades afines, para lograr mejores resultados de mi trabajo o proyectos. Mi tendencia ha sido trabajar un poco en solitario, aunque en varias ocasiones vencí esa tendencia (Agrupación Pro Calidad de Vida, la Agrupación de Orientación Petrolera, AGROPET y tareas anti-corrupción) e hice trabajo en grupo que ha sido de lo más fructífero que he realizado en el campo social.

En retrospectiva pienso  que he podido auto-promocionarme más en la vida pública, “cobrar” más favores, venderme “menos barato”. Ello quizás me hubiera permitido llegar más lejos en mis actividades profesionales o “políticas”. Pero me resultó imposible porque no fue lo que me enseñaron en el hogar. Cuando veo la calidad intelectual y humana de muchos de  quienes han logrado los sitiales más altos en nuestra vida pública pienso que me sub-estimé significativamente. ¿Quién no aspiraría a ser presidente hoy, con el ejemplo que tenemos en Miraflores? Mi terror de la sobre estimación y de hacer el ridículo quizás me llevó al extremo opuesto de la sub-estimación.

  ¿Cuál sería tu visión de país para las nuevas generaciones si fueras a escribir un libro sobre la Venezuela actual y tuvieras que resumirlo en diez capítulos?

Diría que la Venezuela actual es una grotesca caricatura de nuestro potencial. Y que la única manera de tener un país del cual sentirnos orgullosos es enfrentar nuestra cruda realidad con determinación de cambio, con una nueva actitud. Pero eso sería como recetarle a un campesino unas vacaciones en París, ya que es imposible inyectar, de manera mágica, una nueva actitud a los venezolanos. No será cuestión de acostarnos mediocres y egoístas una noche para despertarnos buenos ciudadanos activos y solidarios al día siguiente. La transformación necesaria será una larga y dura batalla que dejará muchas víctimas y requerirá de mucho sacrificio. Los campos de batalla serán el hogar y la escuela. Es en esas dos arenas donde se puede lograr la transformación del venezolano-habitante-dependiente del estado paternalista en el venezolano-ciudadano-experto en deberes más que en derechos. Los diez capítulos de una revolución cultural para Venezuela podrían tener encabezamientos como estos:

1.Una descarnada evaluación del país que tenemos.

2 Visión del país que quisiéramos ser.

3. Estrategias básicas para la transformación de nuestra realidad en la realidad deseada.

4. El liderazgo que será necesario.

5. La materia prima venezolana: cualidades y defectos.

6. Trabajar en el presente pensando en el futuro.

7. La creación de una identidad nacional y de héroes ciudadanos.

8. Como estructurar una sociedad de buenos ciudadanos activos.

9. Destruir los mitos y dogmas que nos han llevado al atraso y a la mediocridad como país. 10. Imitar lo bueno de unas sociedades y evitar lo malo de otras.

¿ Eres un hombre realmente ubicado en lo que llaman la derecha política? ¿Sientes que todavía se justifica una división de las corrientes que se disputan la acción política, entre hombres de izquierda y de derecha? 

Acabo de leer un comentario de un líder político venezolano, quien está profundamente ofendido por ser llamado de “derecha” y alega, en su defensa, que él es idealista, que ama a los pobres, etc. Como si alguien de “derecha” no pudiera tener ideales o amar a los pobres.

Más aún, pienso que los rótulos “derecha e izquierda” carecen de todo valor para definir nuestra postura ante la vida. Todos somos una mezcla de tradicionalistas e innovadores, de religiosos y escépticos, de Amiel y de Don Juan. Yo no creo en una vida eterna pero admiro a los salesianos y me gustan las iglesias, me gusta el whisky pero nunca fui habitante de la “república del Este”, me gustan las mujeres pero respeto las esposas de mis amigos, rechazo el aborto, quisiera que Venezuela eliminara el ejército, deseo ver el papel del estado disminuido al máximo, pienso que la solución de la pobreza es capacitar a los venezolanos para crear riquezas, no convertirlos en limosneros. Desprecio a dictadores muertos o vivos, como Assad, Lukashenko, Mugabe, Gadaffi, Ortega, Kirchner, los Castro, Chapita, los Somoza, Velasco Alvarado, Evita, Pérez Jiménez. Entre Pinochet y Allende me quedo con Eduardo Frei. Entre Lula y Color de Mello me quedo con Cardoso. Soy Magallanero. Pienso que las empresas estatales están casi siempre condenadas al fracaso. Me adhiero a la idea de  nación y rechazo la adoración que existe en Venezuela por el estado, el cual ha usurpado el papel de la nación.  No sé si estas características me hacen de “izquierda” o de “derecha”. ¿El gobierno de Chávez fue de izquierda o de derecha? Estuvo apoyado por el ejército, fue líder único, con contacto directo con las masas, satanizó la disidencia política y se alineó con los más despreciables autócratas, corruptos y asesinos del planeta. Todo ello suena a fascismo, a Mussolini. ¿Fue Mussolini de izquierda o de derecha?

Mi filosofía de la vida en sociedad, pienso, puede inscribirse dentro de lo que se pudiera llamar la buena ciudadanía activa. Así como los geólogos hablan de estratigrafía de las rocas, es posible hablar de una estratigrafía moral de los venezolanos, en cuatro niveles, el mejor arriba:

Buenos ciudadanos activos,

Buenos ciudadanos pasivos,

Malos ciudadanos activos,

Criminales.

Venezuela tiene un pequeño número de buenos ciudadanos activos (quienes hacen activamente el bien); una gran cantidad de buenos ciudadanos pasivos (buenos porque no hacen nada malo); una significativa cantidad de malos ciudadanos (todos son activos) y una cierta cantidad de criminales. Creo pertenecer al primero de los grupos y creo que la gran batalla que debemos ganar es la transformación de la gran masa de ciudadanos pasivos en buenos ciudadanos activos.

Pronosticaste que Nicolás Maduro no duraría más de seis meses en la presidencia de Venezuela.

Me equivoqué, no por primera vez. Sin embargo, ya Maduro no está realmente en el poder, aunque aún esté técnicamente en la “presidencia”. El país y la presidencia se le han ido de las manos. Frente a la gran responsabilidad de su cargo se ha revelado como un patán ridículo, un maestro del decir nada, procaz, desangelado. Muy pequeño.

José Emilio Castellanos – Análisis Libre, Washington

 

Traducción »

Sobre María Corina Machado