Jesús Alberto Castillo: El arte de lo posible

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Algunas precisiones necesarias

En política uno debe estar preparado para aceptar lo que parece poco probable que ocurra. Ella se encarga de convertir lo imposible en real. Todo depende de la voluntad de acuerdo o negociación entre los actores en diatriba. De lo contrario, tendremos una situación caótica, una “guerra de todos contra todos”, como lo sentenció Tomás Hobbes en “Leviatán”, obligada lectura en todo actor político.

Para los estudiosos y buenos practicantes de ese oficio, la política tiene su razón de ser en el conflicto. Ella nace para dirimir los intereses, la correlación de poder y los caprichos que son naturales en los seres humanos. En una sociedad sin conflicto no hay política. Es una mera utopía, aunque no queramos aceptar tal aseveración.

La política es necesaria para evitar la guerra. En ella el diálogo, el reconocimiento del otro y el pacto son instrumentos claves para que la humanidad avance, a pesar de la imperfección de los hombres. Ella es la continuación de la guerra con el uso de otros medios, parafraseando a Karl von Clausewitz. Por tanto, no nos debe causar escozor si los bandos en conflictos conversan y se ponen de acuerdo.

Al igual que la guerra, la política usa estrategias para persuadir y vencer al adversario. No lo hace con balas, cañones o drones. Usa la palabra, el diálogo y los votos para ganar. No aniquila físicamente al enemigo, sino derrota a su adversario en las urnas comiciales.

Por eso un actor político debe conectarse con los urgentes problemas de la gente y hablarle siempre con la verdad, aunque duela. No debe inventar fantasías porque perderá credibilidad ante los demás. El pueblo no es tonto y, cuando menos esperamos, pasa factura.

Por ser un asunto de estrategia, la política debe estar en manos de hombres prudentes, equilibrados y realistas; no dogmáticos y aventureros. Bien lo decía Sun Tzu: “El mando es una cuestión de conocimiento, de credibilidad, de humanidad, de resolución y de severidad”.

El famoso estratega chino, autor de “El arte de la guerra” (otro texto que recomendamos leer a todo aprendiz político), consideró vital que la disciplina requiere la efectividad de la organización, la jerarquía y la logística. De manera que en el plano político la disciplina juega un papel preponderante si se desea obtener la victoria. Se requiere lealtad a un proyecto político, maquinaria, músculo social y, por supuesto, talento personal. Al final, el arte de la política consiste en someter al adversario sin desgastarse en la lucha. Como dice un gran amigo nuestro, avezado político y respetado jurista sucrense: ¡El que entendió, entendió!

Politólogo, profesor universitario y dirigente político.

 

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Sobre María Corina Machado
     
 
Nuestra Señora del Monte Carmelo