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Alfredo Monsalve López: ¿La cultura de la mediocridad?

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La concepción de cultura, para muchos autores, es tomada no como conocimiento, sapiencia, sabiduría, sino como el comportamiento que presenta una persona durante determinado tiempo y espacio. Es decir, es su forma de adaptarse a la vida. Es la manera de ver y sentir lo que ocurre en su entorno. Mientras que los sinónimos del vocablo “mediocre”, pueden referirse a vulgar, anodino, gris, trivial, corriente, oscuro, insignificante, mediano, entre otras acepciones. En el caso que me ocupa, la mediocridad la voy a relacionar con lo insignificante del cual algunas personas se identifican en tanto en cuanto creen favorecerse con ciertas acciones o actitudes que, a mi modo de ver, no son las más idóneas. Todo lo contrario, desfavorecen su imagen como un ser social.

Todo lo anterior, se me ocurre pensar que si bien es cierto que nuestra cultura como venezolanos es la de ser dicharachero, ocurrente, gracioso, no es menos cierto que esas conductas, algunas veces nos hacen quedar mal ante terceros. Es decir, pensamos que con una actitud trivial, cómoda para aceptar las cosas, ya es suficiente. O lo que es lo mismo, nos comportamos como verdaderos ignorantes ante situaciones que podemos manejarlas con detalle. Pero, el común denominador sostiene que “esa es nuestra cultura”.  Vale decir, la mediocridad es la que impera. La comodidad para hacer y aceptar las cosas, es la que priva en algunas personas. Obviamente que sobresalen muchísimas excepciones. Pero de verdad que cuando vemos el comportamiento de nuestros pares, no nos queda otra opción sino que expresar nuestras ideas, nuestras opiniones, pero hasta allí, porque la ignorancia continua campante.

Mire usted el caso por ejemplo, en el área económica, aceptamos sin chistar, los precios exorbitantes de algunos rubros en establecimientos comerciales. Pero, lo más grave aún, es el caso de la distribución del combustible en estaciones de servicio en el estado Táchira. Da pena ajena ver y padecer, las inmensas colas de vehículos para surtir ese preciado líquido. Hombres, mujeres y hasta niños dentro de los automóviles esperando horas para que le suministren la gasolina. Al menos han disminuido las colas. Pero en algunas estaciones de servicio, volvieron a aparecer. Un país con las reservas de petróleo más grandes del continente. Suena desagradable. Pero esa es la gran verdad. A ello le agregamos ver a los encargados de las “custodias” realizando y atendiendo llamadas por sus celulares. Enviando mensajes de textos como si estuvieran disfrutando de unas vacaciones. Es decir, somos conformistas. Anodinos.

Y lo que considero una bofetada, es que esa cultura se ha trasladado a nuestro sistema educativo. Mire usted (sin meterme con el “salario”), por ejemplo, cuando un estudiante acude a solicitar alguna calificación a su centro de estudio, la respuesta que recibe es que debe volver en otro momento porque no aparece en el sistema, o porque las planillas están en Caracas y por falta de combustible, no han llegado a la institución. En fin, los pretextos son innumerables. O cuando usted como docente debe seguir ciertos lineamientos de sus superiores sin antes haber sido consultado, sin oír su opinión. O cuando le manifiestan que lo está haciendo mal a sabiendas que no es así. O cuando usted quiere desarrollar un plan para mejorar la calidad de la educación en su institución y el director le dice que no es viable sin darle argumentos que le motiven. Al final de cuentas, nos convertimos en conformistas, en triviales. Y esa no es la idea. La idea es ser una persona asertiva. Porque de lo contrario seguiremos sumergidos en la cultura de la mediocridad. Se abre el debate.

alfredo.monsalve10@mail.com

 

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