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Ezequiel Querales Viloria: Los primorosos 72 de Manú

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Son 27 años que la vida le ha duplicado a 72 largos años de espléndidos amaneceres, sutiles noches, radiantes atardeceres, satisfacciones, desvelos, sacrificios, hermosas tristezas y más.

Manú, Mema, Manuela, la primorosa dama que Dios quiso hacer a la medida de mis sueños, mis antojos, mi idolatría, mi vida, remontó airosa un nuevo aniversario para regocijo de la familia, 27 años al revés, que la reina del hogar ha coronado.

Son 27 años que la vida le ha duplicado a 72 largos años de espléndidos amaneceres, sutiles noches, radianes atardeceres, satisfacciones, desvelos, sacrificios, hermosas tristezas y más, pero siempre poseída de una indoblegable voluntad que ha llevado a buen puerto el difícil barco de familia, en medio del arduo ajetreo cotidiano y las amenazantes turbulencias existenciales.

Juntos y no tan revueltos, hemos asumido una grata, a veces, aburrida cotidianidad, como toda familia normal, que suele dar tres pasitos adelante y dos pasitos para atrás. Que se detiene a suspirar hondo, tomar aire, mirar inspirado el amplio espectro y su entorno, y continuar adelante. Así, hasta conseguir el objetivo deseado, del alimento nuestro de cada día, la crianza, escolaridad y graduación de los hijos, superar los problemas que bullen por doquier para ponernos a prueba, pero que con esfuerzo y dedicación,  logramos doblegar.

Infinitos, los momentos de risas, alegrías, congojas y melancolías, de emociones al fin, que han quedado plasmadas en recuerdos y fotografías, y que solemos ver de regreso cuando oímos sonar en la radio, o el computador, inolvidables melodías de los Beatles, los Bee Gees, Tito Rodríguez, Lucho Gatica, Sandro, Raphael, Toña La Negra, Celia Cruz, Cheo Feliciano, Mario Suárez, o una sabrosa gaita de Cardenales del Éxito, Rincón Morales, o Gran Coquivacoa, que juntos tarareamos, en tiempos divinos que no volverán.

Son añoranzas indescriptibles, de sentir, compartir maravillosos momentos de ver a los tres hijos crecer, estudiar, graduarse en la universidad y consagrarse como profesionales. Karelly, en su rol de catedrática de Turismo y Patrimonio Cultural, Karina, como cautelosa y osada litigante en el controversial ejercicio del derecho de este país, con su inseparable Kamila Valentina. Ezequiel, como ingeniero de instrumentación y proyectos, en su nuevo y gélido hogar de Noruega, viendo crecer a sus retoños Elisa y Matías Ezequiel, quienes junto a Kamila, conforman la trilogía de nietos y la hermosa descendencia.

Confieso que he vivido. Y no me cansaré de valorar la refrescante presencia de Manú, llenando de ruido mis largos silencios, alentando mi inconsolable nostalgia, amansando con manos candorosas, mi arrebatado y a veces, desbocado temperamento.

Vuelvo a sentir el fresco despertar de la pasión, que regresa a juntar los pedazos del amor, cercanos y lejanos como el viento, que se resisten a los embates de la ausencia, la indiferencia, el abandono.

Cual marullo lacustre que deja su blanca espuma esparcida en la arena como marca indeleble, evocamos la naciente pasión de entonces, el surgir del cálido romance, que vino a juntar nuestras vidas, en cadenciosos vaivenes, que se prolongan en el umbral de los tiempos.

Difícil olvidar, el sublime flechazo con rosas de cupido, que cristalizó en aquel acogedor paraje de Los Palomos,  allá en La Limpia de mi Maracaibo querido,  para hacer placentero el fluir de nuestras vidas, y acelerar el latir de nuestros corazones. Idílico lar del que seguimos recogiendo flores y frutos. ¡Y porque No!, regodearnos de felicidad por los 72 primorosos de MANÚ.

ezzevil34@gmail.com

 

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