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Luis Bravo: Tal como va la educación en Venezuela

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El antiimperialismo suele ser el mejor recurso para justificar la arbitrariedad propia y los fracasos objetivos de la política al servicio del interés privado autoritario. No porque imperialismo deje de merecer los reclamos que haya que hacer, pero utilizarlo como culpable de todos nuestros pecados endógenos es un grotesco movimiento político que ayuda a hundir más al país. Sobre todo, cuando todo indica que el fracaso de las asociaciones económicas y políticas con países no democráticos y de legalidad incierta, obligan a los propios protagonismos del antimperialismo a realizar concesiones históricas impensables en otros momentos para reanimar una economía en hundimiento. Las empresas petroleras norteamericanas, italianas y españolas son la mejor baza que ha exhibido el propio antimperialismo   para reanimar la maltrecha economía…tamaña hipocresía. Una economía hundida pero no precisamente por efecto de sanciones internacionales, que en definitiva solo han servido para remachar el poder de capitostes en el poder y ahogar a la población en la miseria más abyecta. Del antiimperialismo como mecanismo funcional para sostenerse arbitrariamente en el poder no están a salvo ni siquiera los antiimperialistas que se han jugado la vida por ello… que se lo digan al PCV y al resto de nuestra izquierda histórica.

Por las razones expuestas respecto al intemperante antiimperialismo que se vocea cuando todos sabemos que hay conversaciones entre el gobierno y USA para aliviar las sanciones a cambio de elecciones competitivas y libertad de presos políticos,  y otras muchas razones que hemos venido expresando en estos editoriales, insistimos en que la recuperación de la democracia no solo pasa por desenmascarar este antimperialismo (de la boca para afuera) que domina,  sino por una definitiva revaloración de la educación y la salud como ejes de la política social que ayuden a que la transición a la democracia no sea flor de un día.  Hay que ir pensando en una oferta electoral que enamore al trabajo en educación y salud respecto a la posibilidad de que las cosas pueden y deben cambiar para que el país sea más educado y saludable que hoy, cuando todos los sueños se han roto y campea el escepticismo que empuja a El Darién y más allá. Eso sí sin engañar a nadie, los milagros los ofreció Chávez y mira lo que pasó. La democracia es aquí y hoy, y el futuro se labra con trabajo, que es lo que hay que ofrecer: mejores condiciones laborales con demanda contable de más y mejores resultados. Más y mejor educación-salud para todos, sin la odiosa diferencia (anticonstitucional) entre quienes tienen y los que no, como ocurre en estos tiempos. Pichirreando la demagogia y tensando la inteligencia de lo público, oficial y privadamente administrado. Más democracia social, menos capitalismo salvaje disfrazado de socialismo utópico. De cara al siglo XXI y dejando el XIX para la memoria histórica de un país que sucumbió ante las mieles ofrecidas por la política (militarizada) sin escrúpulos.

Revista: 966 Memoria Educativa Venezolana, paso a paso

 

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