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José Grasso Vecchio: ¿Qué pasa en China?

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La China que conocemos hoy es el resultado de las grandes transformaciones que comenzaron en 1978 tras la muerte de Mao Zedong y el ascenso del reformista Den Xiaoping. Básicamente se diseñó una política para sacar al país del atraso y la pobreza y lo han logrado. Así, entre 1978 y 2022 más de 800 millones de chinos salieron de la pobreza gracias al crecimiento de la economía y la generación de ingresos producto del trabajo. Otra medida importante de ese avance es que el ingreso por habitante que en 1992 fue US$ 4.000 en 2022 alcanzó a US$ 12.850.

Buena parte de este significativo avance se logró en virtud de las inversiones extranjeras que llegaron a China buscando mano de obra barata y estímulos fiscales en las Zonas Económicas Especiales, su adhesión a la Organización Mundial del Comercio, además de las grandes inversiones del Estado en infraestructura, apoyadas en préstamos bancarios en condiciones sumamente favorables. Ello permitió dotar al país de una impresionante infraestructura de carreteras, autopistas, puertos, aeropuertos y trenes a la par del financiamiento a la innovación tecnológica.

Sin embargo, actualmente China está aquejada por un conjunto de problemas que amenazan su expansión. El plan diseñado por el primer ministro Xi Jinping según el cual para el año 2035 la economía China duplicaría su tamaño respecto al que tuvo en 2020 y así sobrepasar a Estados Unidos como el país más grande en términos económicos, parece irrealizable. De hecho, según el Banco Mundial, se considera un país de alto ingreso aquel cuyo ingreso por habitante alcance a US$ 13.845 y China no lo ha logrado todavía y está muy lejos de Japón con US$ 42.440 y Estados Unidos con US$ 76.400,

Los problemas que actualmente confronta China tienen que ver con varios aspectos. En primer lugar, el elevado endeudamiento de más de 200% del PIB cuando se considera al gobierno central, las provincias y las empresas del Estado, en segundo término, el sector inmobiliario está sobredimensionado y el nivel de ocupación de casas, apartamentos u oficinas es muy bajo, en tercer lugar, la población está envejeciendo y el desempleo juvenil supera el 21%, lo que genera malestar en ese segmento de la sociedad, en cuarto lugar, hay en curso un fuga de capitales impresionante debido a los esfuerzos del banco central para estimular la economía bajando las tasas de interés.

En medio de esta coyuntura adversa, la política de Estados Unidos hacia China se ha endurecido al punto tal que la Administración de Biden acaba de prohibir la venta de equipos y tecnologías que impliquen la fabricación de semi conductores para uso industrial y militar. A esta política se han unido Japón, Corea del Sur y Australia. Como consecuencia de todo ello, las proyecciones de crecimiento económico para China han bajado a menos del 4% para los próximos cinco años a lo que se agrega la competencia de India, Tailandia, Vietnam, Bangladesh entre otros países para atraer las inversiones que están saliendo de China, en busca de mejores oportunidades y costos laborales más bajos.

China viene trabajando para impulsar su economía, por ejemplo, rebajando los intereses, sin embargo, deben lograr que despegue la economía en un contexto complejo donde las exportaciones tuvieron la mayor caída desde la pandemia. Si bien, le economía repuntó al inicio del año, al levantarse las restricciones del Covid, tienen temas por resolver en el sector inmobiliario y manufacturero. Con todos esos retos y la competencia mundial, sigo pensando en que existe una gran capacidad de respuesta de China para superar estos escollos.

 

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