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Román Ibarra: La fórmula electoral

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El panorama electoral venezolano cada vez está más complicado, especialmente en el campo de las oposiciones; no hay acuerdos a la vista, y la oferta múltiple de uno de los sectores resulta inviable, y el tiempo pasa irremediablemente.

Cuando hablo de oferta múltiple, me refiero obviamente a los 14 inscritos en la autodemominada Plataforma Unitaria, antes G4, dentro de la cual –ilegalmente- están inhabilitados 3 de los aspirantes.

En medio de esa multitudinaria oferta candidatural, no se ha visto todavía una propuesta programática que garantice la gobernabilidad, que a juicio nuestro, debería ser previa a la promoción de personalidades como potenciales candidatos, pues sin ello, se convierte en un concurso de gritos e insultos que terminan por mostrar la peor cara de cada uno, y ninguna solución.

Hemos sostenido hasta el cansancio que esta no es cualquier oportunidad, y que por lo tanto, debemos hacer el mejor esfuerzo por presentar la mejor opción combinada de programa y candidato, pues nos estamos jugando el porvenir del país, que en las manos equivocadas como hasta ahora, puede seguir descendiendo en un barranco infinito.

Hemos sostenido siempre la necesidad de discutir ampliamente un programa de gobernabilidad mínimo, aceptado y aprobado por todos, para atender de manera inmediata la solución de los asuntos más sensibles de la sociedad, y luego avanzar en una candidatura de consenso con un candidato de experiencia; formación; talante democrático; capaz de ofrecer estabilidad y coexistencia pacífica a todos los sectores; con capacidad de aglutinar la expresión de todos los sectores, incluyendo la disidencia del oficialismo, y que conduzca la transición en paz.

Se trata de organizar la recuperación de sectores vitales como el hidrológico; el eléctrico; el petróleo; las empresas de Guayana; las zonas industriales Carabobo, y otras entidades; la vialidad; la infraestructura pre y hospitalaria; la seguridad de personas y bienes; el salario de los trabajadores; las pensiones de los jubilados; el sistema educativo desde preescolar hasta la universidad, y la recuperación de las escuelas técnicas para la formación en oficios; el transporte subterráneo y superficial, entre otros.

Esto requiere de un programa, y de un liderazgo capaz de llevarlo a cabo, lo cual supone tener la jerarquía y la entidad para ir a buscar en los multilaterales los recursos necesarios para acometer estas grandes obras. No puede ser cualquier candidato; tiene que ganar; luego cobrar, y gobernar para todos los sectores sin ser una amenaza para nadie.

No es un concurso de juventud; ni de belleza. Se trata de seleccionar a nuestra mejor figura para emprender el inmenso trabajo de la reinstitucionalización del país, hoy destruida. Se trata de encontrar al Ramón J. Velásquez de este tiempo de crisis severa.

A tal efecto, me atrevo a proponer lo que podría ser una salida, que pudiera ayudar a abrir el camino.

Menciono en primer lugar a Humberto Calderón Berti, personalidad conocida, y de experiencia que podía ser una figura de consenso, excepto porque en una respetable decisión personal, optó por apoyar a una de las candidatas en competencia, probablemente con la intención de que le levante la mano como sustituto, en caso de que gane, una vez que le impidan inscribirse ante el CNE; inaceptable para los otros miembros de esa plataforma.

El otro, muy querido y mencionado por diversos sectores, el empresario Lorenzo Mendoza, quien a pesar de haber sido requerido de diversas maneras, se ha negado rotundamente, muy dedicado a la noble tarea de distribuir y comercializar alimentos de calidad a la población.

El tercero y en mi opinión el mejor para abanderar a todos los factores de oposición por las cualidades que reúne, es Eduardo Fernández de muy amplia formación, experiencia y hombre de paz. Sin embargo, me atrevo a sugerirle que se asome porque este tiempo difícil requiere participación decidida. Salir a buscar la candidatura es necesario.

@romanibarra

 

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