Aún no ha pasado una década desde la última vez que el Estado conjuntamente con el Ministerio del Poder Popular para la Educación introdujeron cambios significativos al currículum de la Educación Media General, es decir, de los Liceos; fue para el 2014 cuando hubo la propuesta de transformación que tenía como centro la famosa “Educación Bolivariana”, hoy ya no queda nada de aquel andamiajes y por ello el ente rector insinúa cambios en la maya curricular de la Educación Media General y Media Técnica, por esa razón se han hecho mesas de trabajo en los planteles para presentar propuesta del pensum. ¿Qué pasó entonces con los liceos bolivarianos, su estructura de todo el día, adosado de planes, diseño pedagógicos, axiológico, e innovadores paradigmas que prometían crean e insertar al “hombre nuevo” a la producción del país? Son muchos los cuestionamientos que dentro de la sensatez habría que hacer, sin embargo, no se esperan respuestas del régimen gubernamental, las respuestas brotaran por sí solas del sistema sociológico que conforma la actual Venezuela.
En cuanto a la actualización curricular cabe señalar que la misma se realiza cuando el conglomerado pedagógico ha quedado obsoleto y no se adapta a los nuevos tiempos, pero esto no debería ser el problema con un currículo diseñado para ser flexible y moldeable a la realidad socioeconómica, donde se replantean los objetivos y se hacen modificaciones pertinentes sin necesidad de otra consulta, que lejos de ser democrática se acercaría a la demagogia. Está demostrado que la calidad y eficiencia educativa no dependen únicamente del currículo, pues esté es teoría filosófica y el éxito se da con la práctica eficiente y eficaz que aplicará finalmente el maestro en el aula. Es de suma transcendencia en este punto realizar un marco histórico que antecede y va más allá del Chavismo y sus políticas educativas, en tal sentido, hay que referirse al estudio que expuso en la década de 1980 la profesora Aurora Lacueva con su trabajo denominado: Recursos para el Aprendizaje y Descolarización de la Escuela Básica (1981), donde plantea que “los programas de ensayo de educación básica presentaron cambios importantes en relación con los programas anteriores del nivel primario, … siendo instrumentos flexibles y semi-elaborados orientados a la labor docente y requerían de su enriquecimiento” (p. 61).
Cuando revisamos el documento “Proceso de transformación curricular en Educación Media”, es fácil captar ideas populistas, cuando sostiene: “… los resultados de la Consulta Nacional por la calidad educativa como un mandato de los millones de venezolanos y venezolanas consultados durante el año 2014 y que coinciden en el desafío de desarrollar un currículo nacional integrado y actualizado, y en especial construir los programas, estrategias y dinámicas pedagógicas de la educación media general y media técnica, considerando especialmente la vinculación entre la educación y el trabajo, y la interrelación entre la educación media y la universidad” (MPPE, septiembre 2015, p.6). Como se observa, las modificaciones curriculares obedecen a un plan más político ideológico que educativo donde se prometían la formación de un ‘ciudadano participativo, integro, cooperativo, crítico y productivo’; para ello se plantea como estrategia la creación de grupos estables o grupo de interés que están dirigido al trabajo y producción del estudiante cuyas características variará tomando en cuenta la localidad y preferencia de los alumnos.
Se les olvida a los que hacen políticas educativas en el país que se podrán hacer muchísimas transformaciones curriculares pero no coadyuvará en el éxito y altos estándares sino se atiende la condición precaria que viven los maestros y discípulos; la riqueza en producción nacional será la suma de un sistema sin corrupción y sin sesgo político partidista, unida a un sistema de justicia que brinde equidad.

