La joven estudiante de 25 años, Mahoor Kaffashian, traslada al Papa cómo ha aprendido la virtud de la fortaleza a través de su complicada vida: “Tengo fe, fuerza y coraje”. Nacida en Irán, fue refugiada en Ucrania, donde le sorprendió la guerra.
Esta experiencia le hizo sentir “como una superviviente”, pese a lo cual mantiene la fe —”soy creyente”— y reconoce que debe su esperanza en el futuro a la Universidad Católica Portuguesa que la acogió.
La joven describió cómo ha experimentado “la constante sensación de estar sin hogar, sin familia, sin amigos” y que, tras quedarse “sin casa, sin universidad, sin dinero”, ha descubierto el concepto de fortaleza.
“No significa que no me sienta cansada, agotada y abatida por el dolor y la pérdida; sólo que tengo la fuerza, la fe y el coraje para seguir adelante”, explicó.
En el marco del encuentro del Pontífice con la comunidad universitaria, que es parte de la Jornada Mundial de la Juventud, otros tres alumnos compartieron sus inquietudes.
Intuiciones de Laudato si
El primero, “aportar lo mejor de la ciencia, confiando en el don divino de la razón, para seguir encontrando soluciones eficaces a los retos que afrontamos”. En segundo lugar, la idea de “rechazar el progreso tecnológico que no tenga una fuerte raíz ética y espiritual, que no garantice el respeto de la dignidad inviolable de la persona y de toda la creación”.
El estudiante también quiso poner el foco sobre la necesidad de “vivir según las exigencias del bien común, principio estructurador de la doctrina social de la Iglesia”. Esta idea se conecta con la invitación “a una conversión de vida” y a “una participación política y social más comprometida, que pone en el centro la opción preferencial por los pobres”.
La última intuición rescatada por Tomás Virtuoso de la encíclica Laudato si’ es la llamada a los jóvenes católicos “a afirmar sin miedo que no es posible una auténtica ecología integral sin Dios, que no puede haber futuro en un mundo sin Dios”.

