En este artículo de opinión del me voy a atrever a emitir una serie de juicios que tal vez permitan llegar a algunas conclusiones sobre uno de los temas más álgido y polémico que existe en cualquier parte del planeta. Me refiero a la educación que se imparte en todas y cada una de las instituciones dedicadas a la adquisición de conocimiento. Sobre todo, a la educación primaria y secundaria. Que de hecho sea de paso, su nomenclatura es similar al resto de las naciones, como por ejemplo Japón, Suiza, entre otros. Pues bien, volviendo al tema que nos ocupa, o sea, la producción egresada del subsistema que estamos abordando en el año académico que está agonizando. Es decir, qué, cómo y cuántos eruditos hemos producido en esta otrora Venezuela colmada de riqueza. Y mire usted amiga o amigo lector, la inmensa riqueza que existe en todos los estados. Oro, hierro, aluminio, bauxita, azufre, plata, carbón, petróleo, y pare usted de contar. No obstante, sabemos (y no nos cansaremos de decirlo), que nuestra estructura física es deprimente. Aunado a la formación que recibe un gran porcentaje de estudiantes venezolanos, es bastante precaria, deficiente, incompleta. ¿Factores? El régimen esgrime como argumento las “sanciones del imperio yanky”. Pero la lista es innumerable.
Si nos ponemos a observar detalladamente el comportamiento de algunos docentes, (con contadas acepciones), por ejemplo cuando están impartiendo alguna que otra asignatura, nos daremos cuenta de que algo está pasando con la formación de donde ese colega egresó. El vocabulario no es el adecuado, su léxico dista mucho de lo que fue el maestro de ayer. Aquí pido mil disculpas a los colegas profesores que merecen “quitarse el sombrero” por su dedicación y amor a la actividad docente. No obstante y como acoté anteriormente, nos topamos con docentes que distan mucho de su profesión. De hecho, ya a los 10 o 15 años quieren salir jubilados. Muchos andan de reposo. En fin, nuestra educación está en “terapia intensiva”. Máxime cuando la autoridad gubernamental se hace la vista gorda. Allí tienen, como ejemplo, el pírrico y mediocre salario que devengamos. No hay incentivo.
En mi opinión, pienso que debemos cambiar la forma de actuar de los docentes que egresan de las instituciones universitarias en el área de educación. Que por cierto, ya se encuentran sin cursantes en la carrera docente. De hecho, me comentaba un amigo, que hay personas que dicen ser docentes, pero que jamás han tomado un libro en sus manos. Su misma forma de comportarse ante la sociedad, lo hace responsable directo del fracaso que tenemos en muchos jóvenes venezolanos. Y que éstos manifiestan la mala conducta de ese docente. Claro, usted oye decir a docentes que el estudiante “Pedro de los Palotes” es extremadamente flojo, no trabaja en clase, no hace la tarea, entre otras expresiones; pero me pregunto, a manera de reflexión: ¿Y yo como docente que hago para mejorar?
Porque vamos a estar claros, son muchos los docentes que llegan al aula sin preparar su clase, sin material de apoyo, escriben en el pizarrón con “horrores” ortográficos, gritan a los estudiantes, los tildan de indisciplinados, sólo se dedican a dictar lo que está en el texto, en los consejos de secciones aparecen estudiantes con 20 puntos que han sido retirados del plantel, entre otras situaciones que dejan mucho que desear en algunos colegas. Y aquí no estoy comparando instituciones públicas como privadas. Pero la gente sabe a que sector nos estamos refiriendo. Creo que este tipo de docente debe hacer un paréntesis y pensar que él, además de profesor, es un maestro; y maestro, como decía Luís Beltrán Prieto Figueroa, es el guía, el orientador de los niños, es el formador dentro y fuera del aula. Ojala que este año que culmina sea de una educación de calidad. Queda abierto el debate.
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