No es cierto que cuando el hombre y la mujer contraen matrimonio, lo hacen para siempre. Es decir, “hasta que la muerte los separen”. Son muy contadas las parejas que cumplen este “principio”. Los estudiosos en esta materia, sostienen que los factores para que cada quien se vaya por su lado, son múltiples. Algunos aseguran que el hombre es quien “viola” la palabra empeñada en mantenerse unidos para siempre. Eran otros tiempos cuando esto ocurría. La vida ha dado muchas vueltas. El hombre, como sostienen algunos eruditos, es quien “le monta cachos” a la mujer que juró amarla por siempre. Es él quien no le importa un rábano que sus hijos –quienes los han tenidos-, queden sin padre. No les importa que el hogar donde la mujer le ha entregado todo su ser, quede a la deriva. Me comentaba un amigo periodista, que “cuando en la casa al hombre no le dan lo que él quiere lo busca en otra mujer”. Sus razones tendrán para opinar de esa manera. Claro que eso pudiera estar ocurriendo en muchísimos hogares en el mundo. En el caso venezolano pues, comentan que nuestra cultura es un tanto “antipara bolas”. O sea, que las cosas las dejamos que pasen y punto. Porque, según el mismo amigo, señala que “el hombre, apenas ve pasar a una mujer por su lado, inmediatamente voltea a mirarle el trasero”. Es nuestra forma de ser. Concluye nuestro conocido amigo. Es su opinión.
Asimismo, hay quienes piensan que es la mismísima mujer responsable de la ruptura marital. Es ella quien, amparada en su delicada figura, su actuar femenino, en su sagacidad, en su encantadora belleza, que cautiva al ser opuesto para que termine, si es casado, con su otra pareja. Me comentaba una amiga, a propósito del tema -tema que por cierto no ha estado en el debate, tal vez por ser un caso, a mi modo de ver, de maltrato psicológico -, que “la mujer siempre tiene las de ganar”. Y continua; “Es la mujer la que incita al hombre mostrando sus atributos, usan pantalones ajustados a su cuerpo, algunas usan faldas por encima de las rodillas, se mangonean al caminar, mirada picarona, sonrisa cautivadora, escote en forma de V mostrando parte de sus senos, en fin, esto hace que el hombre, que por demás tiende a ser machista, se entusiasme y comienza a conquistarla hasta que de alguna manera caen en un idilio”. O sea, que nuestra amiga piensa que la única culpable de que haya desavenencias entre las parejas, es la mujer. En mi opinión, creo que el problema es de verdad, muy serio y además, complejo.
Es obvio pensar que los comentarios sobre la culpabilidad de que los matrimonios no sean para siempre, no es tarea fácil. Pienso que cuando existe una verdadera entrega entre ambos las relaciones son fructíferas. Claro, claro, cada quien es como es. Somos totalmente diferentes. Incluso, jamás una de las parejas conoce a la otra en todas sus formas. Ahora, creo que a la mujer hay que respetarla. Creo, de igual modo, que hay que estar claros en las decisiones que se tomen. Porque de lo que si estoy plenamente convencido, es que la mujer tiene la mayor posibilidad de ser perjudicada.
Incluso, un embarazo y que cargue con su hij@. De hecho, dicen que el hombre, por siglos de siglos, ha sido rudo, tosco, ordinario, de la calle pues. Mientras que la mujer siempre ha llevado las riendas en todos los momentos difíciles por la que ha pasado. Hay quienes sostienen que la mujer es tan maltratada que cuando anda con un amigo, ya la acusan de villana. Si llega tarde por la noche, entonces andaba con otro. Y así sucesivamente. Pienso que debemos ser mucho más condescendientes. Pero, queda la interrogante: ¿Quién es culpable? Queda abierto el debate. Es hora de una profunda reflexión.
alfredo_monsalve@latinamil.com

