Carlos Ñáñez: Aumento salarial y destrucción de la libertad

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Servirse de un cargo público para enriquecimiento personal resulta no ya inmoral, sino criminal y abominable. Cicerón.

Desde hace más de un lustro los aumentos salariales han perdido la significación de otros momentos históricos en la vida nacional, en especial en los tiempos de la hiperinflación, justo en esos rudos tiempos de esta antigualla económica de la cual nos hemos apartado manteniendo la amenaza de volver hacia ella, los aumentos se anunciaban por las redes sociales y siempre suponían un monto de subsistencia ominosa en relación con las necesidades básicas requeridas. El salario mínimo dejó de ser referencia y en tal sentido se volvió una realidad nominal y hueca de las necesidades de una población en éxodo, vapuleada y bajo el horror.

El último aumento salarial del pasado abril 2022 se realizó a rajatabla, sobre un dólar diario para 30 dólares mensuales, para un país régimen que no presupuesta. Desde luego que ese pírrico logro quedaría desnudo ante la falta de previsión presupuestaria de los pasivos, esta realidad quedó demostrada en el negro mes de agosto, mes de las imposibilidades y del pago completo de los haberes vacacionales de un aumento subsumido bajo artilugios contables en el inexistente instructivo Onapre, inexistente en la forma y corpóreo en el fondo para someter a los trabajadores al abandono progresivo de sus derechos, a los gremios al hastío de la pugna estéril y finalmente como de costumbre a la compra de voluntades y entrega de libertad y desarrollo.

Los trabajadores han caído en la trampa de la neolengua que califica de emprendimiento a cualquier acción desesperada por procurarse el sustento. Así la capacitación laboral, la formación académica han desaparecido, bajo la conformidad por inexistencia de emprender desde el horror para no morir de hambre, abandonando las fuentes de ingreso para las cuales los gremios se prepararon.

Así pues un maestro con estudios de cuarto nivel en temas pedagógicos, ha tenido que abandonar sus conceptos sobre Jean Piaget, Kant y Kohlberg, para autoengañarse y abrazar a una máquina de coser, un horno o cualquier otro utensilio lejano a su profesión para convertirse en un ejecutor de oficios y sobrevivir, dejando a un lado su preparación académica bajo el autoengaño del emprendimiento, haciendo nimio, leve y laxo los haberes percibidos, abundan los casos de quienes repiten que la docencia es una suerte de gusto o preferencia, que se ejerce gratis pues es un apostolado, de esta manera desisten en la lucha legitima de sus intereses, derechos y reivindicaciones, aceptando la indignidad de lo devengado a través del adefesio de la plataforma patria.

Quien no ejerce sus derechos inexorablemente los pierde, los abandona y justifica cualquier forma de tropelía en contra de su ser, permite le sean escindidos los aspectos inherentes a su naturaleza humana, se abandona en la forma del paciente pobre y no agencia la salida de la pobreza, pierde capacidades y libertad esta es la advertencia que nos hace el premio nobel en economía Amartya Sen, los gremios en Venezuela dependen de quien los tortura, se mimetizan en una insana coexistencia con sus verdugos y son en esencia corresponsables de este horror.

Las expectativas acerca de un posible anuncio van desde la nada, hasta un intervalo que se mueve entre los treinta y cuarenta dólares, cifras estas absolutamente insuficientes para enfrentarse a la canasta básica que supera los 1000 dólares.

Este complejo contexto de exigencias se desarrolla desde inicios de este año y justo coincide con un horrido tema de corrupción, cuya cifra inicial manejada sin escrúpulo moral supera los 458 mil millones de dólares el gasto público consolidado de un enorme país como México. ¿Cómo se le puede pedir calma a los empleados públicos, frente al saqueo sistemático de la república?

La respuesta es un teorema de imposibilidad, una evidencia clara de que jamás tendrán satisfacción frente a cualquier excusa que se les presente. ¿Pues como no hay para ajustar los salarios y si para el ejercicio de la cleptocracia?

Las emisiones televisivas en cadena nacional, emitidas por el señor presidente, solo dan cuenta de la absoluta falta de esquema moral al reconocer los actos de corrupción cometidos por los adláteres del régimen y son la demostración clara del absoluto desconocimiento de la corresponsabilidad que como jefe de Estado mantiene al ser administrador de la hacienda pública nacional.

Como máxima autoridad del Estado no puede solamente conformarse con leer, la lista de las fechorías cometidas en revolución y menos exculpar de facto a Tarek el Aisami, mientras la totalidad de pensionados y jubilados reciben una remuneración de menos de cinco (5) dólares al mes, mientras que los funcionarios activos devengan solamente 40 dólares en el mejor de los casos y en la mayor categoría.

En verdad somos una distopia de amoralidades, un régimen que se purga bajo la sospecha de la corrupción que el mismo ha permitido, tal suma de descaro se conforman en una bofetada a quienes cumplen más de 4 meses protestando por estar despojados de salarios y trabajando en condiciones indecentes, en el caso de los educadores la ministra de Educación propuso la reducción de la jornada y que cada docente se procurase el sustento. Tanta infravaloración solo es propia de la más abyecta maldad y desprecio por el saber.

Finalmente no caben las expectativas buenas hacia estos quienes se atornillan en el poder, el aumento insisto puede ser nada o un mero guarismo, que nos mantenga atados a la miseria, pero de lo que no cabe duda es del inmenso festín de cleptocracia y toda suerte de aberraciones que solo se pueden dar en la gnosis de estos bárbaros. La más grande de sus entelequias es que un régimen conducido por un obrero desprecie los derechos y progresividades laborales, cuán lejos están de los principios que simulaban tener, con sus acciones solo demuestran que nunca fueron una ideología sino un grupo de sujetos con el repudiable fin de tomar lo ajeno.

Cuánto más corrupto es el estado, más leyes tiene. Tácito.

 

Traducción »

Sobre María Corina Machado