Gioconda Espina: Doble verdad, la salida no es la resiliencia sino la lucha por los derechos

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Contra la doble verdad.

Me imagino coordinar una asignatura electiva en el primer semestre o año de cualquier carrera universitaria que tenga como hilo conductor este libro de ANA De Miguel que ya lleva dos ediciones, Ética para Celia. Contra la doble verdad (2022, Editorial Sine Qua Non), deteniéndome en algunos de los y las autoras que va citando para demostrarle a su hija que sigue vivita y coleando la doble verdad, el doble rasero, para hombres y mujeres, que se viene aplicando a los seres humanos –aún antes de nacer– desde la mitología griega hasta hoy, cuando sigue educándose a niños y niñas como desiguales con la excusa de la diferencia sexual marcada en los cuerpos.

Este libro lo dedica a su hija, pero está dirigido a los hijos y las hijas de todas. Sólo aceptaría, dice, que se lo califique como Ética para chicas, a condición de que también se llame al libro de Aristóteles (su autor más citado, reconoce), dedicado a su hijo Nicómaco, Ética para chicos. De manera que esa asignatura que imagino podría estar coordinada por un hombre o una mujer, siempre que sea feminista, y podrían cursarla mujeres y hombres, algo que echa en falta ADM, como nosotras por aquí en Venezuela, pues en todas las actividades siguen asistiendo sólo mujeres y cuando algún hombre asiste se siente obligado a tomar la palabra para decir cualquier cosa (saludar o repetir algo que ya se había dicho). Y nunca falta la tonta que, de inmediato, le agradezca “estar ahí”, aunque él no haya dicho nada ni nuevo ni comprensible. Necesitamos que los hombres asistan, escuchen, hagan preguntas y comentarios sobre lo que han escuchado, no que pasen a saludar.

La palabra con la que ADM comienza su recorrido por la historia de las ideas es ontología, que se refiere a “lo que el ser es”. El problema es que, por estar el ser encarnado en cuerpo sexuado, ya antes de nacer lo que la niña será es muy distinto a lo que el niño será, pues el lugar de cada uno queda fijado vía lenguaje, que nunca es inocente y nos preexiste a todos y todas. ADM parte del olimpo de los dioses griegos, pasando por el viejo y el nuevo testamento, hasta las telenovelas y series tipo Netflix, que reiteran una y otra vez el cuento de la Cenicienta (joven pobre casa con joven rico), un ideal de mujer que se opone, agrego yo, a la joven “sólo para el perreo” de la mayoría de los reggaetón multipremiados.

Como está dirigido a jóvenes enganchadas en las RRSS, la autora usa el tono coloquial en párrafos cortos, salpicando sus reflexiones filosóficas con todos los productos audiovisuales a los que sus lectoras están expuestas, que ratifican el lugar de la mujer subordinada a un hombre: su padre o quien ejerza la función, su novio, su esposo, su líder del partido o del sindicato. Y de esto no se salvan ni los profes de los postgrados de filosofía, que conoce bien.

Zeus y otros héroes griegos, igual que los superhéroes de Marvel, son los representantes de los seres humanos que valen y una mujer en el grupo, siendo un avance, no significa que el heroísmo no sea propio de varones y el cuido de los héroes propio de mujeres. Siempre ha sido así y recuerda que en la Revolución Francesa las heroínas fueron llevadas a la guillotina por quienes habían sido sus camaradas al comienzo de la lucha contra la monarquía. Después de todo, los revolucionarios franceses hicieron una colecta para hacer un monumento y sostener a la viuda de J.J. Rousseau, el autor del Emilio o la Educación, que describió cómo debía ser la educación de Sofía y, por extensión, de todas las niñas y jóvenes, llámense Sofía, Celia o Julia.

El punto de vista según el cual a partir de la diferencia sexual debe inferirse desigualdad social y política continuó con Nietzsche (de quien ADM se considera discípula), Darwin, Freud y Levi Strauss. ADM llama la atención sobre el hecho de que los filósofos no han escrito mucho acerca de la familia y las madres, pero sí acerca de la amistad, desde Aristóteles y Epicuro.  Una filósofa feminista incómoda se rebeló y rasgó el velo de la complicidad de sus predecesores con el sometimiento de la mitad de la población por la otra mitad: Simone de Beauvoir, la primera que denunció la doble verdad ontológica en 1949 (El segundo sexo). Para decirlo con palabras de las actuales feministas del cuido: no hay seres humanos “cuidables” (hombres) y seres humanos “cuidadores” (mujeres), tanto unos como otras pueden ser una cosa u otra si así lo deciden uno por uno. Nadie está condenado a “ser para los otros” y, por ello, sólo optar por ser la mujer del gran o pequeño hombre. Ni sacrificar su “ser mujer” para ser “abnegada madre” (sola o acompañada) de sus hijos. Porque ser mujer y ser madre no es lo mismo, como nos han hecho creer.

Contra la opinión de los devotos de la resiliencia, la implacable ADM, responde: “¡Al diablo con la resiliencia!” … Dejarse doblar para resistir no es una salida para defender los derechos, que cada vez se nos recortan más con la ayuda del que Rosa María Rodríguez Magda (2022) llama transfeminismo, un saco de gatos en el que se mezclan las más diversas reivindicaciones que no por ciertas no dejan de convertir a las del feminismo en unas más. La salida no es la resiliencia sino la lucha por los derechos por más ciudadanía para las mujeres y recordar, en cada evento, que ni sexo es género ni deseos son derechos.

Profesora titular de la Universidad Central de Venezuela. Estudios de género y psicoanálisis.

 

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Sobre María Corina Machado