El 24 de febrero, el presidente ruso, Vladímir Putin, lanzó el mayor órdago bélico que ha vivido Europa desde la Segunda Guerra Mundial. Más de nueve meses después, el conflicto sigue abierto y los muertos y las violaciones de Derechos Humanos se cuentan por miles. En lo interno, Putin ha endurecido las leyes para perseguir a la disidencia a golpe de arrestos, condenas y censura. Moscú persigue cualquier atisbo de crítica ante una guerra que, militarmente, no es el paseo que se esperaba.

