Ángel Alvarado: Democratización y prosperidad

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El mundo vive una recesión democrática, de la India a Polonia pasando por Turquía los populismos han causado una profunda tensión entre la voluntad popular y los derechos individuales, principios fundamentales de la democracia liberal. La democracia está en riesgo a nivel mundial y no únicamente en los países pobres. Los ciudadanos de los países ricos con democracias consolidadas están cada vez menos satisfechos de sus gobiernos y se han mostrado abiertos a alternativas “no democráticas”.

Las opciones de políticas o las instituciones

Muy difícilmente se puede contar la historia de los países más desarrollados sin hablar de las instituciones y su rol sobre el desarrollo económico. A lo largo de los últimos 200 años, los países con mayores ingresos han tendido a ser los más democráticos, lo que fácilmente nos puede llevar a pensar que la democracia por sí misma genera prosperidad, descartando que la misma sea el resultado y no la causa del crecimiento.

De acuerdo con la tesis institucional, las sociedades con instituciones inclusivas o abiertas promueven mayores inversiones e innovación, lo que las hace más prósperas que las demás. Es la tesis de grandes pensadores como John Locke, Adam Smith y Friedrich Hayek quienes han enfatizado la necesidad de los derechos de propiedad para el éxito de las naciones; más recientemente debemos a agregar a esa lista a Douglass North, Mancur Olson, James Robinson y Daron Acemoglu.

No obstante, otros autores como Edward Gleaser, Rafael La Porta, Florencio López de Silane y Andre Shleifer critican esta manera de concebir la tesis institucional, sostienen que no necesariamente la democracia y derechos de propiedad son bienes complementarios, ya que existen dictadores “promercado” que también garantizan los derechos de propiedad (por ejemplo, Singapur). Para ellos los derechos de propiedad son un tema de “opciones” de política y no resultado del régimen político.

El rol de la democracia en el ingreso

En las explicaciones sobre el rol de la democracia en el desempeño económico tenemos dos grupos de teorías, las que enfatizan las consecuencias neutras o negativas de las instituciones democráticas sobre el crecimiento económico (teorías escépticas) y las que señalan un efecto positivo (teorías desarrollistas).

Las primeras enfatizan las ineficiencias de los gobiernos representativos, es el caso de Platón, Tocqueville (1835) y Huntington (1968) quienes temen que las demandas populares lleven al consumismo y a la expropiación; o la tradición de public choice de James Buchanan que se focalizan en el conflicto de agendas entre los políticos y el pueblo a través de los excesivos déficits fiscales para garantizar una relección, o las demandas por políticas redistributivas en los modelos de votante medio que afectan el crecimiento en sistemas democráticos.

Las teorías desarrollistas, por el contrario, argumentan que las instituciones representativas contribuyen al desarrollo a través de los impuestos para financiar la educación, minimizan los costos de transacción de las organizaciones sociopolíticas, desencadenan procesos electorales que resuelven problemas de compromiso dinámico, fortalecen las capacidades de transmitir información, proveen una estructura más adecuada para promover los mercados eficientes, nunca han experimentado una hambruna y proporcionan estabilidad a la sociedad.

¿Qué dice la evidencia empírica?

Los economistas han sido conscientes por largo tiempo de los peligros que afronta la democracia, su potencial antagonismo con el crecimiento y su fragilidad para atender los reclamos de la sociedad o sus conflictos, muchas veces basados en intereses establecidos.

Robert Barro ha mostrado que el efecto de la democracia sobre el crecimiento es débilmente negativo, sugiriendo una relación no lineal entre ambas variables, con efectos negativos a bajos niveles de ingreso e impactos positivos a mayores niveles de mismo. Para este autor, las libertades económicas en forma de mercados libres y gobiernos pequeños que protegen derechos de propiedad serían la clave del crecimiento, siendo que más derechos políticos no tienen efecto sobre el crecimiento.

Este trabajo ha sido controversial desde entonces, ya que contradice la narrativa de que las libertades económicas y políticas se complementan y refuerzan, o los trabajos teóricos que muestran un impacto pequeño y no significativo de la democracia en el crecimiento. De hecho, Barro muestra la posibilidad de regímenes no democráticos que expanden libertades económicas, generando crecimiento económico sin libertades políticas.

Esto motivó otros estudios que buscaban una relación empírica positiva entre la democracia y el ingreso, los cuales encontraron una serie de canales de transmisión como la educación, y menos robustamente, la igualdad social. Con resultados similares tenemos los trabajos de Phillipe Aghion y Alberto Alesina quienes encuentran una relación débil entre democracia e ingresos; en concreto, encuentran que la democracia influencia el crecimiento en los sectores de economía cercanos a la frontera de la innovación, siendo que ese efecto se vuelve negativo en sectores alejados de la frontera.

Esta ambigüedad en los resultados dio origen a trabajos dinámicos como los de Dani Rodrik, Guido Tabellini y Dimitris Papaioannou que lograron relaciones positivas entre “democratización” y crecimiento. Más recientemente Daron y James Robinson Acemoglu, proveyeron evidencia del efecto positivo de la democratización sobre el ingreso usando nuevas medidas de democracia, su estudio aporta evidencia del efecto de la “democratización” sobre el ingreso en el largo plazo.

La democratización

Si bien la democracia como institución tiende a mostrar una relación neutra o no significativa estadísticamente en su impacto sobre el ingreso, la democratización puede cambiar significativamente el nivel del ingreso de un país. Un cambio político hacia la democracia puede llevar a un cambio económico relevante en países como Irán, Corea del Norte o Venezuela; sin embargo, esta no basta para mejorar el ingreso si no viene acompañada de Estado de derecho, derechos de propiedad, moneda estable y la inserción de la economía en el mundo: los pilares institucionales.

Un país puede crecer económicamente cuando es capaz de asegurar los pilares institucionales entre sus opciones de política aun sin ser una democracia, es el caso de Singapur, China, Vietnam; el caso de Venezuela es diferente, difícilmente podría generar crecimiento sostenido sin cambio político, ya que su inserción en el mundo ha estado condicionada a la democratización, con lo que la consolidación de los pilares institucionales implica para Venezuela la democracia misma.

Si la comunidad internacional permite la inserción progresiva de Venezuela en la economía mundial sin democratización, las condiciones económicas van a mejorar, sobre todo si dicha inserción viene acompañada de otras reformas. Obviamente es un equilibrio inferior a una democratización con reformas institucionales de la economía, que es lo que el mundo libre ha buscado y los demócratas del mundo aspiramos.

A la democracia debemos protegerla aun cuando su efecto sobre el ingreso sea nulo, neutro o ligeramente negativo, de hecho, habría que sacarla de la discusión de la coyuntura económica. La democracia es un fin en sí mismo que debemos asegurar, proteger y defender contra los populismos de cualquier tipo y las autocracias de cualquier color en cualquier lugar del mundo, y la democratización en Venezuela debemos buscarla aun cuando la economía empiece a crecer a altas tasas.

 

Traducción »

Sobre María Corina Machado