Neuro Villalobos: Respirar democracia

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Si te consideras un diamante, entonces aceptarás vivir bajo la presión de serlo. Daniel Habiff.

Es causa de preocupación los movimientos que observamos a nivel mundial que tienden no solo a perjudicar sino a destruir la democracia que es la forma de gobierno por excelencia que respeta en mayor grado la libertad individual y la justicia.  Además, se le reconoce como un sistema, una forma de organización de la sociedad donde sus valores esenciales son el respeto, la tolerancia, la equidad, la igualdad ante la ley y la justicia. Se ataca a la democracia por las fallas personales de sus líderes y por los malos resultados de su gestión que son las verdaderas causas de su fracaso y de la insatisfacción de la mayoría de la población.

No obstante, consciente o inconscientemente los medios de comunicación y el enorme desarrollo tecnológico asociado a ellos, contribuyen y se hacen cómplices de quienes están interesados en acabar con la democracia cuando no sirve a sus intereses o cuando se proponen imponer otras formas de organización social que limitan la libertad de los ciudadanos.

Es preocupante también la tendencia en el comportamiento de líderes democráticos que exhiben rasgos comunes a los líderes totalitarios como lo es el narcisismo. Éste, dice Habiff, consiste en sentirse superior a los demás, que son los que eligen, y en el deseo desmedido de recibir admiración.

 

El narcisismo es muy peligroso para la democracia, ya que los narcisos solo se sienten felices cuando son admirados, no soportan las críticas, olvidando las sabias enseñanzas de José Ingenieros quien hace más de un siglo advirtiera que si hay méritos, el orgullo es un derecho, si no los hay, se trata de vanidad.

Han existido líderes, y todavía existen, que en el colmo de su vanidad y narcisismo, emulan a Alejandro Magno quien sentía que la tierra era muy pequeña para su alma que aspiraba a lo infinito, a lo inmenso, a lo ilimitado y que en su desmesurada avidez de gloria lo llevó a pronunciar aquella altiva y sacrílega frase: “En mi se agita la levadura avasalladora de una divinidad prometida, esperada, próxima, el instinto y querer ser ya un semidiós, de poder llegar a ser un Dios.”

No es un liderazgo narcisista lo que queremos ni necesitamos en Venezuela. Lo que aspiramos es a conseguir líderes que respiren y nos hagan respirar democracia, que la hagan sentir como algo esencial para la vida, como lo es el alimento para el cuerpo. Que la transmitan para formar ciudadanos cuyos rasgos distintivos sea el amor por la libertad para vivir una vida con dignidad, ya que lo que nos hace iguales es nuestra condición de ser humanos que hemos entendido para siempre que “la única conquista del hombre es la conquista de sí mismo para moverse hacia la conquista de Dios.”

nevillarin@gmail.com

 

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