Fernando Ochoa Antich: El destino incierto del Perú

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La sociedad peruana enfrenta una compleja situación política que podría degenerar en violencia. La ausencia de una respuesta perentoria, clara y convincente de los Jurados Electorales Especiales (JEE) sobre el resultado de la reciente elección presidencial podría ser la causa. La diferencia entre los dos candidatos, Pedro Castillo y Keiko Fujimori, según los cómputos definitivos presentados por la Oficina Nacional de Procesos Electorales (ONPE), es de apenas el 0,25%. Además de ese estrecho margen, los reparos interpuestos por los partidos Perú Libre y Fuerza Popular de ambos candidatos respectivamente, solicitando la nulidad de numerosas actas y la inexplicable lentitud para decidir, por parte de los JEE sobre dichos reparos, han impedido proclamar a un ganador. Peor aún, una vez emitida esa decisión, los afectados podrían apelarla, por lo que se requeriría un nuevo lapso de tiempo para que el Jurado Nacional de Elecciones  dé respuesta a las apelaciones y se pronuncie definitivamente. En estas circunstancias se prevé que el resultado definitivo no podría ser oficial sino hasta los primeros días del mes de julio.

Consecuentemente, la tensión política ha empezado a tomar fuerza. Los partidos, de ambos candidatos, convocaron recientemente a multitudinarias concentraciones en Lima. Keiko Fujimori insistió en que hubo un fraude electoral durante el balotaje y su partido, Fuerza Popular, presentó acciones de nulidad contra 802 actas. Pareciera ser que, por cuestiones de lapsos legales, solo 151 actas ingresaron a tiempo a los Jurados Electorales Especiales. Sin embargo, el Jurado Nacional de Elecciones amplió el plazo, en 48 horas, para recibir dichas acciones. Pedro Castillo y su partido Perú Libre protestaron, alegando que esa medida era “un golpe de Estado” contra las elecciones. Las fuertes críticas de amplios sectores sociales condujeron a que reconsiderara su decisión. Perú Libre, por su parte, logró presentar, a tiempo, 14 reclamos de nulidad de actas. El incremento de las tensiones políticas condujo al cardenal Pedro Barreto a expresar públicamente que “la democracia tiene reglas y plazos que todos debemos respetar. La Iglesia Católica está disponible para mediar con el fin de superar esta dolorosa y frustrante incertidumbre”.

La Misión de Observación Electoral de la Organización de Estados Americanos, una vez concluida la votación, permaneció en el Perú, con la finalidad de dar seguimiento al período poselectoral y sostener reuniones con las autoridades gubernamentales, electorales, y con los actores políticos más importantes. Su jefe, el excanciller de Paraguay, Rubén Ramírez Lezcano, y los demás miembros de la misión se reunieron, el 10 de junio, con el presidente de la República, Francisco Sagasti, con el presidente del Jurado Nacional de Elecciones, Jorge Luis Salas A., y con el jefe de la Oficina Nacional de Procesos Electorales, Piero Corvetto S., para informarles del resultado de la observación del proceso. También realizaron reuniones con los candidatos presidenciales Pedro Castillo y Keiko Fujimori, a quienes les informaron del amplio despliegue realizado por dicha comisión durante las elecciones y cómo pudieron comprobar “un proceso electoral positivo en que se registraron, entre la primera y la segunda vuelta, mejoras sustantivas y no haber observado irregularidades graves durante el proceso”.

 

Una de las manifestaciones más concurridas fue la convocada por una organización de militares retirados, en la cual hubo una importante presencia de civiles, con la finalidad de responder al presidente interino Francisco Sagasti quien, el 18 de junio, en un mensaje, a través de los medios de comunicación, rechazó el llamado que hizo ese grupo para impedir la proclamación de Pedro Castillo como vencedor en las elecciones, al afirmar: “Es inaceptable… que un grupo de personas retiradas de las Fuerzas Armadas pretenda incitar a los altos mandos del Ejército, la Marina, y la Fuerza Aérea a que quebranten el Estado de Derecho”. Lo más significativo de esa manifestación fue la inmensa bandera del Perú que utilizaron para encabezarla con el mensaje: “No al comunismo”, repetido en el eslogan que gritaron los numerosos asistentes. El almirante retirado y parlamentario electo por Fuerza Popular, José Cueto, y quien respaldó la posición de Keiko Fujimori, señaló: “El plantón es para mostrar nuestro rechazo a las palabras del presidente encargado que nos ha tratado de amenazar por nuestras cartas”.

Como se puede apreciar, la demora en conocer el resultado oficial y definitivo de la elección presidencial está generando un inconveniente clima de inquietud y crispación social, que puede comprometer la preservación de la paz y la democracia. Así mismo, el próximo gobierno peruano, sea quien gane en definitiva, tendrá que enfrentar una muy difícil situación política, económica y social. En caso de triunfar Keiko Fujimori, su gobierno sería débil al tener que defender la legitimidad de los resultados electorales y constituir un gobierno de coalición, con otros partidos, para poder superar su falta de mayoría parlamentaria. De obtener el triunfo Pedro Castillo, la situación  sería aún más complicada. Apenas se supo que había empezado a puntear en el balotaje, los activos peruanos se desplomaron y el valor del Sol respecto al dólar cayó a un mínimo histórico. Igualmente, no está clara la orientación ideológica que piensa darle a su gobierno, ya que al final de la campaña electoral mantuvo, con firmeza, que él no era comunista ni chavista, pero sus expresiones anteriores a favor del chavismo han generado muchas dudas y temores. Además, su oferta principal ha sido la de reformar la Constitución Nacional a fin de modificar el modelo económico neoliberal establecido por el expresidente Alberto Fujimori. Solo queda, por ahora, esperar el resultado definitivo de la elección para poder, al menos, vislumbrar, el destino del Perú.

 

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