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Jesús Alberto Castillo: Una verdad mentirosa

 

Lo peor que puede pasarle a un individuo es creer que vive una realidad cierta cuando todo es vana ilusión. La percepción de su entorno puede llevarlo a actuar de una forma determinada y desconectarse de lo que acontece fidedignamente. Por supuesto, detrás de todo esto hay un poderoso laboratorio que trastoca la mente del sujeto para inducirlo a pensar y comportarse sumisamente ante un determinado contexto social, político y cultural. Vivimos en una era tan compleja, marcada por la aberrante difusión de imágenes, discursos y noticias en la gran autopista informativa que manipulan permanentemente en la psiquis individual y colectiva. Un fenómeno que preocupa desde hace décadas a especialistas en el tema comunicacional y, pareciera, no tener respuestas ante la vorágine informacional.

Esa realidad ilusoria está presente en los espacios de la vida cotidiana de Venezuela. El pueblo, ese descompuesto tejido social, está a merced de una refinada maquinaria mediática que lo aliena permanentemente para obtener un producto humano afín al discurso oficialista. Es la configuración del proyecto “El nuevo hombre” que se perfila como estandarte en la construcción del socialismo del siglo XXI, por tanto, “ese sujeto debe sacrificarse en pro de la revolución por un mundo mejor”. Pero, también, el bando contrario permea la mente individual y colectiva sobre el eslogan de “un gobierno interino reconocido por diversas naciones” orientado a salvar al país de “la peste oficialista”. Un andamiaje discursivo que fomenta un clima de polarización donde el gran ganador es el bando que ejerce realmente el poder político en nuestro país.

Para el oficialismo no le ha sido fácil imponer en 22 años su proyecto ideológico (pensamiento único y autoritarismo), a pesar de haber desplegado una portentosa estructura de control social. Sigue teniendo una disidencia política que ha intentado sacarlo por la vía de la fuerza, no electoralmente. Además, contrario a lo calculado, la maltrecha economía es su principal amenaza: aparato productivo destartalado, hiperinflación indetenible, industria petrolera quebrada, servicios públicos colapsados, altos niveles de pobreza extrema, hambre y desnutrición. Ahora, la pandemia del Covid 19, comienza a jugarle mala partida. Se le ha ido de las manos las cifras de contagios que le permitieron cierto manejo político ante la población. Cuenta con apoyo militar y algunos aliados que mueven la geopolítica mundial, a los que seguirá manteniendo con prebendas y recursos públicos.

De igual manera, al sector opositor no las tiene todas consigo. Luce desorientado y fragmentado, a pesar de contar con un apoyo internacional considerable. El gobierno interino del que hace gala solo es percibido por sus aliados fuera de las fronteras y la diáspora de connacionales. Pero, al interior de Venezuela, no ocurre lo mismo. No hay un monopolio legítimo de la fuerza física en el territorio nacional – parafraseando a Weber- por quienes luchan contra “la usurpación”. Maduro es el que se sienta en la silla de Miraflores, paga las nóminas de los empleados públicos y regala bonos a sus seguidores y  opositores, salvo honrosas excepciones. Estos opositores hablan de desconocer al régimen con quien se han sentado a puertas cerradas para dirimir la crisis política y económica. Se creen representantes genuinos de la oposición en su totalidad, desconociendo que hay otros sectores que adversan al régimen y creen en la vía electoral.

La realidad ilusoria está por doquier. Veamos otro ejemplo. Las prestigiosas firmas de opinión indican que más del 76% de los venezolanos rechaza la gestión de Maduro, al considerarla culpable de los graves problemas del país. Como las estadísticas no fallan, aunque tengan un margen de error muestral, si la gente optara por ir a elecciones parlamentarias, más allá de irregularidades y ventajismo oficial, los resultados serían favorables a la oposición. Sin embargo, los principales voceros opositores se niegan a reconocer esta realidad. Satanizan de “colaboracionistas” a quienes defienden la tesis electoral. Usan las redes sociales y su equipo propagandístico para disuadir a sus seguidores de esa ruta política. Plantean salidas adelantadas del régimen y extirpar al “chavismo”, desconociendo que es una realidad social, cultural y política en Venezuela.

Las encuestas reflejan un gran rechazo a la gestión de Maduro, pero sus resultados pueden variar dependiendo de la percepción y comportamiento de la gente frente al estímulo abstencionista de una campaña. Eso lo sabe, muy bien, el oficialismo. Está consciente que si la oposición va unida gana electoralmente. Por tanto, se vale de cualquier estrategia para venderse como imbatible,  desalentar el voto opositor y dividir a sus líderes. Entre ellas se pueden mencionar: a) Designar al directorio del CNE por el TSJ y hacer mayoría, b) Convertir a Maduro en el principal promotor de las anunciadas elecciones parlamentarias, c) Hacer proselitismo con los bonos y bolsas CLAP, d) Activar la maquinaria roja en tiempos de pandemia con gestiones regionales y municipales, e) Desmovilizar las protestas sociales con cifras del Coronavirus, f) Usar a Padrino López, Ministro de la Defensa, como defensor de la Revolución en cada proceso electoral.

Estamos inmersos en una realidad ilusoria, donde lo que nos parece verdad resulta ser mentira. Se ha vendido la idea de que ninguna dictadura sale con votos, sino con armas. La experiencia histórica puede refutar ese mito. Casos como Polonia, España, Chile, Sudáfrica, entre otros, fueron avances democráticos gracias a negociaciones políticas pacíficas. Igualmente, el escenario electoral parlamentario, que hoy resulta el más probable, puede desvanecerse ante cualquier evento: crecimiento exponencial de la pandemia, explosión social, golpe de Estado, acuerdo político internacional, etc. Todo es impredecible. Por supuesto, cada quien que tenga su percepción de la realidad. Nosotros intentamos desmontar los anclajes de una alienación que perturba a millones de personas y las lleva a pensar que no hay esperanza. Es tiempo de develar, sin tapujo, los elementos ocultos de la manipulación política, la cual condena a la humanidad a su epitafio. Es sacar a flote el Mito de la Caverna que expuso magistralmente Platón para romper la realidad ilusoria a la que ha estado sometido el ser humano.

Politólogo y Doctor en Ciencias Gerenciales

 

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