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Alfredo Monsalve López: La peste

 

Aproveché este encierro necesario, para releer “La Peste”, una crónica de Albert Camus. Y lo que él describe en su crónica, tiene algo de semejanza con lo que actualmente vivimos. Aunque se trata de repentinas muertes de ratas que, en poco tiempo, involucra en tragedia a conciudadanos de una apacible ciudad. Nuestro planeta, como ya es sabido, está en cuarentena. Una pandemia acecha a todos los seres humanos. Los arrincona. Se expande como una burbuja llena de helio. El miedo aterra a todos y cada uno de sus pobladores (como en “La Peste” de Camus). No es cuento. Es una realidad que viene, según dicen, desde la lejana China. Es decir, en ella se inicia desde el mes de diciembre de 2019, lo que hoy nos está uniendo para sobrevivir del diabólico mal conocido como Coronavirus (Covid-19). Virus que mata si no se trata de inmediato. Es como una ponzoña venenosa. Ataca a quien no se previene. Se incrusta en los pulmones e impide lo que necesita el ser humano para estar con vida: el oxígeno. “La Peste” de Camus, describe la mortandad de roedores como una epidemia sobrenatural. Algunos tomaron la situación como un “saboteo” de algún jodedor. Los pobladores comentaban que eso pronto pasaría. Qué no había de que preocuparse. Que era una epidemia más. Pero, oh sorpresa. Los cadáveres de las ratas, día a día, cubrieron toda la ciudad. Se prendieron las alarmas. Salían de todas partes para morir frente a los humanos. Cundió el pánico. La preocupación desbordó la ciudad.

Hoy, el diabólico virus que atormenta nuestra existencia y nos mata, hace que la curva estadística no descienda en muchos países. Es decir, el planeta Tierra, como ya es sabido, se paraliza. Las economías caen. Las calles de las grandes y pequeñas ciudades aparecen desiertas. Como pueblos o ciudades fantasmas. Hay temor. Miedo. Las oraciones en millones de hombres y mujeres, se hacen presentes. Las informaciones (tipo competencia), saturan las redes sociales. En pocas palabras, nos enfrentamos a una calamidad devastadora. El mismísimo Albert Camus en su “Peste”, señala: “El modo más cómodo de conocer una ciudad es averiguar cómo se trabaja en ella, cómo se ama y cómo se muere”. Y cada día nos estamos conociendo. Muchas naciones han dejado sus diferencias y la solidaridad se hace presente. Todos en unión combaten el maligno COVID-19. ¿En verdad nos amamos y vemos cómo morimos? ¿O el odio se incrusta dentro de nuestra epidermis?

Es tal la magnitud del problema viral, que algunos países han declarado “toque de queda”. Una verdadera Guerra pues. Ahora, y he aquí mi reflexión, parto de que todos y cada uno de los habitantes de nuestro Planeta, debe acatar las recomendaciones sanitarias de expertos en el tema. Y eso, mis apreciados lectores, en muchas partes del mundo los ciudadanos han hecho caso omiso. Ejemplos hay. Tenemos a Italia, España, Estados Unidos, Gran Bretaña; es decir, no le pararon bolas a la peste. Si en América Latina no se toman medidas drásticas, severas, la tendencia al combate contra el mal, será insignificante. O sea, la cúspide de la curva seguirá en crecimiento. El mismo Camus señala que “Ha habido en el mundo tantas pestes como guerras y sin embargo, guerra y peste cogen a la gente siempre desprevenidas”. ¿El Covid-19 nos agarró desprevenidos?

Si volteamos la mirada a las redes sociales, (Twitter, Whatsapp, Fecebook…), nos toparemos con una serie de “informaciones” dignas de “aunque usted no lo crea”. Es decir, fecundan el pánico. El miedo. El terror. Pero de una cosa si debemos estar claro como el agua cristalina, es que el virus es letal. Por tanto debemos cuidarnos. Independientemente de que en nuestra Venezuela no haya (desde hace rato), una política coherente sobre salud, es pertinente y necesario, la cuarentena. Buscar la fuente fidedigna. Que no engañe más al ciudadano desprovisto de agua, de luz, de comida, de gas, en fin, que en definitiva es quien tiene la mayor parte de caer en las garras de la peste. Es más, pienso que debemos reinventarnos en cuanto a salubridad. Tomando a Albert Einstein: “Es en la crisis que nace la inventiva, los descubrimientos y las grandes estrategias”. Aquí no cabe debate. Dios nos proteja.

alfredo.monsalve10@hotmail.com

@monsalvel

 

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