Artífices de la violación de todos los acuerdos políticos que podían haber conducido a la normalización; la convivencia pacífica, y la gobernabilidad, el autoritarismo devino en dictadura, y decidió escoger el peor camino.
La destrucción física; política, socioeconómica, e institucional del país es el saldo inmediato que se puede observar luego de 26 años ininterrumpidos de pésimos gobiernos. Pero eso –dicho así- supone el análisis en sentido macro, distante, de laboratorio. El daño más significativo tiene que ver con la horrenda depauperación de la gente, y en especial de los más pobres en su entorno cotidiano.
Las condiciones de vida en los barrios populares de las grandes ciudades, y en los pueblos son lamentables, y muy dolorosas. Hoy Venezuela tiene una alta tasa de embarazo precoz como nunca antes; deserción escolar; desnutrición; imposibilidad de acceso a servicios esenciales (agua; electricidad; salud; transporte; seguridad; vivienda); precariedad laboral y explotación infantil; desempleo; alcoholismo; consumo de drogas; micro tráfico de drogas; prostitución, y violencia, entre otros tantos.
Todas estas son condiciones inhumanas, e impensables en un país que dispone de tantas ventajas comparativas y competitivas en recursos naturales; minerales; profesionales; ambientales, y climáticos, con los cuales, se podría conformar un verdadero escenario de oportunidades para el desarrollo sostenible más espectacular del hemisferio.
En lugar de ello, por una diversidad de razones que van desde la ignorancia; la incompetencia; el desprecio por la gente y su destino; la falta de planes, y especialmente por ese deseo asqueroso de querer controlar socialmente a los ciudadanos por la vía del hambre y la dependencia, convierten a nuestro país en una sociedad de zombies, a la espera de que caigan los mendrugos cada vez más escasos, lanzados con desprecio, mientras los altos jefes del gobierno; sus socios, y cómplices internos e internacionales, se hacen más ricos y poderosos.
La miopía interesada y miserable de quienes instigaron los golpes de estado del 92, y el aprovechamiento vil de quienes justificaron semejante tropelía, sabían y poco les importó que con ello estaban condenando al país a esta situación lamentable y desesperada, de la que varios millones de ciudadanos han huido, y otros quisieran hacerlo también, a pesar de las dificultades que ello comporta en términos personales, familiares, y la carga social; asistencial, y laboral que presiona a los países donde los venezolanos buscamos alivio y mejores condiciones de vida.
Que no se nos olvide nunca que el odio y deseos de venganza de los autodenominados Notables; Caldera y su ambición desmedida e insensata; los medios de comunicación; la izquierda corrupta, junto a los militares golpistas, son los responsables directos de esta catástrofe.
Acabaron con todo lo bueno; lo regular, y lo imperfecto, pero perfectible dentro de la democracia representativa, para meternos en este saco de gatos que supone el llamado ¨socialismo del siglo XXI¨; la más salvaje; cruel; corrupta; indolente, y miserable forma de destruir a una sociedad entera, con la presentación de un discurso ¨redentor¨, para luego convertirlo en la máquina de corrupción más deletérea de que se tenga memoria.
No hay una sola obra que se pueda recordar y celebrar como positiva, y al contrario, se cuentan por miles las cosas que prometieron y jamás construyeron, pero que si cobraron sus socios de la corrupción, y obviamente los nuevos archimillonarios que hoy ostentan sus fortunas con la exhibición de su mal gusto.
No hay inversión en la infraestructura del país, ni en la recuperación de áreas sensibles de la economía como el Petróleo; electricidad; hidrología; carreteras; transporte subterráneo y superficial; sistema educativo desde preescolar hasta el sector universitario; investigación científica; desarrollo social, ni en el sistema de salud.
Lo que si sobra es voluntad y esfuerzo para la destrucción; la corrupción, y el envilecimiento de quienes usando el poder para poner en práctica la discrecionalidad de la ¨justicia¨, terminan por ensañarse con gente inocente sin importar si son civiles, o militares; hombres o mujeres; menores o discapacitados; periodistas; profesores y estudiantes, todo con el afán de humillar al contrario.
Pero si se trata de los suyos, voltean la mirada como si aquello tan ostensible como la destrucción de PDVSA y el robo de 23.000 millones de dólares; los 7.500 millones de dólares del Metro Guarenas-Guatire; los Bolichicos; los Centrales azucareros; el Eje Orino-Apure; los puentes del Orinoco, para solo citar algunos, no hubiera existido.
Convocar elecciones adelantadas; ventajistas; abusivas, y utilizando los recursos del Estado al servicio de la candidatura oficialista, sin rubor; habla de su condición. Pero más dramático aún, es que luego de cinco meses no hayan sido capaces de presentar resultados de conformidad con la Ley, y encima optaran por mantenerse en el poder por la fuerza; sin Actas, y sin votos. Con una juramentación chimba, y huérfana de apoyo popular.
El desconocimiento internacional; la ilegitimidad de origen, y la conducta golpista nos ponen como país en el oscuro escenario de la ingobernabilidad.
Seguimos insistiendo en la necesidad de que la oposición conforme una dirección unitaria político-social amplia, que potencie el esfuerzo de Edmundo González Urrutia (ganador de las elecciones), y María Corina Machado (líder de la oposición). No los dejemos solos.
Perdieron las elecciones y lo saben. Todos con la Constitución vigente.
@romanibarra

