Hagamos las paces.
El otro día vi cuando una señora de “cierta edad”, le daba un caramelo a una cajera en el supermercado y le decía “Yo no puedo arreglar el país, ni reducir la inflación, pero puedo ser amable y eso ayuda”. Y tiene razón, yo sonreí y añadí, “y ser amable es gratis”.
Este mundo tan difícil, con grandes desigualdades, con una “guerra a pedazos”, como decía el papa Francisco, con mucho “sálvese quien pueda”, y en este país, también con muchas angustias, con una inflación que pulveriza los ingresos de la mayoría de los venezolanos, con violencia de todo tipo, no siempre intencional, a veces, muchas veces, por mal manejo de esas angustias, y violencia que se está naturalizando, “normal” que se grite, normal que se insulte por las redes sociales, por mencionar algunos ejemplos, la verdad es que ser amable mitiga el sufrimiento, acerca, le da a uno energía.
No piense el lector que lo que escribimos es “comeflorismo puro”, jeje. Ya se nos ha “acusado” de ello, pero yo respondo que ser “comeflor” no es malo, quien comeflor, re parte flores, y siempre es agradable una flor, quien como “candela”, reparte candela, y no hablamos del fuego de la fogata que anima convivencias y da calor en medio del frío, hablamos del fuego que genera destrucción y muerte. Ya de eso hay bastante en el mundo y en nuestro país también.
Amabilidad supone que el otro es importante para mí, saludar con una sonrisa, agradecer cualquier gesto del otro, reconocer algo bueno del otro, desde “lo bien que te queda ese corte”, o “¡Qué linda tu hijita!”, pasando por alguna alabanza a algún compañero de trabajo, o tal vez extender la mano para ayudar a alguien…todo eso es amabilidad y ayuda, y repito, es gratis, depende de nuestra decisión de serlo y promoverla.
Pero veamos qué nos dice sobre la amabilidad la Encíclica Fratelli Tutti del papa Francisco, documento hermoso y sabio todo que recomendamos su lectura y aplicación, no sólo dirigido a los líderes mundiales, para ellos también hay consejos, sino para todos nosotros, y nos atrevemos a decir, para creyentes y para no creyentes.
Recuperar la amabilidad, es uno de los subtítulos del capítulo VI de la mencionada Encíclica. Comenta que, en tiempo de crisis, como la que estamos en el mundo contemporáneo, sale a plena luz el espíritu de “sálvese quien pueda”. “Sin embargo, todavía es posible el cultivo de la amabilidad. Hay personas que lo hacen y se convierten en estrellas en medio de la oscuridad.” (#222). Y prosigue: (…) Implica decir palabras de aliento que reconfortan, que fortalecen, que consuelan, que estimulan (223) “San Pablo mencionaba un fruto del Espíritu Santo con la palabra griega chretótes (Gal 5,22), que expresa un estado de ánimo que no es áspero, rudo, duro, sino afable, suave, que sostiene y conforta. La persona que tiene esa cualidad, ayuda a los demás a que su existencia sea más soportable, sobre todo cuando cargan con el peso de sus problemas, urgencias y angustias. Es una manera de tratar a otros que se manifiesta de diversas formas: como amabilidad en el trato, como un cuidado para no herir con las palabras o gestos
Y prosigue en el número 224: “La amabilidad es una liberación de la crueldad que a veces penetra en las relaciones humanas, de la ansiedad que no nos deja pensar en los demás, de la urgencia distraída que ignora que los otros también tienen derecho a ser felices. Hoy no suele haber tiempo ni energías disponibles para detenerse a tratar bien a los demás, a decir ´permiso´, ´perdón´, ´gracias´. Pero de vez en cuando aparece el milagro de una persona amable, que deja a un lado sus ansiedades y urgencias para prestar atención, para regalar una sonrisa, para decir una palabra que estimule, para posibilitar un espacio de escucha en medio de tanta indiferencia. Este esfuerzo vivido cada día, es capaz de crear esa convivencia sana que vence las incomprensiones y previene los conflictos. El cultivo de la amabilidad no es un detalle menor ni una actitud superficial o burguesa. Puesto que supone valoración y respeto”. Y agrega que cuando la amabilidad se hace cultura en una sociedad, transforma el estilo de vida, las relaciones sociales, el modo de debatir y de confrontar ideas.
Disculpen la cita larga, pero el Papa lo dice muy bien. Hay tiempo de cultivar la amabilidad, lo estamos necesitando los venezolanos, y cuando usted la cultiva, se puede contagiar, genera endorfinas en su organismo, no reduce la inflación, ciertamente, pero usted, el que recibe ese trato amable y algún testigo que lo observa, se sienten mejor, sonríen también.
¿No se anima a ser una de esas personas que son un milagro como lo dice la Fratelli Tutti?

