Bach, Chopin, Debussy junto a un piano del que salen notas musicales de un preludio.
Hay formas musicales que nacieron con una función muy modesta. El preludio era simplemente una pieza breve que se tocaba antes de otra obra: una manera de probar el instrumento, preparar el oído o anunciar lo que vendría después.
Pero algunos compositores descubrieron que en esas páginas cortas podía concentrarse un universo entero. El preludio dejó de ser una introducción para convertirse en una miniatura perfecta, una especie de pensamiento musical condensado.
En lugar de organizar esta escucha de manera académica —por épocas o escuelas— prefiero hacerlo como suelo escuchar la música: dejando que una obra conduzca a otra por afinidades de clima, de color o de emoción.
Así, en este pequeño recorrido se alternan cuatro compositores que llevaron el preludio a territorios muy distintos:
Johann Sebastian Bach.
Frédéric Chopin.
Claude Debussy.
Dmitri Shostakovich.
No es una selección exhaustiva ni pretende serlo. Es, simplemente, una manera personal de escuchar.
Y quizá ahí esté el encanto del preludio: demuestra que no hacen falta grandes formas para expresar algo profundo.
A veces un minuto de música basta.
Bach: El preludio como arquitectura
Preludio y fuga N° 1. Glenn Gould.
Preludio en Do menor N° 2. Sviatoslav Richter.
Preludio en Re mayor BWV 850. András Schiff.
Preludio en Si menor BWV 869. Angela Hewitt.
Chopin: El preludio como poesía
Preludio N° 4.
Estudio Nº 8 Op. 10 en Fa Mayor. Maurizio Pollini.
N° 15 Raindrop. Arthur Rubinstein.
N° 24 en Re menor. Yuja Wang.
Debussy: El preludio como paisaje.
La fille aux cheveux de lin. Walter Gieseking.
Voiles. Arturo Benedetti Michelangeli.
La catedrale engloutie. Walter Gieseking.
Des pas sur la neige. Arturo Benedetti Michelangeli.
Shostakovich: El preludio como reflexión moderna.
Preludio N° 2 en La menor. Tatiana Nikolayeva.
Preludio N° 7 en La mayor. Alexander Melnikov.
Preludio N° 15. Tatiana Nikolayeva.
Preludio N° 24. Keith Jarrett.
Emilio Figueredo – Analitica.com

