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Jesús Alberto Castillo: Psicología de la buena

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Si de algo está llena la política es del ingrediente psicológico. Los expertos en laboratorios sociales juegan con la mente de las personas para exaltar ánimos o, por el contrario, sembrar desesperanzas. Eso ocurre en la praxis política donde los actores juegan duro para mantenerse o conquistar el poder.

La psicología es clave para persuadir o disuadir a los electores. El oficialismo ha aprendido mucho desde el poder a jugar con los sentimientos de la gente y a arrinconar al adversario. Lo ha hecho con asesoría foránea, estudiando sigilosamente las fortalezas y debilidades de cada sector social. Hasta ahora ha salido airoso de sus diversas batallas. Pero hoy el mundo se le ha venido encima.

No es para menos. Su candidato, Nicolás Maduro, perdió a paliza el pasado 28 de julio y trata de ocultar dicha realidad con un bendito fraude que se cae a pedazos. Las recientes encuestas señalan que más del 90% de los venenos no cree en los resultados dados por Elvis Amoroso. Pero, también reflejan que más del 84 % del electorado se siente impotente ante la gran incertidumbre reinante. Eso significa que la guerra psicológica del oficialismo ha trastocado la mente del electorado, aunque está consciente de la victoria contundente de Edmundo González.

El solo anuncio de Jorge Rodríguez, Presidente de la Asamblea Nacional, de invitar a Nicolás Maduro al acto de Juramentación del 10 de enero de 2025 es un ejemplo del uso de psicología para crear pesadumbre en el elector y hacerle ver que no vale la pena seguir votando. Pues, al final, la soberanía popular es solo un discurso que brota de los labios de los politiqueros. Con eso logra el oficialismo hacer su juego para intentar mantenerse en el poder.

Jorge Rodríguez, Diosdado Cabello, Tareck William Saab, Delcy Rodríguez, Cilia Flores, y otros más de la camada, hacen su trabajo de manera magistral. No importa que tengan conflictos internos. Lo que está en juego es el poder y ha que preservarlo por cualquier medio necesario. La manipulación del electorado, minar sus esperanzas, es un artilugio eficaz para ganar cualquier batalla.

Pareciera que al electorado se le olvidó que acudió a una elección presidencial adelantada por el propio oficialismo para tener tiempo en su malévolo juego psicológico. Es posible que muchos hayan olvidado que quien resultara vencedor el 28 de julio tendrá que asumir el poder el 10 de enero del 2025. Ese día aún no ha llegado. Todo va a depender de cómo se manejen estratégicamente los bandos en pugna.

De allí el reto que tienen los estrategas de Edmundo González en inflar de esperanzas al electorado de que tomará juramento ante la Asamblea Nacional esa fecha venidera. Tienen que hacerlo y acompañarlo con acciones de organización y movilización ciudadana en la medida que se acerque la fecha. Es cuestión de psicología y eso es clave en el éxito político.

La gente tiene que ubicarse en el contexto actual y exigir con convicción ciudadana que la soberanía popular no es un papel que se echa al cesto de la basura. Es la esencia misma del Estado y la propia democracia. De ella depende su libertad y condición humana. Por tanto, debe atreverse a luchar por ella y no condenarse a ser pisoteado por los caprichos de un déspota. El 28 de julio se produjo un resultado electoral que, por más ocultamiento que quiera hacerse de él, desencadenará en un hecho político trascendental en el futuro inmediato. La verdad siempre prevalece por encima del oscurantismo.

Politólogo y profesor universitario

 

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