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Jesús Alberto Castillo: El valor de formar ciudadanos

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Grandes pensadores se han esforzado por darle un papel primordial a la educación ciudadana. Aristóteles, Kant, Rousseau, Condorcet, Dewey y otros forman parte de esa maravillosa lista para abrir luces entre los miembros de una comunidad política con el fin de garantizar un clima de cordialidad y democracia, tan esenciales en el desarrollo de los pueblos.

En el contexto nuestro Simón Rodríguez es el mejor referente de una pedagogía ilustrada y revolucionaria en la formación de ciudadanos, fieles a los principios republicanos. En la vasta obra que escribió se interesó por tener hombres de luces, individuos con capacidad intelectual para apostar a la transformación de la realidad cotidiana, ciudadanos críticos que enfrenten conductas inmorales y despóticas para construir sociedades sanas y prósperas.

De acuerdo a este precursor de la educación popular el instruirse es lo mejor que puede hacer una persona para enfrentarse a la vida diaria. La formación es siempre útil y necesaria porque “la ignorancia es la causa de todos los males que el hombre se hace y hace a otros”. Es por ello que en “Luces y virtudes sociales”, publicada en 1948, advierte: “Escribamos para nuestros hijos (…). Pensemos en su suerte social (…), dejémosle luces en lugar de caudales, la ignorancia es más de temer que la pobreza”.

El maestro del Libertador Simón Bolívar va más allá. Arremete contra quienes pretenden descalificar a los intelectuales. Se rebela contra la mediocridad y enfatiza que las luces se adquieren con el esfuerzo y la experiencia. Ellas representan “la vía idónea para establecer la buena inteligencia y hacer que todos piensen”.

Estas ideas robinsonianas son claves para comprender que debemos hacer el esfuerzo en la Venezuela de hoy por impregnar de luces a la población y salga del oscurantismo. Solo así no seguirá siendo presa de demagogos de oficio. Un pueblo culto es esencial en la lucha por las libertades civiles, políticas, económicas, sociales y culturales. No se trata de conferir títulos académicos, como algunos de manera errónea suponen, sino de formar verdaderos ciudadanos que se involucren en los asuntos públicos, ejerzan sus derechos que tanto les ha costado históricamente y no rehúyan a su loable compromiso por recuperar las instituciones y la democracia.

En una sociedad tan compleja como la del siglo XXI es imprescindible que el modelo educativo redefina la formación en valores. Pues, el rescate de la democracia exige otros aprendizajes que trasciendan el formalismo académico.  Es indispensable impartir conocimientos para robustecer la participación ciudadana, la tolerancia, la alternabilidad, los derechos humanos, el medio ambiente natural y urbano, la defensa de la soberanía popular, la justicia social, la igualdad ante la ley, la inventiva, la solidaridad, la producción de riquezas, entre otros valores que nos brinden oportunidades y mejores condiciones de vida.

 

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