En una entrevista reciente en el programa conducido por Josimar Ampies; Las Voces de la Ciudad de Radio Fe y Alegría Noticias, el profesor David Gómez Gamboa, experto en Derechos Humanos y docente de la Escuela de Derechos de la Universidad del Zulia (LUZ), ofreció una radiografía crítica sobre la situación global y nacional de los derechos fundamentales, con especial énfasis en el dramático panorama de la educación universitaria en Venezuela.
El profesor Gómez inició la conversación alertando sobre un orden mundial en descomposición, donde existe una preocupación latente por el resurgimiento de tendencias autoritarias.
El tema de la situación de los Derechos Humanos en el planeta es muy complicado. Estamos frente a un orden mundial que prácticamente se está descomponiendo para quizá recomponerse y no sabemos con mucha certeza cuál va a ser el futuro de ese orden mundial.
En el contexto venezolano, el profesor destacó que los organismos internacionales han manifestado serias inquietudes, aunque sus voces a menudo son ignoradas. Órganos de Derechos Humanos han manifestado muchas preocupaciones y lamentablemente la voz de esos órganos internacionales, aun cuando tiene resonancia mundial, planetaria, no deja de ser de alguna manera escuchada por parte de los gobiernos en general.
Informes del Alto Comisionado de la ONU y la Misión de Determinación de Hechos (FFM), así como la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, señalan una situación de mucha preocupación en el país tanto en derechos civiles y políticos, como en económicos, sociales y culturales.
La asfixia presupuestaria
El mayor obstáculo para garantizar los derechos humanos dentro del ámbito universitario es, según Gómez, la crítica situación de desfinanciamiento de las instituciones públicas.
La situación de la universidad pública en Venezuela es compleja, es muy difícil, quizá el mayor problema que se enfrenta es la asfixia presupuestaria en general desde el estado a la universidad pública venezolana.
El presupuesto asignado, que constitucionalmente debe garantizar la gratuidad de la educación de pregrado, cubre apenas una fracción mínima de lo requerido (entre 1% y 5%), dejando un déficit superior al 90%.
Esta crisis impacta directamente las tres funciones esenciales de la universidad: docencia, investigación y extensión (trabajo comunitario).
El drama salarial del profesorado
El profesor Gómez ilustró la gravedad de la situación con un ejemplo personal y rotundo. Un profesor universitario, yo como profesor de la Universidad de Zulia devengo un salario mensual del equivalente a 1.5 dólares mensuales… la ida y la vuelta [a la universidad] resulta que me representa el salario mensual una vez que vaya, si voy en taxi quizá de ocho meses de sueldo, ir un día a clase.
Esta realidad obliga a muchos académicos a migrar o a mantener hasta tres o cuatro trabajos simultáneos para subsistir, una situación que el profesor califica de dramática y un sinónimo de pobreza extrema, ya que el salario ni siquiera permite cubrir las necesidades básicas de seguridad social, alimentación o acceso a servicios.
Lamentablemente estamos hablando de personas que ganan un dólar y medio al mes, entonces te imaginarás cómo es la situación de los derechos humanos en relación a la seguridad social, a la alimentación, a las medicinas…, indicó.
Héroes y heroínas: vocación y resiliencia universitaria
Pese al desolador panorama, el profesor Gómez enfatizó que la universidad sigue activa y produciendo resultados gracias al compromiso de su personal, a quienes considera héroes y heroínas.
Los resultados no son completamente negativos, o sea, a pesar de toda esta situación panorama durísimo resulta que la universidad está abierta, está activa, sigue produciendo… El trabajo se hace por la vocación y la voluntad ad honorem, pro bono.
La universidad se mantiene operativa por el trabajo extraordinario del profesorado, el personal y los estudiantes, quienes a menudo recurren a su propio bolsillo o a iniciativas creativas (colectas, rifas) para suplir las carencias institucionales.
La universidad como pilar de la democracia
Para el profesor Gómez, el rol de la universidad va más allá de la mera producción de conocimiento; es un motor fundamental para la salud política y social de la nación.
El papel de las universidades es clave para producir democracia, mucho más que conocimiento científico, tanto que decimos reiteradamente que sin universidades no hay democracia.
La libertad académica es el derecho humano central de la vida universitaria. Esta libertad garantiza que el docente, el estudiante y el investigador puedan producir y discutir conocimiento científico sin temor a represalias. Un país que persigue a sus universitarios y a la producción científica queda condenado al atraso.
Si en un aula de clases estamos profesores, estudiantes, entonces la idea es que esa aula de clases sea un espacio seguro para poder producir conocimiento científico.
La educación en Derechos Humanos: Un sueño transversal
Finalmente, el profesor Gómez destacó la importancia del 10 de diciembre de 1948, fecha de la proclamación de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, como un hito que debe ser siempre recordado. Hizo un llamado a la ciudadanía a conocer sus derechos:
Es importante conocerlo porque nadie puede defender los derechos que no conoce.
De cara al futuro, el profesor abogó por una enseñanza de los Derechos Humanos que sea transversal y práctica en todos los niveles educativos y en todas las carreras.
Yo me imagino la educación en derechos humanos como una educación que esté en todos los niveles de todas las carreras de las universidades, que tenga además un sentido de transversalidad… porque al fin de cuentas los derechos humanos no solo se estudian teóricamente, sino que se van practicando en el día a día.
Francisco Javier Fonseca González – Fe y Alegría Noticias

