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Eligio Damas: Carmencita

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A Carmen Marcano Millán, una entrañable colega, paisana y amiga, cumanesa, de los tiempos de correrías en el cerro Pan de Azúcar. Si Dios y el cielo existen, la volveré a encontrar. ¡Pocas como ella!

Los años se están cansando de ti. Se te están poniendo viejos y estas gastando la tabla. Los cuentas en un rosario gastado y tan largo que, uno no le ve la punta. Y ellos sufren, con nosotros, el peso de tu empeño de vivirlos uno tras otro y completicos, lo que es para nosotros un mal vivir. Atesoras, sumas y nos quitas.

El tiempo, uno muy lejano, con sus años que son bastantes, se introdujo, se acumuló en ella, quien por vanidosa y evasiva lo esconde. Se maquilla, con tanta habilidad y arte que, los años, en un santiamén, un empolvarse con sutileza, desaparecen, se borran de la cuenta. Su alegría e inteligente conducta, le sirve de pasaporte y caja para esconder el pasado y su secreto; la acumulación del tiempo y las telarañas.

Pasaste una larga vida en la docencia; como tus alumnos se hicieron ancianos y ya no te escuchaban, buscaste en la política tu persistencia. Cuando allí llegaste, todos sus habitantes envejecidos estaban y te sentiste fresca. Pero al poco tiempo, se volvieron menos que tú y te cansaste.

Angustiada, te refugiaste entre amigas lozanas,y las incitaste al juego y la liviandad. Esperabas como una resurrección. ¡Lo lograste!

Pero poco te duró la dicha. Tus chocheras de hoy, manías y delirios, sobrepasan los años, tantos que uno no puede contarlos.

¡Nos vengaremos!  Algo habrá que hacer. Y no será como la venganza de Montezuma.  Aunque sea una piedra jodedora en el zapato te pondremos o quizás una piña en el sobaco.

 

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