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Aglaia Berlutti: The Uprising de Paul Greengrass: La batalla por la esperanza es universal

 

La historia medieval vuelve a la pantalla con The Uprising de Paul Greengrass. cuya intensa, brillante y curiosamente universal trama explora en el drama de época desde lo atemporal. Por lo que esta cinta, que podría ser (o no) una versión sobre Robin Hood, explora el hambre, el miedo político y la rebelión contra la maldad desde un punto de vista universal.

La historia medieval vuelve a la pantalla con “The Uprising” de Paul Greengrass. cuya intensa, brillante y curiosamente universal trama explora en el drama de época desde lo atemporal. Por lo que esta cinta, que podría ser (o no) una versión sobre Robin Hood, explora el hambre, el miedo político y la rebelión contra la maldad desde un punto de vista universal. 

The Uprising de Paul Greengrass tiene una curiosa perspectiva sobre la Edad Media. En lugar de ser perspectiva genérica sobre una época a menudo relatada desde sus puntos más terroríficos (violencia, suciedad, muerte, brutalidad primitiva), es una reflexión sobre un momento histórico que se sostenía sobre la fortaleza de los pueblos. Dicho de este modo, la cinta podría parecer un drama ético, épico o, en cualquier caso, un trozo circunstancial de una metáfora sobre la lucha de clases. Pero Paul Greengrass, lo enfoca a partir de un punto de vista particular: la necesidad del colectivo de ser escuchado, comprendido y respetado.

Por lo que la premisa de The Uprising no es solo relatar una rebelión de masas, la exigencia de justicia o el dolor de la pobre. Elementos que, claro, están incluidos en el argumento. También es un reconocimiento que el deseo y el ansia por el reconocimiento de la integridad del pueblo masificado son exactamente iguales en cualquier época. Por lo que la acción se traslada a la Inglaterra de 1381, un momento que lleva su buena carga de tragedia a cuestas. La Peste Negra ha dejado pueblos vacíos, campos sin manos suficientes y una población que intenta reconstruir su existencia mientras las autoridades continúan cobrando como si nada hubiera ocurrido. El país está exhausto y, encima, sostiene una guerra costosa en Francia.

El resultado es una mezcla de ruina económica, resentimiento social y desconfianza hacia quienes toman decisiones desde lugares privilegiados. Por lo que Greengrass no está demasiado interesado en el drama de la época (que, sin embargo, muestra con una acertada ambientación), sino en una historia contemporánea escondida dentro de una crónica medieval. La peste cambia las reglas de la vida, pero quienes gobiernan intentan conservar las antiguas. Los trabajadores han perdido familiares, casas y compañeros; al mismo tiempo, las leyes pretenden impedir que aprovechen la escasez de mano de obra para mejorar sus salarios. La contradicción es explosiva.

También aparece el lolardismo, corriente religiosa que cuestiona la riqueza del clero y defiende una visión más igualitaria de la sociedad. Mientras tanto, Ricardo II ocupa el trono siendo todavía adolescente y permanece rodeado por hombres poderosos cuyo interés principal consiste en proteger el orden que los beneficia. Todo parece diseñado para producir una revuelta, por lo que The Uprising utiliza el contexto como combustible más que como lección académica. En realidad, es una reflexión exacta, precisa y brillante sobre la asimetría del poder como un mal humano tan antiguo como el mundo.

Dolor, belleza y fuerza en The Uprising

Una de las cosas más interesantes de The Uprising es la manera en que Greengrass toma decisiones para construir un entorno hostil sin parecer del tono ajeno, irreconocible o solo un trozo de decorado que debe cumplir con un objetivo. De modo que la Inglaterra que imagina es un país que ha sobrevivido a una catástrofe y descubre que sobrevivir no significa recuperar una vida digna. Así que la cinta deja claro que el desastre sanitario solo fue el comienzo; después llegaron las cuentas, las prohibiciones y la certeza de que las autoridades esperaban sacrificios sin ofrecer protección equivalente.

En medio de ese escenario devastado y en declive, la historia se enfoca en Ploughman (Andrew Garfield), un campesino que podría ser o no un héroe (la campaña de marketing llegó a insinuar que se trataba de una versión realista de Robin Hood, pero en realidad, no lo es), pero que para cuando comienza la trama, intenta sobrevivir. Ha perdido a su esposa y a sus hijos durante la peste, administra una tierra que apenas puede sostenerlo y observa cómo nuevas exigencias económicas convierten la supervivencia cotidiana en una carrera de obstáculos. Cuando llega otro impuesto dirigido a los trabajadores, la paciencia colectiva llega a un límite y Ploughman se convierte en el centro de una rebelión de masas que se crea a golpes de capas de descontento y sin otro motor que la furia de la injusticia.

De hecho, una de las cosas más interesantes de The Uprising es que su interés no es describir una rebelión basada en cientos de otras semejantes, sino en cómo el calor de necesidad de reivindicación estalla en cualquier época. Por lo que el personaje de Garfield se incorpora a una marcha hacia Londres junto a vecinos y compañeros que comparten la misma sensación de abandono. Su propósito inicial conserva una dosis casi ingenua de confianza: llegar hasta Ricardo II (Woody Norman), presentar las quejas y conseguir que el monarca escuche. Un objetivo infantil, porque queda claro que la distancia de clases hará imposible que el encuentro se concrete, no importa que tan justo sea su reclamo.

Pero The Uprising no es cínica, por lo que la multitud no avanza únicamente contra una estructura; avanza esperando que la máxima autoridad pueda corregirla. Por el camino, la revuelta crece y también se fragmenta. Wat Tyler (Cosmo Jarvis) emerge como uno de sus dirigentes históricos, mientras John Ball (Jamie Bell), sacerdote rebelde asociado al pensamiento lolardo, aporta una dimensión religiosa y política al levantamiento. Cada incorporación cambia ligeramente el equilibrio del grupo. Algunos buscan justicia, otros quieren transformaciones más profundas y otros simplemente han llegado al límite de lo soportable.

Pero The Uprising no intenta que esta muestra del odio al privilegio sea un mensaje ideológico de cualquier tipo camuflajeado bajo un trayecto largo y complicado hacia una Londres destartalada. Tampoco es la historia de origen de un héroe o la batalla que llegará a un desenlace épico. En realidad, la cinta es un cuento sobre por qué el mundo necesita líderes dispuestos a sacrificarlo todo para encontrar un sentido de la verdad en medio del desastre. Y aunque la película carece del impulso final para hacer que ese mensaje poderoso sea algo más que una justificación para la existencia misma de su trama, lo cierto es que The Uprising es tan crítica y relevante, como cualquier otra premisa social ambientada en nuestra época. Quizás su punto más interesante.

 

Emisora Costa del Sol 93.1 FM