El presidente Raúl Leoni le dejó a Rafael Caldera un saldo final de deuda externa de 202 millones de dólares al entregarle el poder en marzo de 1969 que calculado a la tasa de cambio fija de la época (4,50 bolívares por dólar), este monto representaba exactamente 909 millones de bolívares y este saldo estaba compuesto casi en su totalidad por créditos productivos de largo plazo otorgados por entes multilaterales como el Banco Mundial y el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) para el desarrollo de las industrias básicas de Guayana y la Central Hidroeléctrica de Gurí.
Durante el primer gobierno de Rafael Caldera (1969-1974), el manejo de la deuda externa se caracterizó por una estricta disciplina fiscal, un endeudamiento sumamente bajo y un control riguroso del gasto público. A diferencia de los periodos que le sucedieron-las llamadas eras del “boom” petrolero y de la “Venezuela Saudita”-, durante este quinquenio el país no dependió del crédito internacional para financiar su desarrollo.
Entre los principales investigadores y expertos que han documentado y estudiado este quinquenio se encuentran: Luis Xavier Grisanti, economista y experto en materia energética realizó un profundo análisis titulado “La gestión económica y energética del presidente Caldera I y II”. En su investigación, detalla cómo la economía creció a una tasa promedio del 5% interanual y cómo se alcanzó el récord histórico de producción petrolera en 1970 de 3,7 millones de barriles diarios
Al finalizar su mandato en 1974, la deuda total del país, sumando tanto el compromiso interno como el externo, se calculaba en apenas 7.100 millones de bolívares. Esta cantidad era ampliamente manejable y representaba una fracción menor si se compara con los ingresos estimados del Estado para 1974 de 42.000 millones de bolívares y el presupuesto nacional de ese año de15.000 millones de bolívares. La deuda externa neta apenas se situaba en los $1.300 millones de dólares, una de las más bajas de la región en proporción a la economía local
Al final del gobierno especialmente a partir de 1973, estalló la crisis energética global, lo que disparó el precio del barril de petróleo venezolano de $2 a más de $14 dólares, lo que generó un superávit fiscal histórico para el año 1973. Al contar con una enorme liquidez propia proveniente de la renta petrolera, el Estado venezolano no tuvo ninguna necesidad de recurrir a la banca multilateral o a créditos extranjeros para costear sus proyectos públicos.
Debido a la solidez de las reservas internacionales y la ausencia de presiones por servicios de deuda externa, el gobierno pudo realizar una revaluación del bolívar, el cual pasó de 4,50 a 4,30 bolívares por dólar, disminuyendo los costos de los pocos compromisos internacionales vigentes.
Al finalizar su primer mandato a principios de 1974, Rafael Caldera le dejó a Carlos Andrés Pérez una deuda externa pública muy baja y totalmente manejable, que se ubicaba en $1.541 millones de dólares, equivalente a cerca de 25.000 millones de bolívares de la época al sumar deuda interna y compromisos acumulados.
El manejo prudente de Caldera dejó las cuentas públicas saneadas. Al entregar el mando en 1974, su sucesor, Carlos Andrés Pérez, recibió un país con capacidad crediticia intacta y, fue a partir de ese siguiente período (1974–1979) cuando Venezuela comenzó un agresivo proceso de endeudamiento externo que devendría en las crisis financieras de los años 80.
Economista y profesor universitario.

