El Sr. Donald Trump ha cambiado el nombre al Lago Ontario por el de “Lago America”. Estados Unidos comparte cuatro lagos con Canadá: Ontario, Erie, Huron y Superior. Ya en aplicaciones como Google Earth aparece el Ontario con ese nombre y el impuesto por Trump entre paréntesis. Otro capricho del prepotente presidente que ha levantado revuelo y rechazo en el bilingüe país vecino.
Pero esa “gracia” es nada comparada con el daño que ha infligido a la nación venezolana al acordar con el régimen rodriguista la cesión de casi una cuarta parte de las reservas petroleras que yacen bajo el suelo que pisan los venezolanos, en una alianza que disfrazó de interés por luchar contra el narcotráfico. Por fin se ha quitado el lobo la piel de cordero, mostrando las verdaderas intenciones que motivaron el secuestro de la pareja Maduro-Flores.
El PSUV, por supuesto, respalda la alianza y la presenta como una vía para recuperar la industria, aunque sectores del chavismo disidente la califican de “entreguismo”. Y en la oposición tampoco existe una posición uniforme debido a que algunos cuestionan la transparencia del convenio y otros consideran necesaria la inversión extranjera, pero advierten que debe estar acompañada de instituciones democráticas y controles.
Como era de suponer, dada la subordinación a Mr. Trump de los siniestros hermanos, Delcy Rodríguez defendió el pasado sábado el acuerdo, asegurando que permitirá al Estado venezolano recibir más de doscientos mil millones de dólares en ingresos durante los 25 años de vigencia del convenio. Dados los precedentes, los venezolanos dudamos sobre el destino de esa cantidad, que serían unos 8 mil millones anuales. Es mucho el dinero desviado a cuentas secretas en bancos dispersos por todo el mundo, y el que la Sra. Rodríguez haya asegurado que Venezuela mantendrá la propiedad y soberanía sobre sus recursos, señalando que, con un precio de referencia de 65 dólares por barril, cerca de 19 dólares de cada barril producido ingresarían directamente al Estado, suena a “mamadera de gallo”, por no decir que es una grosera burla a los venezolanos.
Y en la maniobra ella no está sola: algunas personas evacúan sus escrúpulos en el WC, y en algunas familias hay varias personas que lo hacen o están de acuerdo con que uno de ellos lo haga, por lo cual, en cierta forma, también hacen llegar los suyos, vías colectores cloacales, a las plantas depuradoras de aguas negras. Lo malo es que esas instalaciones no los procesan: tarde o temprano sus escrúpulos, mezclados con heces, nos salpican a todos. En esas familias, que las hay en todas partes, es común la expresión “¿cuánto hay pa´eso?”; especialmente entre las clases altas de todas las ciudades las hay, donde ese “cuanto” se eleva a cifras de mucho dígitos en dólares o euros.
Una de esas personas ha sido actor importante en la maniobra: un connotado “Bolichico” (ya no tan chico) poseedor de 54 empresas establecidas en 16 países (según una ONG) con investigaciones abiertas en España, Suiza y otros países por delitos fiscales, obtención de jugosos contratos con el gobierno venezolano sin licitación alguna, es una pieza clave en las negociaciones entre los Rodríguez y Trump para facilitar la entrada de empresas petroleras a nuestro país. Las medidas cautelares adoptadas por países como Suiza (extradición, restricciones de viaje, etc.) fueron levantadas por intervención directa de Mr. Trump en su favor.
Parafraseando a Shakespeare: Algo podrido huele en Venezuela. Desde hace tiempo.

