En Venezuela no existen trabajadores si no esclavos. Así que esa división de empleados públicos y privados hay que acabarla o cuando menos matizarla. Comenzando porque lo establecido en los DD. HH. laborales no se cumple para nada. Y del mismo modo irrespetan sistemáticamente, continuamente, la Constitución y las leyes.
Más allá de los tecnicismos, de bríos que en nuestro país el trabajo es forzado. Porque: ¿Para dónde van a coger quienes no pueden irse del país? ¿Cómo renuncian a sus trabajos para hacer qué aquí? Entonces, muchos trabajadores cifran su futuro, pero no su presente, en la esperanza. Y algunos, especialmente médicos, maestros, profesores, bomberos, etc, con un alarde vocacional extraordinario que les seca la vida.
Basta un paneo por los sueldos para entenderlo. 130 bolívares el mínimo más bajo del mundo. Con la inflación más alta del mundo. Bonos que alcanzan para medio comer y transportarse y no más. Incremento de servicios permanentemente: electricidad y transporte a la cabeza. Impuestos que no cesan. Un Estado troglodita que, además, obliga a trabajar. Pienso en la universidad, desde luego, y sus empeños por la “presencialidad absoluta”. La canasta básica alimentaria se ubicaba en $758 en julio. Un profesor con el más alto escalafón, titular, llega a cobrar en bonos $240, más la miseria de su sueldo real, unos $2 o $3 dólares, al mes. O sea, a la familia del profesor, suponiendo que la esposa o el esposo sea titular del mismo rango, juntos, sus ingresos no le alcanzan para comer. ¿No es esto esclavitud moderna, trabajar por mendrugos de comida?
¿Y la gasolina, el internet, la ropa, el condominio, las reparaciones o el alquiler de la casa, la distracción para despejar la mente dónde queda? El profesor titular de una universidad pública en Venezuela percibe los mismos bonos que cualquier esclavo público, del rango que sea, en el trabajo en el que esté. ¿Alguna lógica? Pero el profesor sigue allí, aguantando, esperando. Porque es esclavitud por el trabajo forzado impuesto por el Estado. ¿A dónde va? Por eso miles huyeron del país. Por eso miles abandonaron las universidades, las escuelas y los hospitales. Por eso sobran cargos de todo tipo en las universidades y otras instituciones.
No es trabajo, es humillación como producto de la explotación laboral. Queda la renuncia en masa. Pero: ¿Eso soluciona la medio comida en la casa? No. La empresa privada se guía por los montos de la pública y sí, paga un poco mejor. Digamos que para comer les alcanza. $283 en promedio, y dan algunos bonos, algunos. Tampoco con dos miembros de la familia llegan a completar la canasta familiar del mes. Algunos representantes empresariales se han aferrado a la idea de que a las esclavos hay que exigirles que abandonen el solo pensamiento de las prestaciones sociales, para ver si ellos aceptan aumentar los sueldos en el país. El gobierno se aferra a la idea de que no hay recursos por el bloqueo. Los esclavos sobreviven con las migajas que sobran, mientras ven cifras de petróleo, gas, minas, tierras raras, que anuncian en Norteamérica.
La ONU debe poner su mira más adecuadamente en Venezuela, porque nos están explotando bárbaramente durante décadas. Porque la esclavitud moderna nos tiene entre las cifras del mundo que deben incrementar en esa institución global. Y los EE. UU. debe tener más clemencia con los esclavos explotados en Venezuela. El interinato con sus tutores debe girar la política económica, partiendo de un plan general que incluya el aumento de sueldos para salir de la sobrebivencia a una vida más digna. Por eso la OIT llama eso “trabajo decente”. Aquí no hay trabajo si no esclavitud. Las cosas por sus nombres. ¿Y decencia? Pues, mucho menos.

