A tres meses del colapso del puente sobre el río Turbio, en el sector Yacural-Santa Rosa, los habitantes de la zona y el Colegio de Ingenieros del estado Lara expresan preocupación ante la falta de avances visibles en la reconstrucción de esta infraestructura, considerada estratégica para la conexión entre Barquisimeto, Cabudare y los estados Barinas y Portuguesa.
Reconstrucción del puente de Yacural permanece paralizada a 90 días de del colapso.
El presidente del Colegio de Ingenieros de Lara, Julio Gutiérrez, aseguró que los trabajos fueron interrumpidos hace aproximadamente tres semanas, una situación que, según sus estimaciones, podría comprometer el plazo inicialmente previsto de entre seis y ocho meses para culminar la obra.
Mientras tanto, los vecinos enfrentan dificultades para movilizarse, especialmente quienes deben caminar hasta otros puntos para utilizar el transporte público y cruzar zonas de alta circulación vehicular.
Vecinos denuncian paralización de los trabajos
Rolando Azuaje, concejal del municipio Iribarren y habitante del sector, aseguró que la obra permanece prácticamente paralizada desde hace varias semanas.
Según su testimonio, las labores ejecutadas hasta ahora se han concentrado principalmente en la canalización del río. Las maquinarias fueron trasladadas al lugar y posteriormente retiradas, mientras una máquina permanece actualmente en el área sin realizar trabajos visibles.
La situación también ha generado dificultades para los peatones y usuarios del transporte público. Los vecinos deben atravesar la avenida para desplazarse y, en algunos casos, caminar hasta otros puntos para tomar una unidad.
El concejal alertó además sobre el riesgo que representa el tránsito vehicular para quienes deben desplazarse por la zona, debido a la velocidad con la que circulan los automóviles en el descenso de Santa Rosa.
Aquí hay abuelos, niños, advirtió al referirse a los riesgos que enfrentan los residentes.
Transporte y movilidad se complican para los habitantes
Rayluz Escalona, trabajadora del sector afectada, explicó que antes del colapso los habitantes podían caminar hasta la entrada de Yacural para abordar el transporte público. Ahora deben desplazarse hasta la redoma de Santa Rosa, lo que representa una dificultad adicional para quienes viven y trabajan en la zona.
La situación también afecta a los peatones, especialmente a los niños, debido a que los conductores no siempre ceden el paso. Además, destacó que el comercio ha perdido ventas ante las dificultades para acceder al sector, del mismo modo, el surtido de mercancías enfrenta una dificultad adicional.
Sobre la reconstrucción del puente, Escalona afirmó que ya no se observa actividad de maquinaria.
Antes escuchábamos los ruidos de que se están moviendo las maquinarias y ahora no se escucha nada, relató.
Los testimonios reflejan el impacto que la paralización de las obras tiene sobre la movilidad cotidiana de una comunidad que depende de esta conexión para trasladarse hacia otros sectores del área metropolitana.
Colegio de Ingenieros advierte sobre retraso en la reconstrucción
Para Julio Gutiérrez, la situación resulta especialmente preocupante porque desde el momento del colapso el gremio había advertido sobre la necesidad de actuar con rapidez.
El presidente del Colegio de Ingenieros de Lara recordó que el puente tenía más de 60 años de antigüedad y que requería una intervención adaptada a nuevas tecnologías, tanto en el tablero destinado al tránsito vehicular como en las aceras para peatones.
La infraestructura tenía tres canales, un ancho aproximado de 12 metros y una longitud estimada de entre 115 y 120 metros.
Gutiérrez explicó que, tomando como referencia los costos considerados para el proyecto, la reconstrucción podría representar una inversión de entre 5.500.000 de dólares, con un valor aproximado de 45.000 dólares por metro.
La paralización podría extender el plazo previsto
El ingeniero recordó que, después de la demolición y retiro de los escombros, estaba previsto avanzar con los estudios de suelo y otras obras preliminares antes de comenzar con la construcción propiamente dicha.
Entre esas primeras labores estuvo la canalización ejecutada en el área.
Sin embargo, Gutiérrez estima que ya transcurrieron aproximadamente tres semanas y media desde la interrupción de los trabajos, lo que tendría un impacto directo sobre el cronograma.
El proyecto contemplaba inicialmente una duración de entre seis y ocho meses. De mantenerse la paralización, el tiempo perdido deberá sumarse al período establecido para la ejecución de la obra, siempre que los trabajos se retomen y puedan avanzar conforme al proyecto.
Carmenmilagro Aulino – El Impulso

