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Eligio Damas: El PSUV, burocratizado y fosilizado por la cooptación y el 3 de enero de 2026

 

Alguna gente, entre ella nombres construidos por la publicidad y un estilo de hacer política hiriente y adulante, se queja como que, el 3 de enero, se produjo un fenómeno extraño, emergido de la nada, sin antecedentes y por lo que ellos, los de los lamentos, no tuviesen responsabilidad alguna. Por ejemplo, no hay alusión al diagnóstico, nadie opina sobre el permanente discurso. Parecieran dar todo eso por acertado o de ningún interés para entender lo acontecido. Entre principio y fin, para ellos, pareciera no haber vínculo alguno. De eso, todo pudiera haber.

Otra se mueve entre dudas existenciales acerca del PSUV. Pareciera, muchos creen que esa organización, murió el 3 de enero o días después. Como que, si la impronta de Trump, que no halló respuesta de ese supuesto “partido revolucionario”, lo mató, como hizo con varios soldados o lo secuestró igual que a Maduro. Otros, los menos pesimistas, lo suponen atrapado por sorpresa, como a muchos soldados que no pudieron reaccionar ante el ataque. Pero el PSUV, meses después de lo acontecido, sigue sin responder como debió hacerlo. Y no lo hace porque no tiene vida, lo mataron; desde hace tiempo lo congelaron y fundieron en el aparato estatal, pues sus supuestos dirigentes son miembros del mismo y la militancia se le dio de baja; esta, solo tiene como derecho y función “acudir a las urnas”. Por eso, quienes protestan y pegan berrinches, no hallan quienes escuchen sus “dramáticos” lamentos de ahora. ¿Por qué no lo hicieron antes?

Esa falsa militancia, sólo era llamada a votar, sin saber por quién, cada vez en menor cantidad y nivel. En eso, es como los demás partidos, o grupos electorales que se ofrecen como alternativas, por lo que no habría nada que censurarle, es una cultura extendida y aposentada. En un lado u otro, pese sean partidos aparentemente contrapuestos, como agua y aceite, se hace lo mismo; lo tuyo, lo mío es votar y cerrar la boca.  El presidente de la república es presidente del partido, su vicepresidente, ministro, los gobernadores y alcaldes jefes del mismo en su área, con sus respectivos funcionarios haciendo tareas de gobierno que confunden con el interés del partido. Mientras la militancia sólo observa y espera el día de las elecciones.

Cuando se hizo público el documento estatutario del PSUV, proceso que se desarrolló en medio de una turbulencia que distanció a otros partidos, aquellos que formaban parte de “El Polo Patriótico”, el frente que apoyaba al gobierno de Chávez, en cuyo interior se privilegió la idea de un solo partido, me causó cierto estupor lo de la “cooptación”, tanto como lo de intentar enterrar a los otros partidos. Esa norma faculta, a la dirigencia, a escoger sus componentes, en caso de alguna ausencia o necesidad. Pues fue estampado ese proceder, sin ningún condicionamiento como, por ejemplo, el hacerlo operativo de manera emergente y por tiempo limitado, mientras se cumplía el proceder pertinente de la escogencia por la militancia de base. Lo vi como una amenaza contra la democratización y en favor del vanguardismo y lo autocrático. Un lanzazo contra lo “participativo y protagónico”. Más sabiendo que, en el seno del PSUV, abundaba mucha gente aún obsesionada con la concepción del vanguardismo. Y en efecto, ella la cooptación terminó siendo la fórmula normalmente aplicada. Una manera mediante la cual los grupos se reparten el control y mantienen el equilibrio, pero entre ellos.

De la misma manera, me desagradó al máximo, aquel organismo tan elogiado por Chávez, llamada UBCH, cuya estructura y funcionamiento, ponía fin a la militancia de base, a las patrullas, aquellas que antes, habían reducido y liquidado a los batallones, cuando su coexistencia era pertinente y hasta necesaria. Podía haber batallones, patrullas y hasta células, algo que llamo Comité de base. Fue demasiado obvio que, la cúpula dirigente, comenzó a percibir a batallones y luego patrullas, como estructuras que molestaban, pues daban origen a muchos reclamos e ideas contrapuestas. Se plantearon como emergente separar, aislar la militancia, para minimizar los reclamos y su fuerza.  Los primeros en incomodarse fueron los agentes del estado, viendo en  batallones y patrullas, estructuras molestosas por sus reclamos, serios, pertinentes exigencias y hasta denuncia de malos procederes en esos niveles. Es decir, aquella conducta pertinente, valedera y necesaria, se volvió una molestia para quienes manejaban el aparato del estado nacional, regional y municipal.

En cambio, la UBCH, que también desapareció, era una estructura puramente vanguardista, sin base militante y destinada casi exclusivamente a tareas de carácter electoral. Recuerdo haber sido escogido a dedo para formar parte de una de ellas, como secretario encargado de lo cultural, mal llamado ideológico, pero sin base alguna organizada para hacer ese trabajo, pues la estructura partidista llegaba hasta allí, la UBCH, un grupo destinado a labores electorales en un reducido espacio. Por cierto, esa UBCH, no sé si por casualidad o fue una práctica extendida, era “administrada” por una funcionaria importante del Concejo Municipal de Barcelona.

En Barcelona, supongo que en el resto del país sucedió igual, en los espacios ajenos al trabajo electoral, cuando alguno de esos eventos era muy lejano, las UBCH entraban en receso y entonces, desde una oficina, ubicada en el Estadio de fútbol de la avenida intercomunal, un vocero desconocido, se encargaba de llamarle a uno por vía telefónica, para indicarle donde debía estar presente para alguna marcha. En eso consistía la militancia, hasta tanto llegase un nuevo proceso electoral, que era cuando la UBCH se activaba. Esta era la forma de operar el partido estando Chávez vivo.

Por eso, ya cansado, una vez, la última que me llamaron, le dije a quién me habló -en cada oportunidad era uno diferente, hasta en el sexo – lo siguiente, “dígale a quien le instruyó para esa tarea que, de mi parte, se vaya mucho al carajo y que me borre de su lista”. Más nunca me volvieron a llamar y quedé al margen, no de la militancia, pues esta terminó antes, con la eliminación de las patrullas y creación de las UBCH, pues me dejaron por fuera.

La cooptación, una manera discreta o simulada de hablar de autoritarismo, se convirtió en regla dentro del PSUV. Pues aquellas elecciones de base para escoger a las autoridades del partido en diferentes niveles y hasta los candidatos a los cargos del Estado, como concejales, alcaldes, gobernadores y diputados a los diferentes cuerpos legislativos del Estado, sin sutileza alguna, fueron declaradas infuncionales. Para la vanguardia se volvieron esclerotizadas, propias de una concepción de partido, militancia y derechos de vieja usanza. A diputados regionales y nacionales, inherentes al Estado donde resido. no se les conoce, yo no sabría nombrar uno de ellos. La única calificación que puede darles es esa, no sé quiénes son y menos lo que hacen.

Pero con ella, esa decisión y práctica, cerraron o dieron muerte al partido y a aquello que Chávez, al principio llamó lo participativo y protagónico, con tanto afán que, hasta está encriptado en la constitución bolivariana.

Es de muy vieja data aquel reclamo de no permitir que alguien fuese dirigente del partido y jefe de gobierno a cualquier nivel, Chávez mismo lo exigió y reclamo, como que él, terminó desdiciéndose de aquello. Nunca olvido, lo repito cuantas veces sea necesario, como Chávez, un domingo, en “Aló Presidente”, se largó un extenso discurso sobre ese asunto. Para él, nadie debía ser dirigente del partido y gobernante, pero al siguiente, el lunes, nombró a Rafael Ramírez, vicepresidente del partido PSUV para oriente siendo Presidente de PDVSA y Ministro de Energía.

La gente común, la antes militante y los cuadros medios de entonces, quedaron fuera del partido; este se volvió un feudo de burócratas al servicio del Estado que cerró todo resquicio de comunicación de abajo arriba y particularmente al discrepante. Murió el mensaje, intercambio de ideas en manos de la orden impositiva. O mejor, desapareció el partido y, los organismos del Estado, pudieron actuar con toda libertad, con sólo cumplir lo demandado por la jefatura. Más allá de ellos, estaba la multitud definida para aceptar todo lo que arriba se decidiese y acudir a votar. Si alguna elección interna se hacía, sus resultados no eran determinantes, sino se les asume como una especie de encuesta para orientar el proceder de los de arriba.

Entonces la cooptación sustituyó en el PSUV al derecho a participar y decidir de la militancia. O para mejor decirlo, la militancia que implica muchas cosas, como votar, opinar, ejercer derechos, tomar iniciativas y servir de conexión entre la multitud y las autoridades superiores, fue eliminada. El PSUV dejó de ser lo que intentó desde los tiempos del MVR y se volvió una máquina y, como tal, burocrática y demoledora, donde discrepar se hizo un delito, pecado y motivo para marginar a quienes se negaran a la alienación.

Sin militancia de base, crítica, creadora y vigilante, con derechos, no hay partido, menos enérgico, ágil y propio para reaccionar ante cualquier contingencia. Entonces, ante la pregunta, ¿por qué el PSUV no reaccionó el 3 de enero de este 2026, como lo hicieron el MVR y el Polo Patriótico, el 11 de abril del 2002 cuando el golpe de “Pipino El Breve” o Carmona Estanga? Pues porque el PSUV, en verdad no existe, se fundió en el aparato estatal. Esta tragedia, como pretenden algunos, no emergió o se engendró días antes o después del 3 de enero. ¡No! Viene de mucho tiempo atrás. Es el resultado de una concepción vanguardista que se impuso y por la que hay muchos más responsables de lo que se cree y dice.

Y al analizar ese desenlace, veremos como las cúpulas, el vanguardismo oxidado, la idea que los cambios son inherentes a los dioses y no “al público de galería”, son ingredientes que oxidaron y paralizaron todo. Por eso, pese lo trascendente y retumbante del 3 de enero, la multitud, el partido sin militancia, con pura dirigencia cooptada y fundida en el aparato estatal, se quedaron fuera de juego y viendo desde las gradas, sin salir del pesado adormecimiento.

Si no tomamos en cuenta eso que he comentado, como otras tantas cosas, no tendremos una explicación racional de porqué la militancia de base, el 3 de enero y después también, no reaccionó. Y lo primero es que, tal militancia no existe; es un supuesto. Lo que hay es una cada vez menor cantidad de votantes.

Para mí, desde el inicio, asocié la cooptación a una cara. Pero el que a ella se asocia, envolvió a un montón, que ahora protestan habiendo sido cómplices.

 

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