pancarta sol

Jesús Puerta: La esperanza en la caja de Pandora

 

Ahora que los mitos griegos se pusieron de moda con la película “Odisea”, recuerdo el de Pandora a propósito de las esperanzas, expectativas y desesperanzas de nosotros, los venezolanos. Ya los lectores saben el cuento: Pandora fue la primera mujer, creada por Hefestos, el dios herrero, por encargo de Zeus, quien deseaba castigar a los hombres por haber tomado el fuego de manos del titán Prometeo, quien tuvo que sufrir el suplicio por desobedecer al Rey de los dioses. Ocurre que Pandora fue engalanada con dones que la hacían irresistible a los hombres, pero tenía cierta inquietud fatal. Tuvo la oportunidad de tener en sus manos una jarra o caja, cuya tapa levantó por pura curiosidad. Resulta que allí estaban todas las calamidades y males, desastres, pestes, guerras, que, desde entonces, harían sufrir lo indecible a toda la Humanidad. El detalle es que, en el fondo del recipiente, quedó una lucecita: la Esperanza.

La interpretación cristiana del mito griego es que, después de todos los males y sufrimientos, siempre queda la esperanza, porque es lo último que se pierde, como dice el dicho popular. El cristianismo hizo algo más: elevó la esperanza a una virtud teologal, consoladora universal que equilibra las calamidades, porque se supone que Dios es todopoderoso y bueno y, al final, el dará su gracia, aunque la duda de Epicuro queda vigente: por qué si es bueno, ha hecho existir el Mal; por qué si es todopoderoso, no lo elimina, sino que más bien le da tanta fuerza.

Nietzsche me parece más fiel al significado original, al sentimiento trágico griego antiguo, pues propone la siguiente interpretación: la Esperanza estaba en el recipiente de Pandora porque es el peor de los males, ya que prolonga el tormento del hombre, alimenta el dolor de la futura decepción y carcome la templanza necesaria. El héroe de la Ilíada o la Odisea no luchaba impulsado por esperanzas; combatía aceptando la dureza de los dioses, el destino impuesto por la Moira y la justicia inflexible de la Diké. En todo caso, desafiando los designios divinos, con una arrogancia (hubris) que, para colmo, también era castigada por los dioses, como lo hicieron con Odiseo.

Hoy, el pueblo venezolano ya no sabe qué hacer con la esperanza. Su piel está dura como la concha de un morrocoy, ante la cotidianidad de las desgracias, de las privaciones, dolores, incomodidades, frustraciones y el golpes secos de la realidad. Ya disponemos de una especie de sentido trágico, casi griego. Las esperanzas construidas a partir de ciertos hechos políticos, se estrellan continuamente contra la dura roca de la realidad. La decisión de atar el destino político nacional a agendas de potencias extranjeras, producto de una vergonzosa capitulación, una odiosa traición o una expectativa igualmente frustrada, mantiene la soberanía en un limbo impreciso, mientras el control real de las riquezas estratégicas se redistribuye a espaldas del país.

Arrancaron unas conversaciones, entre dos factores que se reconocen, cada uno a su manera, como enviados del gobierno norteamericano. El déficit de legitimidad y representatividad es evidente. Un politólogo amigo dice que esos contactos no tienen legitimidad de origen, pero podrían legitimarse por sus resultados, que no son otra cosa que pasos hacia la reconstrucción de una democracia opuesta en todo y por todo de esta dictadura que hemos sufrido, cual suplicio de los dioses, durante muchas décadas. La señora Machado apeló a la metodología de Jesucristo ante los falsos profetas: por sus frutos los conoceréis. Estamos en eso.

Las conversaciones han llegado hasta ahora a los siguientes acuerdos. Primero, el uso del oro retenido en Inglaterra, para responder por la destrucción del terremoto, aunque la tutela norteamericana determinó que la administración real quede en sus manos. También acordaron la renovación del Comité de Postulaciones Judiciales y un cambio completo de los miembros del Tribunal Supremo de Justicia, además de reformar leyes y renovar todo el sistema judicial. Esto está bien. No lo niego. El TSJ en manos del Partido que se propuso como único desde 2006, bombardeó la Constitución hasta volverla trizas desde, por lo menos, 2015, cuando anuló todo el Poder Legislativo, justo la Asamblea Nacional que dice representar una delegación de partidos de oposición, un grupo de políticos que hasta ahora ha vivido financiado por los recursos retenidos como sanción a un gobierno ilegítimo. Otra noticia importante fue la excarcelación, que no liberación plena, de unos 130 presos políticos, según el gobierno, de unos 80, según las ONGs defensoras de los derechos humanos. El asunto es que la exigencia es la liberación Plena De Todos.

Hay que decir que esto no colma la exigencia de un cambio democrático urgente, ni satisface la expectativa de una transición conducida por la voluntad popular expresada el 28 de julio. Hace poco tres altos jerarcas de la Iglesia Católica, los cardenales Baltazar Porras, Diego Padrón y el obispo Ramón Ovidio Pérez Morales, llamaron a los que conversan a escuchar las necesidades del pueblo, incorporar las instituciones y toras voces a las conversaciones para darles más representatividad, la inmediata liberación de todos los presos políticos y la inmediata publicación de un cronograma electoral. Hasta ahora, lo único que sostiene un poquito de expectativas son los anuncios de la señora Figuera, que anunció para diciembre un nuevo CNE que se encargará de las elecciones, frases de Marco Rubio que señalan que será cuestión de meses los comicios y las presiones de sectores de los Partidos Demócrata y Republicano en EEUU en el sentido de acelerar la “vuelta a la democracia”, viable con las elecciones

En el plano social, la brecha entre la esperanza y el día a día, se profundiza. Todos enfrentamos un colapso cotidiano reflejado en racionamientos eléctricos de seis horas que en zonas como San Blas, en Valencia, e incontables regiones del interior, se extienden a 22 o más de 24 horas continuas. La expectativa de que corporaciones transnacionales como General Electric resuelvan la crisis energética viene acompañada del temor justificado a tarifas impagables para una ciudadanía empobrecida. A esto se le suma el debate sobre una deuda pública astronómica que, como han señalado diversos economistas, fue contraída en gran medida por la corrupción y no debe ser cargada a espaldas del pueblo.

Una nota pintoresca es la de algunos “influencers”, cuadros y hasta intelectuales del chavismo moribundo, quienes acaban de descubrir que hay dictadura, que hay racionamientos eléctricos, bonos de hambre, salud y educación por el suelo y, válgame dios, capitulación y subordinación ante el denostado imperialismo, y traición. Quién sabe si descubran extasiados que ha habido miles de presos políticos, muchos torturados y varios muertos por la Dictadura. Fuenmayor acaba de pedir pruebas. Qué pena con ese señor.

Algunos opinadores llaman a tener paciencia. Que no todo se logrará de una. Que no seamos “extremistas”, curioso uso del adjetivo, que, por cierto, todavía puede acarrear prisión, sobre todo cuando se le aplica a los que se hacen expresión del sentimiento popular. Ok, está bien, pero armémonos de una “paciente impaciencia”, título de un libro de un comandante sandinista, Tomás Borge, de limpia trayectoria, de cuando dirigía junto a otros ocho dirigente una revolución democrática, hasta que se le ocurrió, antes de morir en el exilio, cometer la brutalidad o la estupidez de apoyar a Daniel Ortega.

La sabiduría griega está vigente: la esperanza es una calamidad cuando no se pueden esperar milagros, ni alimentar expectativas. Hay que cultivar la templanza de los héroes griegos, de Odiseo, de Aquiles. Dar la pelea. Emprender el viaje. Es momento de retomar aquella vieja consigna del siglo pasado, desechar las ilusiones y asumir la lucha por la democracia, la dignidad y la soberanía popular como un compromiso político y ético ineludible para las presentes y futuras generaciones.

 

Emisora Costa del Sol 93.1 FM