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Carlos Ñáñez: Edith Stein, un testimonio viviente de la fe en medio del horror

 

Dios no se muda, sólo Dios basta. Santa Teresa.

Edith Stein pasaría a la historia de la hagiografía cristiana católica como un caso singular de solidez en la creencia de nuestra fe como la convicción del triunfo de la verdad sobre las más adversas y crueles condiciones recreadas por el ser humano, de origen judío mostró una aguda inteligencia desde niña, lo cual la condujo a asumir el estudio de la filosofía con la vehemencia de quien busca la verdad como razón del ser. Una destacada filosofa diplomada con reputación entre los círculos religiosos, situación que la llevaría a convertirse en la asistente del prestigioso filosofo Edmund Husserl, defensor de la fenomenología y el imperio de la conciencia en los actos de la vida cotidiana.

De una agudeza profunda, en los terrenos de la filosofía Stein, no profesaba ninguna religión de hecho se autodefinía como atea, sin embargo, sentía un vacío existencial muy complejo de lograr ser explicado por el imperio de la razón auxiliada por la conciencia filosófica, así como fenomenológica, expresada por su maestro Husserl ese vacío fue rellanado cuando Edith, se encontró con la biografía de Santa Teresa de Ávila, libro al cual devoró en una noche, al terminar de cerrar el texto. Edith la filósofa, atea, la asistente der Husserl, no logró encontrar la epojé que le permitiera ver al mundo a través de otro cristal que no fuese el de la fe.

Se hizo bautizar como cristiana católica, sin embargo sintiendo la necesidad del llamado de la fe, hacia la entrega de su vida al servicio del otro hecho que la llevó a abrazar los hábitos de la orden de las carmelitas descalzas, asumiendo en nombre de Teresa Benedicta de la Cruz. Entre las paredes del convento, en sus oraciones, faenas de la Casa, contemplación, siguió aferrada a su necesidad filosófica de vincular filosofía y religión, razón y fe, mientras en estas elevaciones del espíritu se lograba la edificación de una comprensión de la espiritualidad y la razón, en el mundo externo se producía el ascenso del mal, el nacional socialismo dejó de ser una chispa, para volverse una realidad ígnea, que devoraría a toda Europa y la defenestraría a una horrida guerra.

Edith Stein, ahora Teresa Benedicta de la Cruz, tenía contactos aún entre los círculos intelectuales, sabiendo del riesgo eminente de su arresto se fue a la ciudad de Echt ubicada en Limburgo, países bajos. Allí solo se retrasó su destino trágico, en agosto de 1942, la Gestapo, el engendro represor creado por Göring, la detuvo a ella y a su hermana sanguínea, quien también llevaba los hábitos. Ambas conducidas hacia el infierno de Auschwitz, en medio del terror, la ahora Teresa Benedicta de Jesús, se volvió hacia su hermana y le expreso. “Vamos por nuestro pueblo” (Bauer Chikiar, I, 2024). La templanza ante la desgracia no es solamente fe, es estoicismo puro, aceptación de la voluntad divina, su llegada al campo de exterminio de Auschwitz puede ser comparada con la presencia de una Santa en el infierno, sometida junto a sus hermanas a tratos inhumanos, a la presencia de la maldad absoluta, la hicieron abrazar con más fuerza la cruz de Cristo y la palma del martirio.

En Auschwitz, llegó su final en las cámaras de gas, hecho que no quebrantó su espíritu, moría una Santa, de origen judío y una filósofa, Auschwitz define la negación de la humanidad, demuestra que la posmodernidad relativa, adolece de bases firmes, ante los hechos absolutos del mal, entre sus alambradas los demonios del nazismo, cometieron toda suerte de maldades, sin embargo de sus entrañas retorcidas surgieron posturas como la de santa Teresa Benedicta de la Cruz, Maximiliano Kolbe, Viktor Frankl, esto ratifica el mensaje de san Juan Pablo II a los Jóvenes de Chile en 1985. “Dios siempre puede más” (Wojtyla, K 1987), entre la herrumbre del mal la verdad prevalece, el nacismo pasó a la historia como un error inenarrable, una página vergonzosa para Alemania.

Finalmente, en estos tiempos de hostilidades, de persecuciones y de horror, sigamos el ejemplo del temple de Santa Teresa Benedicta de la Cruz ( Edith Strein), pongamos la fe en Dios, la perversión no es eterna, bajo ninguna forma prevalece, mantengamos siempre la dignidad clara, la propiedad del discurso, así como la templanza ante el a6taque del mal, no es compatible la cobardía con la perversión, necesario es la denuncia, la búsqueda de la verdad cueste lo que cueste, para que así tenga sentido la jaculatoria de la Santa de Ávila. “Nada te turbe, nada te espante”. Nosotros tenemos a Dios y nada nos faltará. Que la presencia de Dios, la intersección de la santísima y bienaventurada Virgen María y el valor del espíritu santo, sean la constante en momentos de oscuridad, injusticia y tiranía.

Referencias:

Bauer Chikiar, Irene Edith Stein Judía, Filósofa y Santa, Taurus Madrid 2024.

Wojtyla, K Discurso a los jóvenes de Chile, Santiago de Chile Librerías Vaticanas.

Economista yprofesor de planta y escalafón de la Universidad de Carabobo, en la Escuela de Economía. Jefe del Departamento de Teoría Económica. Profesor de Filosofía en el Seminario Mayor San Pablo Apóstol. Maturín, estado MonagasX: @carlosnnaezr Instagram: @nanezc

 

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