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María Elena Lavaud: ¡Indulten a María Lourdes Afiuni!

 

¡Habrase visto! Es que no sé por dónde comenzar, doctora Afiuni. ¡Te debemos tanto! El país, las instituciones, el planeta entero te debe tanto… Lo primero es justicia, ley que se aplique de verdad, y luego unas enormes disculpas, porque lo que han hecho contigo es la representación más acabada del mal, de la saña, de la venganza despiadada y cruel. Hoy, después de que te han robado 16 años de tu vida, sigues siendo presa de todos los que callan y de los que no hacen nada.

No soy abogada, pero he conversado con varios y me dicen que tu caso está tan viciado que la ruta más corta para acabar con esta atrocidad es un indulto presidencial; no solo porque el sistema de justicia está como ya sabemos, sino porque seguir los procedimientos regulares llevaría años y tú no mereces estar así ni un solo día más.

No sé de dónde has podido sacar la fortaleza para soportar tanto y seguir entera, como te hemos visto. En silencio, porque hasta hablar te puede salir caro, pero estoica. Aunque por dentro debes haber estallado en mil pedazos más de una vez. Como cuando te molieron a golpes en la cárcel o cuando te violaron y te desgarraron hasta la historia, la dignidad y el alma o cuando te quitaron la posibilidad de ver crecer a tus nietos. Es que hasta el derecho a vivir, el amor más puro te han expropiado.

¡Qué vergüenza que no pase nada! Que estés atascada, que no existas, porque para colmo no puedes ni tener una cédula, un pasaporte o vender lo que te dé la gana porque es tuyo. ¡Qué impotencia ver también tu muerte civil! como dice tu hermano.

¡Qué terrorífico que hasta hayan tenido que inventar un delito para seguirte condenando! ¡Corrupción espiritual! Quiere decir que ¡sigues presa por un supuesto metafísico! Porque la corrupción espiritual, un concepto etéreo que supone la impureza del espíritu, el alma o la dimensión interior de un ser humano, ¡no existe como delito tipificado en ninguna legislación! Corrupción espiritual cometieron quienes te condenaron y quienes no terminan de soltarte, ¡Bendito sea Dios! ¡¿Qué mundo detritus es este?!

Hace 16 años te usaron como escarmiento para todos los jueces que siquiera consideraran dictar decisiones justas, como hiciste tú al otorgarle libertad condicional a un banquero que llevaba años preso sin juicio, apegándote, además, a una recomendación del grupo de trabajo sobre detenciones arbitrarias de Naciones Unidas. Te detuvieron enseguida sin una orden judicial y te condenaron sin pruebas, a ti, una profesional que llegó a su cargo por concurso, por méritos propios. Con eso crearon el modelo ejemplarizante, el efecto Afiuni, para que todo juez que se atreviera a ser independiente, como debe ser, se mirara en tu espejo.

El galáctico nunca te lo perdonó. Te convertiste en el objeto de su ira, de su complejo de no ser suficiente, ese que alimentaba con potencia su resentimiento asqueroso, ruin y daba forma a una destreza insólita para ejercer la maldad; un pase de factura con su vida misma, llena de complejos. Y cobró. Cobró muy caro, sin escrúpulos ni vergüenza, pidiendo que te dieran la pena máxima en cadena de radio y televisión, “a nombre de la dignidad de un país”. Fue todo tan retorcido.

Desde enero de este año, tras la captura de Nicolás Maduro, Venezuela está en un territorio de transformación donde no hay recetas previas y donde tu caso se ha convertido en una papa caliente con la que nadie se quiere quemar. Nadie parece saber cómo ponerle fin. De nada han valido la medida de protección que emitió la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, el pronunciamiento de la Conferencia Episcopal de Venezuela, de Human Rights Watch, del Departamento de Estado de los Estados Unidos, del Colegio de Abogados de Inglaterra y Gales, el comunicado de la Federación Latinoamericana de Magistrados o de las asociaciones de jueces españoles, el informe de la Red Latinoamericana de Jueces o el del Comité Consultivo de Jueces europeos o el del Instituto de Derechos Humanos de la Asociación Internacional de Abogados, que además publicó el cronograma de abusos sistemáticos en tu contra.

Es que hasta Noam Chomsky, escudo ideológico de la revolución, publicó una carta abierta pidiendo tu liberación, no una, sino dos veces. Por si fuera poco, en 2023, la Asociación Alemana de Jueces, que te otorgó el premio de derechos humanos DRB, lo hizo poniendo el foco en “la oscuridad de la injusticia”. Y yo quiero que sepas que los venezolanos decentes y sensatos te reconocemos, te admiramos, te valoramos y te pedimos mil veces perdón; a ti y a toda tu familia, que también fue condenada a la indignidad.

Ha sido tan absurdo todo, tan bizarro, tan escandaloso. ¿Cómo haces para que no te duela hasta el aire que respiras? ¿De qué te aferras? ¿Cómo se perdona todo esto?

Supongo que te encomiendas al de allá arriba. No se me ocurre otra cosa. Yo sé que te tiene reservada para algo grande, algo muy especial.

En el nombre de Dios, que así sea… Y pronto.

Siempre luz.

Mira aquí el cronograma de abusos contra la juez Afiuni, publicado por el International Bar Association.

@Lalavaud

 

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