La historia de la humanidad está plagada de relatos de traición y mentiras. Una de las traiciones más célebres se relaciona con la vida de nuestro Señor Jesucristo, quien fue vendido por unas pocas monedas. Estas historias terribles han dejado huellas profundas en nuestra sociedad, y en Venezuela no somos ajenos a esta conducta humana tan detestable.
Recientemente, María Corina Machado y Edmundo González emitieron un comunicado público en el que aclaran su posición respecto a los alcances, mecanismos y objetivos de una nueva ronda de negociaciones que se anunciará el 1 de agosto. ¿Por qué han sentido la necesidad de precisar su postura ante la inminente negociación?
El primer motivo es claro: representantes de al menos dos partidos firmantes de los acuerdos de Panamá no están honrando ni respetando los compromisos que asumieron. En el ámbito sindical, se utiliza el término esquiroles para referirse a aquellos que, en las luchas reivindicativas de los trabajadores, actúan en contra de los intereses colectivos, alineándose con la opinión o posición del patrón. Este concepto se convierte en un símbolo de traición, un incumplimiento de la palabra dada y un acto que favorece intereses particulares sobre el bienestar de la ciudadanía.
En este contexto, parece que Leopoldo López y Julio Borges, al incumplir con la palabra empeñada en Panamá, inauguran una nueva categoría política: la de los *esquiroles de la Unidad*. Ya hemos enfrentado a los alacranes, y ahora hay quienes parecen jugar el papel de romper los acuerdos establecidos. La verdad, aunque incómoda, es que la conducta de la cúpula de Primero Justicia (PJ) y Voluntad Popular (VP), al aceptar una negociación en la que María Corina no tiene participación, es contraria a lo que se había acordado.
Estamos llamados a estar atentos a esta situación y desafiar la manipulación y la mentira con la verdad. La lucha por la justicia y la transparencia es nuestra responsabilidad. Esperemos y veremos, pero lo cierto es que parece un juego de esquiroles. Que el tiempo y las acciones desmientan esta opinión; hay quienes se empeñan en cavar sus propias tumbas.

