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Janneth Jiménez: No todos los gobernantes dejan obras. Algunos dejan una forma de gobernar

 

Aquí y Ahora, Venezuela

Hay noticias que trascienden el hecho informativo y nos obligan a detenernos para reflexionar. La partida física del doctor Ovidio González, ocurrida este 27 de julio de 2026 a los 95 años de edad, es una de ellas. Con su fallecimiento se despide el primer gobernador del estado Anzoátegui elegido por voto popular tras la entrada en vigencia de la descentralización en Venezuela, pero también se marcha un hombre cuya historia estuvo marcada por la medicina, el humanismo y el servicio público.

El doctor Ovidio González nunca fue únicamente un político. Antes de ocupar la Gobernación fue médico gineco-obstetra, egresado de la Universidad de Los Andes, presidente del Colegio de Médicos del estado Anzoátegui y uno de los impulsores del Centro Médico de Especialidades de Lechería. Para él, la vocación de servir no terminaba en el consultorio; se extendía a la gestión pública con la convicción de que gobernar también era cuidar la vida de la gente.

En 1989 hizo historia al convertirse en el primer gobernador electo democráticamente por los anzoatiguenses. Más tarde fue reelegido con un lema que aún hoy conserva vigencia: “Primero es la gente”. No era una simple consigna de campaña; representaba una manera de entender el poder, colocando al ciudadano en el centro de las decisiones.

Su administración impulsó proyectos importantes para el desarrollo regional y fortaleció instituciones que todavía forman parte de la memoria colectiva del estado. Incluso los momentos más difíciles de su carrera terminaron dejando una enseñanza para la democracia venezolana. Su destitución en 1994 derivó posteriormente en reformas legales que evitaron que futuros gobernadores pudieran ser removidos arbitrariamente por mayorías circunstanciales, y un tribunal concluyó que no se encontraron irregularidades en su gestión. Su historia terminó fortaleciendo la institucionalidad del país.

Hoy, cuando Venezuela atraviesa tiempos complejos y la ciudadanía reclama respuestas más que discursos, la figura del doctor Ovidio González invita inevitablemente a una comparación. No para idealizar el pasado ni para afirmar que todo tiempo anterior fue mejor, sino para recordar que existieron dirigentes cuya principal carta de presentación fueron las obras, la planificación, la cercanía con la gente y la capacidad de administrar con visión de futuro.

Hace falta volver a hablar de gerencia pública. Hace falta rescatar el valor de la palabra empeñada, del funcionario que entiende que el poder no es un privilegio sino una responsabilidad. Gobernar no debería significar únicamente administrar recursos; debería significar construir oportunidades, fortalecer instituciones y sembrar esperanza.

Los pueblos conservan en su memoria a quienes hicieron del servicio una forma de vida. Por eso, más allá de cualquier diferencia política, el legado del doctor Ovidio González merece ser recordado por las nuevas generaciones. Porque una sociedad que olvida a sus buenos servidores públicos también corre el riesgo de olvidar qué significa gobernar con honestidad, sensibilidad y compromiso.

Hoy Anzoátegui despide a uno de sus protagonistas más importantes. Venezuela despide a un médico, a un humanista y a un hombre que entendió que la política debía estar al servicio del ciudadano.

Y quizás esa sea la reflexión que más necesitamos en estos tiempos: los pueblos no solo lloran a quienes se marchan; también extrañan el ejemplo que dejan. Ojalá la memoria del doctor Ovidio González no quede únicamente en los libros de historia, sino que inspire a quienes hoy ejercen responsabilidades públicas.

Porque, al final, no todos los gobernantes dejan obras. Los mejores dejan una forma de gobernar.

 

Emisora Costa del Sol 93.1 FM